Hamilton rompe su maldición y revive el Mundial con un triunfo de leyenda en Montmeló
ResumenCuando estaba más lejos que nunca de escribir algún capítulo histórico con el manto sagrado de la Fórmula 1, el de la Scuderia Ferrari. Pero en el Circuit de Barcelona-Catalunya volvió el viejo estilo del heptacampeón británico y dibujó uno de sus capítulos más bonitos en la exigencia de Montmeló. El que vale para romper su maleficio y alcanzar las 106 victorias. El que también necesitaba Ferrari, con más de un año natural sin subir a lo más alto.
Lewis Hamilton ha vuelto. Cuando algunos ya le daban por retirado. Cuando estaba más lejos que nunca de escribir algún capítulo histórico con el manto sagrado de la Fórmula 1, el de la Scuderia Ferrari. Cuando nadie tosía a Mercedes. Pero en el Circuit de Barcelona-Catalunya volvió el viejo estilo del heptacampeón británico y dibujó uno de sus capítulos más bonitos en la exigencia de Montmeló. El que vale para romper su maleficio y alcanzar las 106 victorias. El que también necesitaba Ferrari, con más de un año natural sin subir a lo más alto. Y el que le hace el gran rey de la pista catalana con siete triunfos. Nadie está a la altura de Hamilton, que ya supera a Michael Schumacher en Barcelona (7 triunfos). Y nadie lo estuvo en una clase magistral de Ferrari desde el muro con algo de suerte, pues su viejo enemigo Fernando Alonso provocó un coche de seguridad virtual que destrozó a los Mercedes. Y hubo algo más, pues el líder Andrea Kimi Antonelli se quedó tirado cuando tenía el segundo a tiro. Sigue al mando (156 puntos), pero Hamilton revive el Mundial (115) y George Russell, segundo final, puede respirar algo más (106). Norris, sin quererlo ni beberlo, cerró el podio. La batalla en Montmeló fue la del muro. No cambió la cosa con la estrategia o el yo-yo, y fue una Fórmula 1 más clásica. De posición, estrategia y un calor abrasador que puso contra las cuerdas a los neumáticos de los pilotos. Mercedes, con un buen Russell, sí aguantó la primera parte de carrera con la indecisión en los rebufos de la salida, pero Ferrari tenía trucos. Los que en otras ocasiones no están, pero sí en Barcelona. Algo que el Mundial necesitaba. Hamilton perseguía, pero jugó a ganador con su equipo. "Queremos el plan C", pidieron al británico y su duro trabajó de maravilla tras la segunda parada en la vuelta 27. Apretó, así, a un Mercedes con menos reacción, que quiso mantenerse en dos pasos por boxes pero con lío. Antonelli cazó a un Russell sin goma en el tren delantero, pero su batalla sólo sirvió para insuflar más vida a Hamilton -siempre a tres-. De hecho, Mercedes iba al límite y la vuelta 40 fue el golpe de teatro que la carrera pedía. Porque Alonso se quedó tirado en la curva 9 y tardó en salir al estar inseguro, cosa que benefició una parada milimétrica de un Hamilton que tendría que estar por detrás en otros escenarios. Ferrari clavó la entrada, el coche de seguridad virtual no desapareció y todo el tiempo que se hubiese perdido se esfumaba. "Así sí, chicos", contaba Hamilton. Que dejaba a los Mercedes para otra batalla que resultó dramática. Pues un brutal Antonelli atacó y pasó a Russell por el segundo en la curva 1, pero ni medio circuito después todo cambió. De golpe, su Mercedes se quedó sin potencia y propiciaba el primer abandono de un curso que parecía sólo encumbrarle. Al mismo tiempo, la alegría de Lewis Hamilton se disparaba. "Gracias, chicos. Forza Ferrari. Estoy muy orgulloso de vosotros", lanzó por la radio. Por fin ganaba. Y por fin se siente candidato a un título mundial que quiere pelear. El mismo piloto que se llamaba inútil en Hungría ahora está en lo más alto. Hamilton, el rey de Montmeló. "Hace un año empecé un sueño que parecía imposible... pero nunca perdimos la esperanza", cerró. El británico fue el protagonista épico de una jornada cruel para el líder Antonelli, un Leclerc sin dirección asistida en las vueltas finales y que metió a los Alpine en puntos o a Lawson tras todo el jaleo del final. Nada de ello benefició a los españoles, que se van del primer Gran Premio de casa sin un solo punto. Era lo esperado, aunque es duro después de otro día de fiesta en los más de 100.000 espectadores que coparon el Circuit de Barcelona-Catalunya. Carlos Sainz luchó. Por enésima vez con estos coches, el de Williams facturó una gran arrancada y se colocó mejor que los Alpine o un Hadjar clavado. Pero en carrera la cosa cambió. Entre una investigación por error de procedimiento y un ritmo que no permitía acercarse a los mejores coches de la zona media, como los Alpine, Audi o RB. Su única posibilidad era con los Haas, algo duro tras puntuar en circuitos ratoneros como Miami o Canadá. Terminó 12º y sirve como aviso a un equipo que sigue necesitando un salto más. Sainz luchó y se entregó, pero por segundo fin de semana seguido no llega premio. También debe esperar al verano para ver un giro radical al momento que vive. Ni terminar pudo, por su parte, Fernando Alonso. Cambió la parte eléctrica de su AMR26 y salió desde el pit-lane, pero la carrera fue tal y como esperaba: un sufrimiento. Pudo pasar a Valtteri Bottas con riesgo en la 1, alargó su primera parada 27 vueltas con el neumático duro y su Aston Martin dijo basta pocos giros después. Hasta la 40. Allí, Alonso tuvo que aparcar el AMR26 en la curva 9. "Me dijeron que parase y me saliese. Creo que es la batería", contó después. En ese corralito sólo destacó el Drivers Parade, donde Barcelona volvió a encumbrar al piloto que cambió la historia de un país en la clase reina. Su despedida de Montmeló, si es esta, dista mucho de ser la ideal.