¿Se está convirtiendo Estados Unidos en una gerontocracia?
ResumenSi hablas con los jóvenes de cualquier país rico, escucharás quejas muy similares. La vivienda «no es asequible para nada», afirma Elijah Edwards, un estudiante universitario de 20 años de Washington DC, y añade que los precios «se están disparando y parece que nada [consigue ... Los jóvenes quieren vivir cerca de donde están los buenos trabajos, pero a los promotores les resulta tan difícil construir que legiones de veinteañeros se ven obligados a vivir, frustrados, en los sótanos de sus padres. ¿Los culpables podrían ser… las personas mayores?«Basta con acudir a cualquier reunión de la comisión de urbanismo para apreciar claramente la brecha generacional», afirma Joh Gehlbach, organizador de YIMBY en Virginia.
Si hablas con los jóvenes de cualquier país rico, escucharás quejas muy similares. La vivienda «no es asequible para nada», afirma Elijah Edwards, un estudiante universitario de 20 años de Washington DC, y añade que los precios «se están disparando y parece que nada [consigue ... que] bajen». Los jóvenes quieren vivir cerca de donde están los buenos trabajos, pero a los promotores les resulta tan difícil construir que legiones de veinteañeros se ven obligados a vivir, frustrados, en los sótanos de sus padres. ¿Los culpables podrían ser… las personas mayores?«Basta con acudir a cualquier reunión de la comisión de urbanismo para apreciar claramente la brecha generacional», afirma Joh Gehlbach, organizador de YIMBY en Virginia. Los NIMBY con canas se oponen a cualquier nueva construcción que pueda estropearles las vistas o complicarles un poco el aparcamiento. Los jóvenes, por lo general, ni siquiera asisten. «Si hay una audiencia pública un martes a las cuatro de la tarde, a un jubilado le resulta un poco más fácil [llegar allí] que, ya sabes, a un profesional de 35 años que tiene un hijo en casa».Estados Unidos está gobernado por los mayores, sostiene Samuel Moyn, profesor de Yale, en «Gerontocracy in America». No se trata solo de que Donald Trump tenga 80 años o de que su predecesor abandonara el cargo a los 82 con un deterioro evidente: Moyn describe una sociedad que privilegia a los mayores, bloquea a los jóvenes y «está más centrada en la conservación que en la renovación».the_economist_0770Una edad media de 52 añosIncluso los políticos más jóvenes deben plegarse a los electores de más edad, que tienen mucha más propensión a votar que los jóvenes. La edad mediana del electorado estadounidense es de 52 años, pero más significativo aún es que la mediana de edad de quienes votan en las elecciones primarias —que eligen aproximadamente el 90 % de los escaños de la Cámara de Representantes que no es posible que acaben en el haber del otro partido— asciende a 65 años. «Cuanto más aburridas son unas elecciones», más envejecido suele ser el electorado, señala Moyn. Como decía un personaje de Parks and Recreation, «las personas mayores son, básicamente, las únicas que votan en las municipales, así que, si quieres ganar, tienes que conseguir su voto».En todo el mundo desarrollado, los políticos tienden a favorecer los intereses de los mayores frente a los de los jóvenes, lo cual, desde Brasil hasta Francia, hace de la reforma de los sistemas de pensiones una tarea endiabladamente difícil —en Estados Unidos, cualquier dirigente que lo intente acabará retratado en anuncios a modo de ataque, en los que se le verá empujando a una abuela por un precipicio—.Los mayores tienen menos en juego de cara al futuro y, por ello, prefieren impuestos más bajos antes que buenas escuelas o inversiones en infraestructuras, sostiene Moyn. A menudo tampoco les preocupa el vertiginoso aumento de la deuda pública, ya que la carga de devolverla recaerá sobre otras personas. En 2016, Trump interrumpió apenas cinco minutos después de empezar una sesión informativa sobre cómo la trayectoria fiscal de Estados Unidos acabaría desembocando en una crisis; se encogió de hombros y dijo: «Sí, pero para entonces yo ya me habré ido». Trump ha incrementado la deuda nacional más que ningún otro presidente de la historia.Trump ha incrementado la deuda nacional más que ningún otro presidente de la historiaEn política exterior, las encuestas muestran que los jóvenes consideran que el asunto más importante es uno de muy largo plazo, el cambio climático; a los mayores, en cambio, les preocupa el terrorismo. Estados Unidos cuenta ahora con un gobierno que considera el cambio climático un engaño y habla constantemente de «terrorismo», llegando incluso a calificar de terroristas a presuntos traficantes de drogas antes de, en ocasiones, matarlos. Esta