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El renacido

Resumen

Con Rice y Zubimendi, dos de los mejores medios del mundo, delante. Con un DNI que servía de único argumento para que algunos (de dentro y fuera) no quisieran que su bella historia con el Atlético continuara, con el fin del mundo acechando con la baja de su heredero Barrios. Con todo, llegó la Resurrección de Koke, el eterno capitán que ante el Arsenal volvió a demostrar que si Griezmann dejara un agujero difícil de cubrir el suyo todavía será mayor. Porque su recital ante los ingleses va de números (el que más balones recuperó, con 9, el segundo que más pases dio, con 70).

Con Rice y Zubimendi, dos de los mejores medios del mundo, delante. Con un DNI que servía de único argumento para que algunos (de dentro y fuera) no quisieran que su bella historia con el Atlético continuara, con el fin del mundo acechando con la baja de su heredero Barrios. Con todo, llegó la Resurrección de Koke, el eterno capitán que ante el Arsenal volvió a demostrar que si Griezmann dejara un agujero difícil de cubrir el suyo todavía será mayor. Porque su recital ante los ingleses va de números (el que más balones recuperó, con 9, el segundo que más pases dio, con 70). Pero también de sacrificio, de entrega y de contagio. Porque él fue el encargado de apretar en muchas ocasiones la salida del balón inglesa. Porque él, pese a las piernas castigadas, sujetó al equipo junto a Cardoso y unos rivales más fuertes físicamente. Porque Koke ha vuelto o quizá nunca se fue. Ni cuando antepuso el grupo para entender que perdía la titularidad la temporada pasada. O cuando aceptó una renovación a la baja por seguir agrandando su leyenda de jugador con las partidos con la rojiblanca. O cuando recibe en la caseta a todos y cada uno de los nuevos, que siempre señalan su nombre como clave en la adaptación a un equipo tan grande como este Atlético. Además de todas estas variables, claves en un equipo de élite, está el verde. Y en el verde pocos están al nivel de Koke. Lo demostró ante el Arsenal en unas semifinales de Champions. Lo hizo también con 120 minutos de perfección en el ejercicio de manejar en la final de Copa. Acabó llorando sobre el verde pero prometiéndose que quedaba otra oportunidad: ganar la Champions. Y es que La Liga de Campeones es una obsesión. Lo dice la canción pero lo dice el alma de este equipo. El único que estaba sobre el verde en las finales de Lisboa y Milán, el único que levantaría el torneo (aunque por su amistad y al ser su despedida igual le deja un asa a Griezmann como Gabi hizo con Torres en la final de la Europa League de 2018) si el Atlético hace cumbre en Budapest el próximo 30 de mayo. Para llegar ahí, El Emirates. Otra prueba más para quién sabe lo que es conquistar Londres en 2014. Entonces era uno más de un grupo que soñaba, ahora es el gran capitán y el líder de una caseta que no se entendería sin su presencia. Como tampoco a un Atlético que juega a lo que quiere Koke, el mismo al que querían retirar. Para valorar el rendimiento sostenido que está teniendo Koke esta temporada sólo hay que ver que el del Arsenal fue su partido 50 de la temporada. Un curso, que parecía podía ser el último, en el que ya supera los 3.000 minutos. Un ejemplo, uno más, de la indudable Resurreción de Koke, el gran capitán. Cuando acabe el curso, si se llega a la final el 30 de mayo, será el momento de hablar de la renovación del 6. En el Atlético insisten que será lo que él quiera, que se lo ha ganado como leyenda indiscutible de un equipo que, a día de hoy, no se puede entender sin su presencia.