← Volver
El Mundo ·

La gran batalla del tripartidismo: el 29-N se juega en 15 provincias clave

Resumen

Si la foto fija de las encuestas se materializa en las urnas, España avanzará hacia un escenario como el de 2016, con tres formaciones por encima de la cota de 70 diputados, pero con una aritmética de gobernabilidad radicalmente distinta a la de entonces. Más propia, ahora, de un plebiscito impugnatorio que del turnismo pacífico de antañazo. Todos los sondeos, incluidos los que manejan en privado los dos grandes partidos, apuntan a una victoria arrolladora del bloque de la derecha, o sea el de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. A ese desenlace le dan todos los sociólogos una probabilidad superior al 90%.

Todo vuelve, menos el bipartidismo. Si la foto fija de las encuestas se materializa en las urnas, España avanzará hacia un escenario como el de 2016, con tres formaciones por encima de la cota de 70 diputados, pero con una aritmética de gobernabilidad radicalmente distinta a la de entonces. Más propia, ahora, de un plebiscito impugnatorio que del turnismo pacífico de antañazo. Que no volverá. No habrá paz para los templados. Todos los sondeos, incluidos los que manejan en privado los dos grandes partidos, apuntan a una victoria arrolladora del bloque de la derecha, o sea el de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. A ese desenlace le dan todos los sociólogos una probabilidad superior al 90%. Pero aún queda una gran incógnita (doble) por despejar: qué resultado sacarán el PSOE y Vox, en comparación con el del PP. Es decir, cuán cerca se quedarán los socialistas de su rival -o incluso si lo sobrepasan, como ventean ya algunos en Ferraz-, y cuál será la correlación de fuerzas entre los populares y su socio ultra. Ahora más que nunca, el PP y el PSOE emiten en frecuencias electorales diametralmente opuestas, pero hay una cosa en la que coinciden: Génova y Ferraz tienen dos encuestas internas que detectan justo 15 provincias en liza. Es decir, 15 circunscripciones -casi una de cada tres- en las que hay escaños en juego. Y en 10 de ellas están involucrados, precisamente, el PP y el PSOE. A veces entre sí (Valladolid, Cantabria, La Rioja, Madrid, Lleida y Baleares) y otras, en pugna con Vox (Ávila, Huesca o Sevilla). El PP, según sus propios cálculos, tiene muchas papeletas de sumar diputados en siete provincias (Toledo, Cádiz, Teruel, Valencia, Cuenca, Alicante y Barcelona) y puede perder uno de los que las encuestas le asignan ahora mismo en otras siete: La Rioja, Santa Cruz de Tenerife, Valladolid, Cantabria, Madrid, Las Palmas de Gran Canaria y Ávila. Todo depende de la campaña, por tanto, y de cómo se vayan reconfigurando los sondeos, porque ésa es una previsión que se basa en la tendencia actual. Es decir, en un escenario en el que PP y Vox sumarían hasta 203 diputados. En la cocina sociológica del PSOE, por ejemplo, reestiman esa cifra y creen que la derecha se sitúa en torno a los 185-190 escaños. Una mayoría clara, pero no asoladora, y a costa de un resultado del PP menor que el de 2023. «En las provincias medianas, Sumar necesita superar el 11% o el 12% como listón de entrada medio para conseguir un escaño. Todo lo que sea bajar de ahí supone desamortizar o no dar rentabilidad a miles y miles de votos», alertan en la sala de máquinas del PSOE. «El Frente Amplio, por mucho que lo intente, va a estar en un porcentaje menor que Sumar en 2023, y aunque tenga casi los mismos votos, va a perder muchos escaños al no llegar a ese listón, mientras que Vox lo supera siempre», añaden. Según las encuestas internas que maneja Pedro Sánchez, el PSOE tiene «un plus» para lograr nuevos escaños en las provincias que reparten cinco, seis, siete e incluso ocho diputados. «En esas provincias, cuando se corrija la sobreestimación del PP, los escaños de Sumar se los llevarán o el PSOE o Vox», agregan las fuentes. Otra clave fundamental es el caudal que consiga Vox. Si supera los 70 escaños y saca claramente más de la mitad que el PP, Feijóo tendrá menos autonomía para la «reconstrucción nacional». Si, por el contrario, la derecha reactiva la lógica del utilitarismo frente a Pedro Sánchez, el golpe al presidente del Gobierno será doble: quedará lejos del PP y no podrá enarbolar -con la misma convicción, al menos- la bandera de la «emergencia antifascista». Los populares representan claramente el eje de la campaña electoral, pero eso, paradójicamente, puede perjudicarles un poco, ya que los deja emparedados en medio de una fuerte tensión polarizante. Feijóo es el favorito y, por tanto, el que fija el consabido «marco» de las expectativas. Si queda peor que en 2023 y Vox duplica resultado, la formación de Abascal se pondrá en el disparadero del sorpasso en 2030. Eso es lo que está en juego, más que si suman o no para llegar a Moncloa.