'Palito' para ultras... y todos
ResumenCon España abierta en dos, como una sandía al sol de junio, León XIV nos ha noqueado ayer, directamente y sin anestesia: «La tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir». Palacio Real nos ha descrito: dime a quién odias y te diré quién eres. Un país donde odiar y animar a odiar sale más rentable que cualquier propuesta inteligente. El Papa ha pedido cesar en la confrontación estéril y ha parecido como si alguien abriese la ventana de una ergástula saturada.
Con España abierta en dos, como una sandía al sol de junio, León XIV nos ha noqueado ayer, directamente y sin anestesia: «La tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir». En su primer discurso en el ... Palacio Real nos ha descrito: dime a quién odias y te diré quién eres. A eso hemos llegado ante el mundo. Un país donde odiar y animar a odiar sale más rentable que cualquier propuesta inteligente. Atacar es existir. El Papa ha pedido cesar en la confrontación estéril y ha parecido como si alguien abriese la ventana de una ergástula saturada. «Evitemos las palabras que humillan y enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos». No va a ser fácil escucharlo en este viaje si queremos tomarnos en serio a nosotros mismos. Y para demostrarlo, esa alusión, tan políticamente incorrecta, a la llamada «España de las Tres Culturas», donde musulmanes, judíos y cristianos trabajaron «intentado crear un espacio de diálogo sobre el sentido de la verdad». ¡No se anda por las ramas el Santo Padre!Si todos tenemos que pensar, no les cuento, queridos lectores, los extremos del arco político. Menudo «palito» para la ultraizquierda, cuyo modus operandi es azuzar la vieja lucha de clases. O para la ultraderecha, que acaba de ser señalada donde más le duele, en esa continua estigmatización de los musulmanes, que apesta desde hace años nuestras conversaciones de X, TikTok, Instagram. Qué cansancio, España. Ayer he tomado conciencia del peso que soportamos, lo espesa que ha llegado a ser nuestra convivencia, lo poco creativa, lo escasamente interesante. Dice el Papa que «el bien puede resistir y comunicarse». ¿Es cierto? ¿Podemos aún «avanzar junto al otro, crecer juntos, codo con codo»? Me he descubierto con una pregunta urgente, supongo que la misma que se hicieron los apóstoles ante la tumba vacía: ¿De verdad es posible?