Prosper y Martine Assouline, editores: “Nuestro siguiente libro pesará 80 kilos y costará 20.000 euros”
ResumenProsper Assouline, miembro de una familia de empresarios judíos marroquíes, y su esposa, Martine, cuyo linaje se remonta a la corte de Luis XIV, cayeron enamorados de La Colombe d’Or, un pequeño hotel del sur de Francia. Entonces, a principios de los noventa, decidieron entrar en un mundo del que lo desconocían todo. Se lanzaron a la edición para publicar un objeto que reflejara su pasión por aquel rincón que, decorado con cuadros de Picasso y Matisse, les pareció el más bonito del mundo. “Buscamos una nueva forma de hacer libros.
Todo empezó con un flechazo. Prosper Assouline, miembro de una familia de empresarios judíos marroquíes, y su esposa, Martine, cuyo linaje se remonta a la corte de Luis XIV, cayeron enamorados de La Colombe d’Or, un pequeño hotel del sur de Francia. Entonces, a principios de los noventa, decidieron entrar en un mundo del que lo desconocían todo. Se lanzaron a la edición para publicar un objeto que reflejara su pasión por aquel rincón que, decorado con cuadros de Picasso y Matisse, les pareció el más bonito del mundo. “Buscamos una nueva forma de hacer libros. Muy visual”, comienza Martine, que se ocupó de los textos. “No queríamos que la gente se viera obligada a leer para entender. Sino que sintieran su aroma y luego dijeran, joder, esto es interesante”, remata Prosper, más centrado en las fotografías. Más de 30 años después, el matrimonio Assouline dirige un imperio dedicado a transformar algo tan concreto como un libro en algo tan abstracto como un bien de lujo. Reciben a El País Semanal en su espléndido piso en la Museum Tower de Nueva York, obra del arquitecto argentino César Pelli. Su vecino es, nada menos, que el MoMa. Desde aquí, en una planta 26ª, uno se puede olvidar de la ecléctica y barroca decoración de la vivienda para observar la isla de Manhattan. En una larga conversación exponen su visión de la vida optimista y despreocupada, en la que aparecen sin cesar palabras como cultura, arte y lujo. Lo que comenzó como un hobby ha tornado en una dedicación a tiempo completo que los ha llevado a publicar más de 2.500 títulos y a tener 18 tiendas en todo el mundo, con sus buques insignia en Londres y Riad. Pero sobre todo han logrado cambiar el concepto de cómo disfrutar de la lectura en asuntos como el arte, la moda, el interiorismo, los viajes y los deportes. Ellos se centran en los libros pensados para dejar en el salón y echarles un ojo de vez en cuando desde el sofá, no tanto para leerlos de principio a fin. “Son objetos bonitos que cuando los abres te dan felicidad. Los diseñamos para que sean parte de la vida de nuestros clientes. Son como un collar de perlas. Cada perla viene de un sitio distinto que no sabes cuál es. Pero cuando están en el collar, todas tienen el mismo espíritu”, asegura Prosper con su fortísimo acento francés, irreductible pese a sus casi 20 años en Nueva York. La gama alta de los libros Assouline va más allá de la experiencia lectora. El que dedicaron a Versalles, por ejemplo, incluía una visita guiada al palacio. “Con la colección Ultimate quisimos crear algo extraordinario. La edición especial de Venecia venía cubierta con una tela de Fortuny que costaba 1.000 dólares. Y para el de Fórmula 1 creamos un sello con un olor característico”, señala el editor, de 69 años, mientras su esposa asiente. Y al instante añade: “Nuestra búsqueda se basa en hacer cosas que no se hayan visto antes”. Los Assouline no tienen ningún problema en hablar de sus precios altísimos. Es más. Se enorgullecen de ellos. Dicen que en su editorial no hay rebajas ni se aceptan devoluciones. Y que la calidad es su único criterio. “Estamos obligados a aumentar los precios”, dice Martine, nacida en Costa de Marfil hace 74 años. Cuenta que en algunas ocasiones han probado buscar otros sitios donde imprimir. Pero que el resultado no es exactamente el deseado, así que