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El Mundo ·

Borges susurra a Zapatero que resista

Resumen

La posible y probable influencia de Zapatero en el rescate de Plus Ultra es el asunto que le concierne y la fechoría más lacerante que se le imputa, vinculada además a la ignominia de erigirse en benefactor y canciller de la tiranía venezolana; las joyas constituyen el más peliagudo. Los embusteros compulsivos desarrollan un tic recurrente, como los cómicos: su sobreactuación es un subrayado. Zapatero hace gala de un prolongado carraspeo y de un abuso de onomatopeyas que aumentan la gravedad de su tono, una pose de desgarro, pasmo y estupefacción que este jueves forzó efervescente, hasta el delirio y la parodia, en la tele de Sánchez. Zapatero recurrió siempre a dos artes para dotarse de credibilidad: su liberalidad y su solemnidad.

La posible y probable influencia de Zapatero en el rescate de Plus Ultra es el asunto que le concierne y la fechoría más lacerante que se le imputa, vinculada además a la ignominia de erigirse en benefactor y canciller de la tiranía venezolana; las joyas constituyen el más peliagudo. Los embusteros compulsivos desarrollan un tic recurrente, como los cómicos: su sobreactuación es un subrayado. Zapatero hace gala de un prolongado carraspeo y de un abuso de onomatopeyas que aumentan la gravedad de su tono, una pose de desgarro, pasmo y estupefacción que este jueves forzó efervescente, hasta el delirio y la parodia, en la tele de Sánchez. Zapatero recurrió siempre a dos artes para dotarse de credibilidad: su liberalidad y su solemnidad. Todavía las explota. Se mostró comprensivo con Julio Martínez. El falsario ensaya y usa gestos y contracciones para evitar vacíos y contradicciones. Recurrió a Borges para defender su delicada circunstancia: los cargos y su calvario son la «materia prima» para su redención y su posterior leyenda. El mañanero de Sánchez no le planteó tesituras ni hechos incontestables, ni rebatió las constantes negativas del impostor. Las preguntas eran de carácter general, parecían quirúrgicas y agudas, pero sólo por la cadencia de voz y el achinamiento de sus ojos; eran vaporosas y fútiles: «Señor Zapatero, ¿delinquió?». Así todo el rato. Sobre las joyas, Zapatero declaró que es «una historia sin intención ni afán patrimonial; sin uso ni destino». Su despreocupación contrasta con la negativa inicial de su venerada Gertrudis Alcázar a abrir la caja fuerte. Mutis del mañanero. Zapatero lo negó todo con comedido y cortés enfurecimiento: «No, no y no». Ni creó sociedades offshore, ni ejerció influencias políticas, ni conseguía clientes a Análisis Relevante, ni medió con la Sepi ni con nadie del Gobierno, ni defraudó a Hacienda... Defendió su trabajo y el de sus hijas. Al final advino el contenido desparrame sentimental: el periodista orgánico susurró acerca de sus hijas y Zapatero simuló flaquear por un momento, pero enseguida recuperó la sonrisa para evocar que 26 años atrás alcanzó la secretaría general del PSOE. Engrandeció su defensa: clímax. Aseguró que el partido no le ha dejado de lado. Su defensa es la del partido, trasladó subliminal en el apogeo de su interpretación. Zapatero no quiere fisuras en el PSOE; Sánchez no se las puede permitir. Pero las hay. Zapatero es el hilo todavía invisible que conecta con La Moncloa y con el destino de Sánchez.