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ABC ·

Un ministro antidemócrata

Resumen

Las últimas declaraciones del ministro Óscar Puente, sin ser sorprendentes, son especialmente imprudentes . Como ministro en activo, a poco compromiso que tuviese con los ideales democráticos, debería evitar declaraciones que deslegitiman a las instituciones y erosionan la confianza en ellas. responsabilidad inherente a su cargo, sino por la confianza y lealtad debida de un verdadero demócrata en activo hacia un sistema político y social que, con sus cositas, es el más justo que el hombre ha sido capaz de idear hasta ahora. Confundir la crítica legítima y fundamentada con la descalificación sistemática, sin mayor prueba que el desprecio explícito, no ayuda a mejorar las supuestas fallas, tan solo debilita el sistema.

Las últimas declaraciones del ministro Óscar Puente, sin ser sorprendentes, son especialmente imprudentes . Como ministro en activo, a poco compromiso que tuviese con los ideales democráticos, debería evitar declaraciones que deslegitiman a las instituciones y erosionan la confianza en ellas. No solo por la ... responsabilidad inherente a su cargo, sino por la confianza y lealtad debida de un verdadero demócrata en activo hacia un sistema político y social que, con sus cositas, es el más justo que el hombre ha sido capaz de idear hasta ahora. Confundir la crítica legítima y fundamentada con la descalificación sistemática, sin mayor prueba que el desprecio explícito, no ayuda a mejorar las supuestas fallas, tan solo debilita el sistema. Y, de ser cierto que lo que hay enfrente, lo que se nos podría venir encima, es tan terrible y muchísimo peor que lo presente, no parece la mejor de las ideas dejar en herencia un artefacto gripado: si quien ostenta hoy el poder denigra desacomplejadamente los contrapoderes ante cualquier decisión contraria a sus intereses, abona el terreno para que el siguiente se encuentre el trabajo bien comenzado, iniciado el gradual deterioro democrático y listo para ser incrementado. A no ser, claro, que la sana y deseable alternancia política ni siquiera se contemple. Un gobierno seguro de su legitimidad y buen hacer no reaccionaría con hostilidad frente a lo que es, precisamente, la razón de ser de los contrapoderes democráticos: fiscalizar al poder y, ante la más mínima sospecha, poner en marcha la maquinaria de una justicia que es igual para todos. ¿No sería motivo de orgullo, pues, lo que Puente quiere hacer pasar por inaceptable ataque? ¿No denotaría esto que todo un ministro de España ni cree ni confía en los fundamentos básicos de la democracia? ¿No es eso contraproducente? Porque si, como sostienen algunos, el PSOE no estaba al corriente de las intrigas de personajillos de medio pelo que iban por libre (una militante sin cargo orgánico, un hombre que engañó a todos…), tal vez debería ser el primer interesado en que se esclarezca lo ocurrido con una trama que parasitaba su propia estructura. Pero si el ministro asimila el investigar ese entramado con intentar derribar al propio Gobierno, lo que está haciendo es identificar el entramado con el partido mismo. Y le importa poco hacerlo, además, a costa de erosionar la credibilidad de los mecanismos de control y utilizando para ello su posición institucional.Aunque lo que empuñe Puente sean palabras y no hechos, lo que está llevando a cabo es una negligente acción contra la arquitectura que hace posible la democracia misma . Y, en una democracia sana, es al Gobierno a quien se controla, no es este quien controla a los que deben vigilarle. Ni, desde luego, debería nunca aspirar a ello.