← Volver
ABC ·

Hablar de libertad sin practicarla

Resumen

Cada generación cree que está dedicada a rehacer el mundo, dijo Albert Camus al recibir el Nobel de Literatura, en 1957. «Sin embargo», la salvedad es tan inmensa como necesaria, «la mía sabe que no lo va a rehacer». Para aquel entonces, el escritor ya se había desmarcado de Jean Paul Sartre y mantenía su compromiso como una bandera propia y solitaria. ¿Con qué y con quiénes estaba comprometido Albert Camus ?

Cada generación cree que está dedicada a rehacer el mundo, dijo Albert Camus al recibir el Nobel de Literatura, en 1957. «Sin embargo», la salvedad es tan inmensa como necesaria, «la mía sabe que no lo va a rehacer». Su tarea es mayor: «Radica en ... evitar que el mundo se desmorone». Para aquel entonces, el escritor ya se había desmarcado de Jean Paul Sartre y mantenía su compromiso como una bandera propia y solitaria. ¿Con qué y con quiénes estaba comprometido Albert Camus ? ¿Con Argelia? ¿Con los franceses? ¿Con el antifascismo? ¿Con la verdad? Y de ser así, con cuál de todas.En sus diarios, publicados en España con el título 'Vivir la lucidez. Todos los carnets (1935-1959)', Camus manifestó estar cansado de ser un referente político. Había renunciado al Partido Comunista Francés en 1937. En sus años en el periódico 'Combat', desde 1944 a 1947, firmó casi 140 editoriales y 27 artículos en nombre de la Resistencia francesa contra el nazismo y el gobierno de Vichy. Dijo Hannah Arendt que tanto Albert Camus como su generación se vieron «tragados por la política como si los absorbiera la fuerza del vacío». El transcurso de los años creó en Camus un reproche más agudo contra el modo de vida francés. Sus ciudadanos, insistía, recordaban poco de sus valores libertarios y se habían convertido en burgueses. El Camus íntimo de los 'Carnets' escribe, en 1942: «El francés ha conservado el hábito y las tradiciones de la revolución y sin embargo se ha convertido en funcionario, pequeño burgués y 'midinette'». Once años después, el Albert Camus público de 'El pan y la libertad' es aún más contundente: «La sociedad burguesa habla de libertad sin practicarla». Leer esta frase más de cincuenta años después hace inevitable preguntarse si la libertad ha dejado de practicarse o si, por el contrario, existe una férrea voluntad de abolirla. Demasiada tenacidad en determinadas causas delata villanía y autoritarismo, una pulsión propia de quienes, creyéndose héroes, acaban apedreando y laminando a la víctima. En nombre de valores irrefutables con los que nadie estaría en desacuerdo, es posible acabar abriéndole la puerta a un tirano o lo que es mucho peor, dándole alas a quienes se reclaman como redentores. No sé si hace falta un cuchillo con filo para untar el humus. Ignoro si los hornillos, el menaje y el avituallamiento de los acampados en la Puerta del Sol tienen más de asalto callejero que de protesta pacífica. El paisaje de campamento es absoluto. Ya sea en el kilómetro cero de Madrid como en Ceuta, y por razones dramáticamente distintas. La libertad convertida en discurso y desprovista de práctica acaba en accidente. Cada generación cree que está dedicada a rehacer el mundo –y de qué otra forma podría ser si no–, pero entre la ingenuidad y la impostura, la verdadera libertad está en no ser útil al que enreda.