El olé ronco de la curva de La Monumental entre abanicos, cerveza y cochinillo vip: "Pasan los coches muy cerquita de la valla"
ResumenUna banda tocaba en el área vip de La MonumentalLa mujer de verde, de Izal, media hora antes de arrancar la carrera. Tema acorde con el color mayoritario de la grada, vestida con prendas de Aston Martin, la escudería de Fernando Alonso. Cuando apareció en la pantalla gigante el asturiano, se llevó la mayor ovación, sólo unos decibelios por encima de la recibida por Carlos Sainz, el piloto de casa y embajador de la cita. Uno de los éxitos de esta primera edición de la carrera madrileña es haber llenado sus gradas a pesar del pobre momento deportivo de los dos referentes locales.
Una banda tocaba en el área vip de La MonumentalLa mujer de verde, de Izal, media hora antes de arrancar la carrera. Tema acorde con el color mayoritario de la grada, vestida con prendas de Aston Martin, la escudería de Fernando Alonso. Cuando apareció en la pantalla gigante el asturiano, se llevó la mayor ovación, sólo unos decibelios por encima de la recibida por Carlos Sainz, el piloto de casa y embajador de la cita. Uno de los éxitos de esta primera edición de la carrera madrileña es haber llenado sus gradas a pesar del pobre momento deportivo de los dos referentes locales. De ahí el mérito de Madring, porque el boom de Montmeló, a principios de los 2000, y, sobre todo, la aparición de aquella carrera en el muelle de Valencia fue a rebufo de la alonsomanía, con el entonces campeón de Renault ganando carreras y peleando por el Mundial. Ahora ambos penan por la parte baja de la tabla, una circunstancia que poco importaba este domingo a mediodía a los miles de seguidores, muchos españoles, que llenaban la curva que ya se ha convertido en bandera del flamante circuito de Ifema. Catering de altura En La Monumental se mezclaba el público afortunado con pulsera vip, ubicado en zonas como La Azotea o el Mirador, donde no faltaba el césped artificial, la sombrita, los mojitos y hasta el mejor cochinillo patrio (el que hace Mario Sandoval en Coque), con espectadores de grada, algunos con techo y otros al sol. «Pega, pega, pero podría ser peor», decía Julia y su chico, desde Sevilla a ver las carreras. La feria de norias, puestos de merchandising y cervecerías se iba vaciando camino de las tres de la tarde, mientras el dúo Las Mestizas, djs españolas con aires flamencos, amenizaba con una sesión de última hora. De cuero negro de arriba abajo las dos, aguantaron el tipo con fiera compostura. Con el himno, La Monumental se puso en pie y así se quedó a la espera de esa primera pasada de la manada de monoplazas, tras abrirse el semáforo. El rugido fue bronco, de olé severo de Las Ventas, cuando irrumpieron los coches en esa curva inclinada y ciega que este año los pilotos afrontaron con respeto. Fuu, fuu, fuu... cortaban el viento como balas los Hamilton y compañía mientras el público giraba la cabeza a toda velocidad, en partido de tenis loco. «Mola, pero no acierto una foto en condiciones», suspiraba un chaval con la zamarra verde de Aston Martin. 450 euros había pagado y parecía contento con la experiencia, aunque echaba de menos más barras para pedir bebida. Muchos, la mayoría, descubrían por primera vez una carrera de Fórmula 1, sorprendidos por el estruendo de los motores y buscando la crema solar. Hamilton, a su paso por La Monumental.EM La gente apuró al último minuto para llenar las gradas, esperando a la sombra en un enjambre de invitados, extranjeros con abanico y algún despistado, que también los había. «75 euros la gorra de Alonso, joer», se quejaba un chico de los precios de la ropa oficial en los puestos de la zona festival, donde la noria era la atracción estrella. «¿Pasan cerquita, no?», preguntaba una señora con gorra de Sainz, al asomarse a la valla de La Monumental. Quisieron los organizadores apurar la distancia entre las gradas y el asfalto para aumentar la sensación del espectador, al que con poco le caían las virutas de goma en el refresco. Con cada latigazo de los monoplazas, las gradas soltaban un suspiro en el inicio de la prueba. Después el ambiente se fue templando, con la sombra de las traseras de las tribunas también solicitadas. España, México... y Argentina La pantalla era buena opción cuando las vueltas(y el sofoco) iban cayendo. Además de los apoyos a Sainz y Alonso, el argentino Franco Colapinto se llevaba también un buen número de banderas albicelestes y pancartas con su nombre. Las enseñas mexicanas no se quedaban atrás. «Yo a la mayoría de los pilotos no les conozco, pero nos hacía ilusión venir a una carrera de Fórmula 1, tan cerquita de casa», comentaba Sara, mamá de dos pequeños con cascos para mitigar el ruido. No le faltaba el paraguas rojo y el polo de Ferrari. Decenas de espectadores, en fila para entrar a las gradas en la zona de La Monumental.Barbancho «El miércoles parecía imposible que aquí hubiera una carrera», confesaban desde el Ayuntamiento ayer un rato antes de comenzar la prueba, valorando el sprint final que en Ifema pegaron para que la nota de esta primera carrera en Madring termine siendo un notable alto. Los gestores del Mundial, también interesados en que la nueva parada brille, felicitaron a los promotores de Ifema, así como los responsables de las escuderías, donde los mecánicos y la tropa de logística no suele regalar claveles a los destinos de estreno, siempre con mucho que mejorar. Madring también tiene deberes, pero el debut ha sido mucho más de lo esperado por todos. A media carrera, algunos en la Monumental empezaron a desfilar hacia el Metro con una promesa: «Volveremos».