siempre acaban volviendo a su imprenta italiana de cabecera, que conoce a la perfección todos los detalles que ellos valoran. “Nuestro libro más caro fue el que dedicamos a Jay-Z. En agosto del año pasado lanzamos una edición especial de solo cinco volúmenes con la colaboración del artista Daniel Arsham. Vendimos cuatro por 100.000 dólares. Y el quinto se subastó en Christie’s por 163.000”, asegura Prosper. “Ahora estamos haciendo uno sobre Botero que saldrá en otoño. Medirá 1,1 metros, y dos metros si se despliega del todo. Pesará 80 kilos”. “Es fantástico”, añade ella. “Costará 20.000 euros. Y se venderá en dos minutos”, vuelve él. Martine reconoce que hay más mercado para estos productos en Estados Unidos que en Europa: “Son para gente que ya lo tiene todo y quiere cosas muy espectaculares y diferentes”. Cuando fabrican estos pequeños tesoros, ¿se olvidan del coste? “100%. Tiene que ser lo que tiene que ser”, zanja la discusión Prosper. Marido y mujer se interrumpen constantemente. A veces uno termina las frases que el otro deja inacabadas. O muestran su desacuerdo en alguna cosa. Parecen disfrutar con su trabajo y con su compañía tras tanto tiempo juntos. “Nos casamos hace 35 años. Pero antes, ella había sido mi mejor amiga durante 10 años”, confiesa él. Ambos reflexionan sobre cómo ha cambiado la industria del lujo en el último medio siglo. Comienza Prosper: “Entonces, era totalmente distinto. Tratábamos con el dinero viejo. Hoy no tenemos ni idea de quiénes son los clientes. Un veinteañero de repente puede ser un milmillonario que trabaja en tecnología. ¿El nuevo dinero? Nunca sabes dónde puede estar”. De estas nuevas generaciones con la cartera abultada y gustos distintos de los de sus padres se ocupa el hijo del matrimonio, Alexandre Assouline, desde enero del año pasado presidente de la compañía, también presente en casa de los padres aunque no participa en la conversación. “Él nos ayuda a comprender mejor ese mundo. Los que vienen de generaciones anteriores buscaban mantener la cultura tal como ellos la concebían: impecable. Pero el dinero nuevo quiere que seamos más transgresores, que se priorice el objeto sobre la cultura”, explica Prosper. “Tienen sus propias estrellas. Gente del mundo del deporte viene a nosotros para que les hagamos un libro. Y esa nueva gente atrae a su vez a otro público”, continúa Martine. Ambos son conscientes de que el mundo del lujo está pasando por dificultades, pero aseguran que esas estrecheces a ellos no les afectan. “Por ahora”, matiza Martine, que dice que tratan de actuar con mucha cautela, ahora que se han convertido en una empresa potente que tiene que pagar muchas nóminas (no especifican cuántos empleados tienen). Ambos comparten una visión optimista de la vida. No les asustan los cambios. Ni temen que la revolución tecnológica vaya a acabar con un negocio como el suyo, basado en el papel. Prosper Assouline lo tiene claro. “Te puedo decir una cosa. Soy judío. Nací con un libro. La Torá sigue aquí y seguirá mientras vivamos. Esto [señala un móvil] puede desaparecer, pero el libro seguirá”. Sí les preocupa más la transformación que están viendo en Nueva York, gobernada por el socialista Zohran Mamdani, que ha impulsado un impuesto para gravar las mansiones de los millonarios que pasan poco tiempo en la ciudad y ha elevado su voz contra el Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu. “Tenemos un alcalde que no corresponde con el espíritu de la ciudad, que trata de dividir. En lugar de mantener esta energía fantástica que tiene aquí la gente. Nosotros aceptamos a todo el mundo porque nos hace felices ser bienvenidos. Ese es el espíritu de Estados Unidos, pero sobre todo el de Nueva York”. Al día siguiente de la entrevista, Martine envía un correo electrónico para recordar que la extraordinaria exposición de Rafael en el Metropolitan está a punto de terminar. Otra fuente de disfrute estético que cree que nadie en su sano juicio debería dejar pasar.