estrategia puede proyectar una imagen de firmeza en los programas de televisión que consumen los mayores, pero no produce ningún efecto apreciable sobre el suministro de drogas.Los votantes jóvenes están cada vez más desilusionados: un estudio de Alonso Amarales, de la Universidad Bocconi de Milán, muestra que, cuando los líderes políticos son mucho mayores que la población a la que representan, la confianza en la propia democracia tiende a resentirse. En este punto, Moyn acierta al lamentar la influencia política desproporcionada de las personas mayores.Gerontocracia, SASe adentra, sin embargo, en un terreno mucho más resbaladizo cuando describe su poder en el ámbito laboral. Según él, dominan las empresas, «monopolizando» las oportunidades y relegando a los jóvenes a puestos peor remunerados, fenómeno que denomina «Gerontocracia, SA». Sin embargo, los ejemplos más llamativos que aporta proceden de un sector muy particular: el mundo académico. La titularidad convierte a muchos catedráticos en prácticamente inamovibles, por lo que permanecen en sus cómodas cátedras mucho después de haber dejado de rendir en condiciones. En otros lugares de trabajo, no sucede lo mismo: a medida que los empleados envejecen y su productividad disminuye, sus salarios también tienden a hacerlo. La remuneración suele alcanzar su máximo a finales de los cuarenta o principios de los cincuenta, cuando los trabajadores combinan experiencia y vigor, para ir descendiendo según se acercan a la jubilación.Moyn defiende la jubilación obligatoria. Podría tener sentido en el caso de los jueces, que ejercen un poder inmenso y son muy difíciles de destituir, o de los pilotos de líneas aéreas, cuya pérdida de facultades podría poner vidas en peligro. Sin embargo, no lo tiene para la mayoría de las ocupaciones, en que las empresas deberían ser libres de mantener a sus trabajadores mientras ambas partes sigan beneficiándose de la relación.La jubilación obligatoria liberaría puestos de trabajo para los jóvenes, sostiene Moyn, incurriendo así en la conocida falacia de la «masa fija de trabajo». También reduciría la desigualdad, añade con entusiasmo, porque los mayores son más ricos que los jóvenes, aunque ello se deba en gran medida a que han tenido más tiempo para ahorrar.La única forma plausible de mantener la solvencia de las pensiones públicas, por ejemplo, consiste en elevar la edad de jubilación conforme aumenta la esperanza de vidaLlama la atención que no muestre ninguna preocupación por las consecuencias fiscales de obligar a las personas a dejar de trabajar cuando aún son capaces y desean hacerlo. La única forma plausible de mantener la solvencia de las pensiones públicas, por ejemplo, consiste en elevar la edad de jubilación conforme aumenta la esperanza de vida. Tonterías, replica Moyn: Estados Unidos puede, de algún modo, mantener los programas de prestaciones sociales al tiempo que acorta la vida laboral de sus ciudadanos —se prevé que el fondo fiduciario de la seguridad social estadounidense se agote en 2032—.¿Y si a las personas mayores les gusta trabajar? Pues mala suerte: quienes sean «adictos a su vocación» o a «la droga de la importancia» deberían recibir ayuda para «reimaginar el sentido de sus vidas». La jubilación forzosa puede resultar atractiva si se ayuda a los jubilados a encontrar aficiones gratificantes o actividades de voluntariado: «soy del gobierno y estoy aquí para enseñarte a jugar al pickleball».¿Por qué debería todo el mundo tener el mismo peso en el voto?Además de expulsar a las personas mayores del mercado laboral, Moyn restringiría sus derechos de voto, al considerar que tienen menos interés en el futuro: una propuesta consiste en reducir progresivamente el valor del voto una vez alcanzada la edad de jubilación, de modo que, al cumplir los 83 años, una persona solo disponga de una décima parte de un voto; otra plantea conceder dos votos a los jóvenes de entre 18 y 25 años, pues «¿por qué debería todo el mundo tener el mismo peso en el voto?», se pregunta Moyn. Porque así lo exigen la decencia democrática y la Constitución, responderían los jueces, que dicen las cosas más descabelladas, quizá porque son mayores.En resumen, Moyn identifica un problema real, pero propone soluciones descabelladas. Puede que el Congreso sea una gerontocracia, pero el mercado laboral no lo es. Impedir que los contribuyentes de más edad sigan obteniendo ingresos no es una forma de hacer la sociedad más justa. Como demuestra el debate sobre la IA, el trabajo proporciona a las personas un propósito además de un salario; obligarlas a jubilarse prematuramente es la receta para una vejez insufrible.