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El Mundo ·

España sobrevive a la extrema dureza de Uruguay y enfila los cruces como primera de grupo

Resumen

Después de una tarde (madrugada en España) tonta, remolona, una tarde (madrugada en España) incómoda, áspera, con muy poco que ganar y bastante que perder, después de una tarde (madrugada en España), en fin, en la que la selección cumplió, sí, pero sin brillo, después de todo eso, ya sabe la campeona de Europa su camino en lo que resta de Mundial. Venció a Uruguay, un rival que únicamente pudo oponer patadas, suciedad, una violencia grosera que sólo un árbitro horroroso, impropio de un Mundial, podía permitir. Con este panorama, derivó España en un ejercicio de supervivencia que sigue dejando en el aire el estado real de este equipo. Jugará el próximo jueves 2, a las 21.00 horas, contra el segundo del grupo de Argentina, que será Austria o Argelia, en Los Ángeles.

Después de una tarde (madrugada en España) tonta, remolona, una tarde (madrugada en España) incómoda, áspera, con muy poco que ganar y bastante que perder, después de una tarde (madrugada en España), en fin, en la que la selección cumplió, sí, pero sin brillo, después de todo eso, ya sabe la campeona de Europa su camino en lo que resta de Mundial. Venció a Uruguay, un rival que únicamente pudo oponer patadas, suciedad, una violencia grosera que sólo un árbitro horroroso, impropio de un Mundial, podía permitir. Con este panorama, derivó España en un ejercicio de supervivencia que sigue dejando en el aire el estado real de este equipo. Jugará el próximo jueves 2, a las 21.00 horas, contra el segundo del grupo de Argentina, que será Austria o Argelia, en Los Ángeles. Ahí, al contrario de lo que sucedía con Uruguay, ya no habrá red. Tampoco tanto juego violento. [Narración y estadísticas (0-1)] No fue el mejor partido pues para trasnochar, las cosas como son. A las 2.00 de la madrugada en España debió de ser duro mantener los ojos abiertos. Costó en directo, y eso que eran las seis de la tarde, con lo cual sentado en un sofá en mitad del verano español... Porque este Uruguay-España fue una cosa bastante aburrida hasta que la Celeste lo agitó a base de mamporros. El equipo de Bielsa tiene muy poco que ofrecer y España salió en una actitud extraña, un pelín pasota, un pelín confiada quizá. No quiso entrar en las bravuconadas de los uruguayos, que encontraron en el juego violento el único argumento para discutir con su rival. Se metieron muy atrás desde el principio, pero el problema ya no era ese. El problema era que, cuando recuperaban la pelota, no tenían ningún plan. El que la robaba le pegaba una patada lo más lejos posible y en dirección a Darwin Núñez, único que hizo el amago de atacar, pero era para disimular. El balón casi nunca le encontró. Dos velocidades menos Tampoco España ofreció nada del otro viernes. De la Fuente hizo dos retoques. Marcos Llorente volvió al once y la apuesta esta vez fue por Mikel Merino, al que le tiene una fe impactante. Es el tercer centrocampista en tres partidos que acompaña a Rodri y Pedri, inamovibles de momento. El equipo, pues, era más o menos el mismo que ante Arabia Saudí, pero salió con dos velocidades menos. Consciente de que le servía el empate, no quiso arriesgar tampoco España, que va a necesitar mejorar sea quien sea el cruce y sea cual sea el camino. De hecho, antes del gol, la única ocasión que se podía contar como tal fue un disparo de Bentancur casi desde su domicilio que se marchó alto. Cuando más tonta estaba la cosa, mirando ya al descanso, y cuando todo estaba en contra, llegó el gol. Fue una cosa inverosímil. Primero se quedó tirado en el suelo el uruguayo Ugarte, pero España siguió jugando. Luego Lamine Yamal se fue contra tres, se quejó de un manotazo, aunque el árbitro, impropio de un torneo así, no pitó nada, así que el balón terminó en Llorente, que centró, remató Alex Baena, flojo, y Muslera, un portero de 40 años que nunca fue gran cosa, dejó que entrara en un error calamitoso. Cómo sería que Bielsa lo dejó en el banquillo al descanso en una decisión durísima. A todo esto, España jugaba con uno menos porque Oyarzabal tuvo que quedarse un minuto fuera del campo después de sufrir una falta, otra más, que el árbitro, ay el árbitro, tampoco pitó. Se marchaba pues, una discreta España, con ventaja al vestuario. El árbitro expulsa a Canobbio tras la entrada a Cubarsí.Ricardo MazalanAP Subió la intensidad Uruguay a la vuelta del descanso, que es lo mismo que decir que se puso a pegar más. Lo notaron los tobillos de Pedri y Lamine, la cadera de Oyarzabal y hasta la espalda de Olmo. Lo terminaron notando todos los jugadores hasta Cubarsí, que recibió la entrada de la expulsión de Canobbio muy al final. Con el árbitro inhibiéndose de todo, como si estuviera viendo una peli del oeste, España empezó a pensar en que lo mejor que le podía pasar era salir sin lesión alguna. En esas andábamos cuando Bielsa fue Bielsa y quitó a Fede Valverde para meter a un delantero, Fede Viñas. Dejar al capitán sin intentarlo en esos últimos minutos es realmente significativo. De la Fuente, por su parte, sacó del campo a Pedri, muy cansado, y a Merino, que había pasado más bien desapercibido, y metió a Yeremy Pino, que venía pidiendo a gritos unos minutos. El equipo, mientras tanto, trataba de no desesperarse con Ismail Elfath, un estadounidense de origen marroquí con un nivel inadmisible. Suya fue la responsabilidad de que Uruguay aumentase cada vez más los decibelios de sus patadas hasta ser algo realmente indignante. Sobrevivió España a la carnicería uruguaya y mira ya a los dieciseisavos de final sabiendo que, ahora sí, ya no hay red.