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El Mundo ·

La Jungla de Calais, en Ceuta

Resumen

Sánchez no ha invertido su tiempo en responder al "ataque a la integridad territorial" que sufrió España a finales de julio sino a desviar la atención y ocultar, tras su primera y grandilocuente aproximación, la magnitud de los hechos y, sobre todo, su trasfondo: la debilidad de España frente a Marruecos; o más concretamente, la inferioridad, acatamiento y obsequiosidad de Sánchez en su relación con Mohamed VI. En seguida mostró sus carencias cuando su plan argumental y de acción se limitó, después de apuntar a las mafias -que no interfirieron esta vez-, a trasladar a la opinión pública que gracias a Marruecos contendría una segunda oleada. Todos los esfuerzos de Sánchez y sus chamanes sin escrúpulos se han centrado en vano en montar narrativas alternativas y distracciones. El 1 de agosto el desgobierno de Sánchez y Yolanda Díaz adujo que "no teníamos información".

Sánchez no ha invertido su tiempo en responder al "ataque a la integridad territorial" que sufrió España a finales de julio sino a desviar la atención y ocultar, tras su primera y grandilocuente aproximación, la magnitud de los hechos y, sobre todo, su trasfondo: la debilidad de España frente a Marruecos; o más concretamente, la inferioridad, acatamiento y obsequiosidad de Sánchez en su relación con Mohamed VI. En seguida mostró sus carencias cuando su plan argumental y de acción se limitó, después de apuntar a las mafias -que no interfirieron esta vez-, a trasladar a la opinión pública que gracias a Marruecos contendría una segunda oleada. Todos los esfuerzos de Sánchez y sus chamanes sin escrúpulos se han centrado en vano en montar narrativas alternativas y distracciones. El 1 de agosto el desgobierno de Sánchez y Yolanda Díaz adujo que "no teníamos información". O sea, que nuestros servicios secretos son la T.I.A. El desgobierno asumió que no podía estar en dos tareas a la vez: "El Gobierno, volcado en la extinción de los incendios no atendió las señales de alerta". Como si Robles y Marlaska estuvieran manguera en mano. Si bien, dos días después cesó en su cargo la responsable de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional por informar de la llegada de, entonces se dijo, 40.000 personas a Ceuta. El aparato de producción de ficciones de La Moncloa diseñó en paralelo un segundo guion ese mismo día 1. Tampoco cuajó. Trató de convencernos de que el retorno de magrebíes y subsaharianos normalizaba la situación en Ceuta. Por supuesto, subrayó que al regreso contribuían las autoridades marroquíes. "Nos vamos", titulaban los publirreportajes oficiales, con testimonios del desengaño. "Ceuta recobra una calma incierta", se publicitaba. El enfoque narrativo sensibilizador se superpuso y combinó con el enérgico: Meloni trató de defender las fronteras europeas ante la incapacidad de Sánchez y éste se irguió sobre la grieta para confrontar con la derecha europea y nutrir a sus feligreses. Como las estremecedoras imágenes y crónicas desmentían el spot difundido sobre la incierta normalidad, se pasó a tratar el asunto del traslado de inmigrantes a la Península. Tan espinoso, que el desgobierno trató sentimentalmente de poner el foco en las niñas vulnerables. Que urgiera no significa que aportara una respuesta a lo ocurrido. Es más, que urgiera ponía de relieve que el problema era mucho más grave de lo que la actitud y respuesta de Sánchez mostraban. El quinto intento de giro narrativo revela cierta desesperación. Sánchez recurrió a los bulos, considerados sujetos y actores políticos: "Propiciaron las mareas humanas". A partir del 11 de agosto se produjo el desparrame: Estados Unidos, Israel, internacional reaccionaria... hasta llegar a Rusia gracias a que Alemania denunció que Putin estaba detrás del ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig. Siempre reverenciales y al servicio de la disposición de narrativas oficialistas, a cargo del erario, Ignacio Molina y Pau Mari Klose publicaron, señalaron y establecieron, pretendidamente sesudos, equidistantes, solemnes y moralizantes, el orden de responsabilidades de lo acaecido: primero el PP, luego Vox y, en mitad del pasquín: "El Gobierno español tampoco sale bien parado de esta sinfonía del desatino. Es cierto que mantuvo la calma y evitó agravar el episodio (...) Su gestión confirma el valor de la templanza y el diálogo". Por último, a mitad de agosto, antes de los recientes recursos a Rusia y al 'lawfare', Sánchez regresó a su servidumbre particular: convencernos de que Marruecos desplegaba fuerzas para colaborar con España. Marlaska le reprocha a la juez que no le entregase la información que él previamente no solicitó. Hace exactamente 10 años saltó a las portadas el "infame" campamento de Nord-Pas de Calais, la jungla de Calais, se le llamó. Sánchez lo instala ahora en el puerto de Ceuta.