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Expansión ·

¿Lo que esperaba de la IA es lo que le da realmente su empresa?

Resumen

Qué esperamos de la inteligencia artificial y qué nos ofrecen realmente las herramientas de IA... Desentrañar esta ecuación puede ser el mejor índice de satisfacción a estas alturas, cuando la IA ofrece enormes posibilidades para cambiar nuestra carrera y empleos. Para ello, es necesario evaluar cómo están incorporando las organizaciones esa capacidad, con qué grado de madurez, en qué áreas avanzan más y qué sectores están marcando el paso. Un reciente informe de Anthropic -la compañía dedicada al desarrollo de modelos fundacionales y productos de IA fundada por Dario Amodei, que en los últimos meses quiere convertirse en un actor relevante en la producción de investigación aplicada sobre el impacto económico, social y educativo de la IA-, junto con el II Barómetro de la IA y el talento en España, de NTT DATA e ISDI, ayudan a conocer las expectativas que todos tenemos sobre la inteligencia artificial y la realidad de su uso y adopción más eficiente.

Qué esperamos de la inteligencia artificial y qué nos ofrecen realmente las herramientas de IA... Desentrañar esta ecuación puede ser el mejor índice de satisfacción a estas alturas, cuando la IA ofrece enormes posibilidades para cambiar nuestra carrera y empleos. Para ello, es necesario evaluar cómo están incorporando las organizaciones esa capacidad, con qué grado de madurez, en qué áreas avanzan más y qué sectores están marcando el paso. Un reciente informe de Anthropic -la compañía dedicada al desarrollo de modelos fundacionales y productos de IA fundada por Dario Amodei, que en los últimos meses quiere convertirse en un actor relevante en la producción de investigación aplicada sobre el impacto económico, social y educativo de la IA-, junto con el II Barómetro de la IA y el talento en España, de NTT DATA e ISDI, ayudan a conocer las expectativas que todos tenemos sobre la inteligencia artificial y la realidad de su uso y adopción más eficiente. Anthropic aporta una pista decisiva: la aspiración dominante no es meramente tecnológica, sino profesional. En sus 80.508 entrevistas a usuarios de Claude en 159 países, la categoría más frecuente es la "excelencia profesional", con un 18,8%. Significa que, para una gran parte de quienes ya conviven con estas herramientas, la IA no representa sólo una mejora marginal, sino una oportunidad para elevar la calidad del trabajo que hacen: concentrarse en problemas de mayor nivel, reducir el peso de lo rutinario y reforzar la sensación de dominio sobre su oficio. Junto a esa categoría aparecen también otras ligadas a la transformación personal, el aprendizaje, el emprendimiento, la independencia económica o la ambición de impacto social. La inteligencia artificial empieza a verse como un amplificador de trayectorias, no sólo como herramienta. Se muestra como "un dispositivo que sirve para moverse hacia una versión más fuerte, más autónoma o más compleja de uno mismo". El II Barómetro de NTT DATA e ISDI habla de las empresas que tienen que absorber todas esas expectativas. La investigación analiza las respuestas de profesionales de 50 organizaciones de sectores como banca, seguros, energía, telecomunicaciones, salud, administración pública e industria, y estructura su análisis en 20 dimensiones agrupadas en cuatro ejes: estrategia y transformación del trabajo; cultura, liderazgo y competencias; seguridad, gobernanza y ética; e IA en la gestión del talento y la experiencia del empleado. En conjunto, las empresas sacan un 2,78 sobre 5, frente al 2,63 del primer barómetro. No significa que ya tengan la IA plenamente incorporada, pero se nota un cambio: ya no la ven como una prueba puntual o una curiosidad, sino como algo que empieza a formar parte de sus prioridades. Anthropic permite afinar qué tipo de integración esperan encontrar las personas cuando miran a la inteligencia artificial desde su puesto de trabajo. Así, el 81% de los entrevistados dice que la tecnología ya ha dado algún paso hacia la visión que tenían de ella. Esa experiencia positiva aparece en ámbitos como la productividad, el aprendizaje, la síntesis de investigación, la accesibilidad técnica o la asociación cognitiva. Este último punto es especialmente relevante para entender lo que nos espera en 2026: la IA no está entrando sólo como máquina de automatizar, sino como "una presencia intelectual constante, disponible para contrastar ideas, estructurar información, ensayar hipótesis o acelerar una primera versión del pensamiento. Su valor profesional se parece menos al de una simple utilidad de oficina y más al de una capa de apoyo cognitivo a demanda. Eso cambia la relación del trabajador con el conocimiento, con la velocidad del aprendizaje y con la frontera de lo que siente que puede hacer". El barómetro de ISDI y NTTDATA muestra que muchas empresas están intentando dar estructura precisamente a ese nuevo tipo de relación. El eje mejor valorado es el de estrategia de la IA y transformación del trabajo, con 2,94 puntos. La dimensión más fuerte de todo el informe es la existencia de una estrategia corporativa definida para la adopción y despliegue de la IA, con 3,46. También destacan el análisis del impacto en la operativa