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El Alentejo, sinónimo de pasión y tradición

Resumen

En muchas ocasiones, no somos realmente conscientes de la dificultad que implica realizar ciertas tareas hasta que tenemos la oportunidad de contemplarlas de primera mano , es decir, con nuestros propios ojos. Esto fue precisamente lo que ocurrió durante el día de hoy en la visita al hogar, y al mismo tiempo trabajo, de José Cardoso , artesano dedicado a la construcción y reparación de instrumentos de cuerda , y especialmente vinculado a la Viola Campaniça . El taller, rodeado de guitarras, herramientas de trabajo y distintos moldes empleados en la elaboración de este instrumento, emanaba una atmósfera de tradición, costumbre y oficio difícil de igualar . A ello se sumaba la presencia de un alegre perro que no dejaba de buscar gente con la que jugar, ya fuera con su desgasta pelotita atada a una cuerda o con cualquier trozo de madera que encontrara por el suelo.

En muchas ocasiones, no somos realmente conscientes de la dificultad que implica realizar ciertas tareas hasta que tenemos la oportunidad de contemplarlas de primera mano, es decir, con nuestros propios ojos. Esto fue precisamente lo que ocurrió durante el día de hoy en la visita al hogar, y al mismo tiempo trabajo, de José Cardoso, artesano dedicado a la construcción y reparación de instrumentos de cuerda, y especialmente vinculado a la Viola Campaniça.

El Alentejo, sinónimo de pasión y tradición

El taller, rodeado de guitarras, herramientas de trabajo y distintos moldes empleados en la elaboración de este instrumento, emanaba una atmósfera de tradición, costumbre y oficio difícil de igualar. A ello se sumaba la presencia de un alegre perro que no dejaba de buscar gente con la que jugar, ya fuera con su desgasta pelotita atada a una cuerda o con cualquier trozo de madera que encontrara por el suelo.

La visita al taller artesano de José Cardoso supuso una experiencia tan inesperada como enriquecedora. En una sociedad como la actual, donde las grandes cadenas comerciales se están imponiendo sobre todo lo demás, resulta especialmente valioso encontrar espacios en los que todavía perduran elementos como el cuidado, la dedicación y la pasión por el trabajo. Este tipo de lugares merecen todo tipo de reconocimientos y comentarios positivos, ya que ayudan a mantener viva una forma de vida cargada de identidad, humanidad y que no debe morir nunca.

El Alentejo, sinónimo de pasión y tradición

Las tradiciones nunca mueren

Después, el día siguió su curso en el hotel Holiday Inn Beja, más concretamente en el restaurante Chaparro Alentejano, donde volvieron a ponerse de manifiesto algunas de las señas de identidad más reconocibles y características de la región del Alentejo: el buen vino y la abundante comida. Desde el momento de la llegada, la mesa ya estaba repleta de elaboraciones, entre las que destacaban la sopa alentejana, un plato con varios quesos y embutidos, así como una tabla de pan acompañada de aceite de oliva y mantequilla.

La velada transcurrió en un ambiente tranquilo y agradable, a lo que se sumaron los tradicionales cantes alentejanos interpretados por varios nativos de la región del Alentejo, los cuales sirvieron para dar forma a un momento especial. Este tipo de vivencias se salen de la norma, sobre todo si estás acostumbrado al día a día de una ciudad de la magnitud, la sobrepoblación y la gentrificación de Madrid.

Una vez finalizada la comida, y tras una breve parada en la ‘rooftop’ del Holiday Inn Beja, llegó el momento de despedirse de la ciudad de Beja para poner rumbo a Santo André. Antes de alcanzar el hotel Praia Santo André, aguardaba una última parada en Villa Black Pig, un espacio destinado para todo tipo de públicos, sin excepción. El lugar combina un pequeño zoo, ideal para que los más pequeños de la casa disfruten, con distintas zonas destinadas al ocio de los adultos, donde es posible tomar un sabroso y refrescante gin-tonic.

Santo André, un lugar con encanto

Conocer por primera vez Santo André supone descubrir un entorno distinto, tranquilo y dominado por la naturaleza. Mi primera impresión del lugar me llevó a comparar esta zona con espacios costeros como Gandía o Benidorm en temporada baja, aunque la realidad tiene poco que ver con esta creencia. Aquí, la tranquilidad, la ausencia de gente y el ritmo pausado no suponen un problema, ya que ayudan a dar forma al encanto natural que desprende Santo André.

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Si bien es verdad que el día no acompañaba, nublado y con amagos constantes de chaparrón, las vistas eran espectaculares. Por un lado, la playa completamente vacía; por el otro, un lago; y a la espalda, vegetación y naturaleza. Esperemos que mañana el tiempo respete en lo que serán los últimos compases en suelo luso… Manifestaré mucho para que eso ocurra.

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