Puente se va, Sánchez sigue
ResumenLa renuncia de Óscar Puente, anunciada a última hora de su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso, llega forzada por la extraordinaria gravedad del accidente ferroviario en Urda, sumado al ocurrido en enero en Adamuz, y por la constatación del rechazo transversal a su gestión. Sólo el cálculo electoral, a menos de un mes del 29-N, y la posición siempre refractaria del Gobierno a rendir cuentas ante la ciudadanía explican que el titular de Transportes haya esperado una semana para tomar esta decisión desde la colisión que segó la vida de 69 pasajeros. Puente no sólo dimite como ministro, sino que tampoco encabezará la lista del PSOE en Valladolid. Abandona cercado por sus socios y por una amplia contestación social a la mezcla de insolvencia y falta de empatía con las víctimas, lo que le ha granjeado una fuerte presión interna en su partido.
La renuncia de Óscar Puente, anunciada a última hora de su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso, llega forzada por la extraordinaria gravedad del accidente ferroviario en Urda, sumado al ocurrido en enero en Adamuz, y por la constatación del rechazo transversal a su gestión. Sólo el cálculo electoral, a menos de un mes del 29-N, y la posición siempre refractaria del Gobierno a rendir cuentas ante la ciudadanía explican que el titular de Transportes haya esperado una semana para tomar esta decisión desde la colisión que segó la vida de 69 pasajeros. Puente no sólo dimite como ministro, sino que tampoco encabezará la lista del PSOE en Valladolid. Abandona cercado por sus socios y por una amplia contestación social a la mezcla de insolvencia y falta de empatía con las víctimas, lo que le ha granjeado una fuerte presión interna en su partido. Que sólo Bildu defendiera ya su continuidad es expresivo de la degradación moral que encarna el presidente del Gobierno. Puente se va y Sánchez continúa. La salida de Puente eleva la quiebra del AVE a La Moncloa. Si el caos de la alta velocidad es tan grave, como ha admitido Puente, el responsable de todo ello es el propio presidente, quien ahora queda mucho más expuesto. Es Sánchez quien, además de promover la colonización de los órganos de gestión y prolongar la legislatura pese a no contar con Presupuestos, ha subordinado la eficacia del Estado a la conservación del poder. El Gobierno no puede intentar ahora saldar una crisis que no sólo afecta al ferrocarril, sino a la desconfianza sobre el funcionamiento de los servicios públicos. Atendiendo a las razones esgrimidas por Puente para justificar su renuncia, cabe preguntarse por qué no dimitió tras la catástrofe de Adamuz. Negarse entonces no ha hecho más que agravar el colapso de los trenes. Con su abandono de la primera línea institucional y orgánica, el presidente -quien ya tuvo que renunciar a Zapatero como reclamo para sus bases por la corrupción- pierde ahora a uno de sus principales puntales. Tanto es así que él mismo, apoyado en su habitual estilo faltón, había alimentado los rumores que le apuntaban como eventual sucesor de Sánchez. Ahora ha dado un paso atrás después de que la alta velocidad haya registrado 115 fallecidos en nueves meses. Ese es el trágico legado que deja en herencia. Puente ha permanecido aferrado a la narrativa de resistencia hasta justo antes de comunicar su marcha. Pero dar la cara no le eximía de asumir responsabilidades. Máxime teniendo en cuenta que, como revelamos hoy, desatendió entre el accidente de Adamuz y el de Urda 12 alertas sobre la situación límite de la alta velocidad. A ello se suma agitar la liberalización como subterfugio para soslayar la falta de inversión en seguridad. El colapso del AVE certifica el final de Puente en su papel de escudero de Sánchez. La soledad del presidente ante las elecciones es el resultado de un Gobierno que, volcado en su afán divisivo, siempre ha priorizado el relato sobre la gestión.