diaria de los profesionales, con 3,23, y los mecanismos para capturar y compartir casos de uso, con 3,16. En el eje de cultura, liderazgo y competencias, la formación y el aprendizaje continuo alcanzan 3,14, y el uso de IA por parte del liderazgo, 3,05. La lectura conjunta es clara: la empresa española ya no se limita a comprar herramientas. Empieza a ordenar, codificar y normalizar la presencia de la IA dentro de una narrativa de negocio. Las estadísticas públicas confirman que esa normalización ya ha superado el umbral de la anécdota. El INE situó en el 21,1% el porcentaje de empresas españolas de diez o más empleados que utilizaban IA en el primer trimestre de 2025. Eurostat elevó al 20% la media de la Unión Europea en 2025, con un crecimiento de 6,5 puntos respecto de 2024. Y la OCDE añade otro dato significativo: entre las empresas que ya han adoptado la inteligencia artificial, algo más de la mitad la utiliza también para facilitar formación o apoyo cognitivo a los trabajadores. Todo ello dibuja una adopción que ya no es sólo técnica ni exclusivamente experimental. La IA empieza a estar presente en procesos, en cultura operativa y en mecanismos de aprendizaje. Ha pasado de ser una "innovación interesante" a convertirse en una "capacidad empresarial" que hay que gestionar. Desde la óptica de los profesionales, esa gestión empresarial importa porque determina qué clase de promesa acaba cumpliéndose. El estudio de Anthropic sugiere que muchos trabajadores no están buscando únicamente una ganancia táctica. Lo que aparece es una expectativa de reposicionamiento. Hay quienes quieren aprender más deprisa, quienes imaginan la IA como socia para emprender, quienes la usan para moverse entre dominios técnicos antes inaccesibles y quienes la miran como herramienta de emancipación económica o de progreso social. La IA está dejando de ser sólo un programa que ahorra tiempo. Para mucha gente se ha convertido en una escalera: les permite entrar en conversaciones de más nivel, asumir tareas que antes no estaban a su alcance y pasar de aprender de otros a generar valor por sí mismos. Esa promesa explica buena parte del entusiasmo actual. Las empresas, mientras tanto, están aprendiendo a distribuir esa fuerza de forma desigual. El informe de ISDI y NTTDATA muestra diferencias sectoriales muy marcadas: Banca y servicios financieros lidera el índice de madurez con 3,11 puntos, seguida por energía, utilities y sostenibilidad con 2,95, y telecomunicaciones, media y servicios digitales con 2,93. Más atrás aparecen Administración Pública, educación y ONG, con 2,40, e industria, con 2,19. Donde hay mayor digitalización previa, más inversión tecnológica, más presión competitiva y una regulación más intensa sobre datos y procesos, la IA encuentra una vía de aterrizaje más clara. En otros sectores, el avance existe, pero con más prudencia y menos densidad organizativa. La adopción no es uniforme porque tampoco lo son las culturas empresariales que la reciben. El marco internacional ayuda a entender por qué esta adopción tiene un componente tan competitivo. El Foro Económico Mundial calcula que cerca del 40% de las capacidades requeridas para desempeñar los puestos cambiarán de aquí a 2030, y que el 63% de los empleadores ya identifica la brecha de habilidades como el principal obstáculo para transformarse. Además, el 77% prevé apostar por el reskilling. PwC, por su parte, señala que los trabajadores con habilidades de IA reciben una prima salarial media del 56%, que las industrias más expuestas a esta tecnología muestran un crecimiento tres veces mayor en ingresos por empleado y que las habilidades demandadas están cambiando un 66% más rápido en los trabajos más expuestos. Todo ello convierte a la IA en algo más que una herramienta de productividad: la transforma en un factor de reposicionamiento laboral, empresarial y salarial. Eso explica también por qué la gobernanza gana peso tan rápido en los informes empresariales. El tercer eje del barómetro de NTT DATA e ISDI -seguridad, gobernanza y ética- alcanza 2,89 puntos, una de las medias más altas del estudio. Las políticas corporativas de uso de IA llegan a 3,13, y la calidad y seguridad del dato, a 3,14. Significa que la empresa empieza a comprender que la IA no se puede tratar como una aplicación más, sino como una infraestructura que exige reglas, trazabilidad, revisión y un marco de responsabilidad propio. Aunque esas normas todavía no han calado del todo en las empresas, la dirección está clara: la cuestión ya no es sólo usar más inteligencia artificial, sino aprender a trabajar con ella con reglas comunes y criterios compartidos. La conclusión, sobre la base de las investigaciones de Anthropic y de NTTDATA e ISDI podría ser que la inteligencia artificial ya no pertenece al terreno de las promesas vagas, sino al de las decisiones concretas. Para los profesionales abre la expectativa de trabajar mejor, aprender más deprisa y ensanchar su margen de acción. Para las empresas, plantea una exigencia menos vistosa, pero más decisiva: estar a la altura de ese cambio. Cuanto más se extiende la IA, más valor ganan quienes saben usarla y más presión sienten quienes se están quedando atrás. Por eso, el debate ya no es si cambiará el trabajo, sino quién sabrá sacar partido de ese cambio.