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ABC ·

Una cruz de tronco de naranjo amargo

Resumen

Un Cristo muerto detrás del naranjo, un palio cian en la cima del mundo, un llanto blanco del cítrico amargo, un antifaz apuntando a las pléyades, un cirio verde apagado... En esta azulidad abstracta y breve, sin azucenas de bronce en la torre, esmeraldas ... del pecho florecidas, va la muerte en la cruz y en la memoria. Juan de Mesa ha tallado el Gran Poder con la gubia del duende misterioso.

Un Cristo muerto detrás del naranjo, un palio cian en la cima del mundo, un llanto blanco del cítrico amargo, un antifaz apuntando a las pléyades, un cirio verde apagado... Sevilla. En esta azulidad abstracta y breve, sin azucenas de bronce en la torre, esmeraldas ... del pecho florecidas, va la muerte en la cruz y en la memoria. Juan de Mesa ha tallado el Gran Poder con la gubia del duende misterioso. La muralla ha mordido a la serpiente que envuelve su corona envenenada, dentellada de almenas al Señor cuando pasa en su mudez por el Alcázar. El silencio da miedo en las esquinas de la calle del ruan y del esparto. Y a unos metros se rompen las cornetas en el mar de merino y terciopelo. Paradojas inmensas y fugaces. Hay quien dice que tiene la Esperanza una cara de ida desolada y otra cara de vuelta sonrisueña, penitencia nocturna y friolenta , romería con la llama del alba. Y en ese desconcierto sensorial, la anarquía de olores y conceptos destroza el reglamento de la fe: no es posible escapar del Sentenciado. Esta noche tan larga de vivencias, tan corta y tan estrecha de ambiciones, es un sueño de túnicas moradas. Cuando Cristo salga atado del Huerto con el beso de Judas Iscariote señalando la muerte en su mejilla, cuando llegue a las manos de Pilato y la banda se empape de 'Amarguras' con la flauta susurrando en el manto, cuando caiga con la cruz de la Virgen en la calle sin salida del sol y la cara del Cisquero se azore sobre el texto mendaz de la Sentencia, cuando el río traiga sal hasta el puente y le cure las llagas de la espalda, rezad por vosotros más que por Él. Rezad lo que sepáis, que Él os escucha. Esta noche la luna es un oído. Ha abierto el 'Auditorio Parasceve'.Esta noche de muerte en cualquier parte, de cruces enclavadas en la infamia de sátrapas que muerden la naranja amarga y hosca de las casas blancas, iré a buscar los clavos al arcón y haré una basta cruz de penitente. La cruz del Hombre, no la de los hombros. La del principio, no la del final. La cruz en la que empieza la clemencia. La cruz de eternidad, la inacabable, no aquella que presentan los demonios allí donde la sangre es cotidiana. Hace falta limpiarle a las escarpias que atraviesan las carnes de Jesús el moho equidistante del ultraje. Esta noche infinita de la muerte, la noche de la lanza de Longinos , la lenta Madrugada del Calvario, irán calladamente los cortejos al hueso de la Salve de María. La misa de la Cena del Señor despoja los altares de abulencias. Lavatorio de pies, Eucaristía. Traslado al Monumento y oración. Liturgia de la palabra y el duelo. Oficios de tinieblas, vía crucis. El rito del silencio ha de cumplirse debajo del canasto de Pasión, Martínez Montañés en su zancada camino del sepulcro de la Vida. Mañana en la alborada de este Viernes, con esta cruz de tronco de naranjo que cargo sobre el sur de mi esperanza, iré a ver si el jipío del Cachorro, que va en la cruz trazando con su cuerpo la 'y' copulativa que nos une, anuncia ya la paz entre nosotros.