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El Mundo ·

Hay que alegrarse, y otra vez por lo mismo el 29

Resumen

Sigo a The Morning y su lista de celebraciones. James Talarico, no solo seminarista sino también joven. Y toma: «Acabamos de demostrar que una política de la división no puede competir con una política del amor». Y en Michigan el Abdul El-Sayed, otro seminarista, pero más.

Otra vez el coñazo woke. Sigo a The Morning y su lista de celebraciones. James Talarico, no solo seminarista sino también joven. Y toma: «Acabamos de demostrar que una política de la división no puede competir con una política del amor». Y en Michigan el Abdul El-Sayed, otro seminarista, pero más. Y más pastoras: Sarah Trone Garriott. Los cristianos por el socialismo siempre fueron lo peor. In lies we trust. Y Ocasio y Cortez, y por quinta vez. Y los referéndums: la ciudad de Washington acaba de prohibir el foie. Y Denver. Pero no veo que hayan hecho lo mismo con Foucault, Derrida y Lacan: se prohíbe cebar a las ocas, pero no a las criaturas. En Providence han acordado restringir las inversiones municipales en países y empresas implicados en limpieza étnica, apartheid, ocupación militar ilegal o genocidio: la iniciativa partió de la asociación Providence for Palestine, o sea que es fácil imaginar contra quién va. El ensayo central de la opinión del Times destaca que «la decencia triunfó». Es la frase de una de sus columnistas, Lydia Polgreen: «Esta vez ganó la decencia. [...] En una época de corrupción sórdida, con un presidente que se recreaba en una crueldad gratuita, los estadounidenses han elegido un nuevo camino». Para situar su prosa, debe saberse que la señora Polgreen explica en una entrevista que cuando fue a la Universidad vio a unas lesbianas «y fue realmente como si se encendiera una luz y, de repente, algo muy claro sobre mí misma, que siempre había sido un subtexto, se convirtió en texto». Pero tiene razón. El foie y Ocasio, desde luego. El coñazo woke. Y la vergüenza ajena que dan los columnistas socialdemócratas que después de años de proclamar, apocalípticos, el fin de la democracia en América se permiten hablar ahora, como si tal cosa, de que la luz no se apaga en la colina. Pero hay que alegrarse del castigo electoral que han sufrido la mentira, la demagogia, la erosión de las instituciones, la corrupción y el desprecio de la política. Y el mal gusto. Ya hay noticia explícita de que el candidato Pedro Sánchez va a tratar de animar a los votantes con la enésima reedición del Yes We Can. Está al caer un tiktok con todas las declaraciones críticas —y algunas insultantes— de Trump sobre España y que describa apologéticamente quién fue y cómo el único líder europeo que le plantó cara. Pero el triunfo de la decencia en España solo puede ser la derrota de Sánchez.