Brasil: la pieza que le falta a la marea conservadora en América Latina
ResumenLos brasileños acuden este domingo a las urnas para decidir si otorgan un cuarto mandato a Luiz Inácio Lula da Silva, a sus 80 años, o si apuestan, por el contrario, por el nuevo líder de la ultraderecha brasileña, el senador Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, que cumple 27 años de prisión domiciliaria por intentar dar un golpe de Estado tras perder las elecciones en 2022. Las últimas encuestas señalan que Lula parte con una ventaja de cinco puntos sobre su principal rival, aunque ninguno llegará recibir el 50% de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta que, llegado el caso, se celebrará el próximo 25 de octubre. A favor de Bolsonaro juega el hecho de que las últimas elecciones presidenciales celebradas en América Latina (Chile, Perú y Colombia) se han alzado con el triunfo los candidatos de la derecha o de la extrema derecha, en sintonía con las filias personales y los deseos políticos del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump. Brasil, la primera economía de Latinoamérica, con una población de 214 millones de personas, es una pieza clave del mapa geopolítico.
Los brasileños acuden este domingo a las urnas para decidir si otorgan un cuarto mandato a Luiz Inácio Lula da Silva, a sus 80 años, o si apuestan, por el contrario, por el nuevo líder de la ultraderecha brasileña, el senador Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, que cumple 27 años de prisión domiciliaria por intentar dar un golpe de Estado tras perder las elecciones en 2022. Las últimas encuestas señalan que Lula parte con una ventaja de cinco puntos sobre su principal rival, aunque ninguno llegará recibir el 50% de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta que, llegado el caso, se celebrará el próximo 25 de octubre. A favor de Bolsonaro juega el hecho de que las últimas elecciones presidenciales celebradas en América Latina (Chile, Perú y Colombia) se han alzado con el triunfo los candidatos de la derecha o de la extrema derecha, en sintonía con las filias personales y los deseos políticos del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump. Brasil, la primera economía de Latinoamérica, con una población de 214 millones de personas, es una pieza clave del mapa geopolítico. No sólo es el país más influyente de la región a nivel global, sino que, además, es la primera potencia petrolífera de la región y unos de los principales productores del mundo de alimentos básicos como la carne y la soja. Además, cuenta con tierras raras, que se han convertido en el petróleo de la era digital y son objeto de deseo tanto por parte de Estados Unidos como de la Unión Europea y de China, que es el principal socio comercial de Brasil desde 2009. La campaña ha transcurrido en un ambiente muy polarizado. El propio Trump y su mayor aliado en la región, el presidente de Argentina, Javier Milei, han entrado en campaña, a favor de Bolsonaro. En julio, Milei viajó a São Paulo para apoyar públicamente a Bolsonaro e insultar a Lula, al que llamó "ladrón" y "presidiario". En respuesta, Brasil rebajó la relación con su gran socio sudamericano. La crisis continúa abierta. En cuanto a Trump, EEUU impuso a las exportaciones brasileñas aranceles del 25% y del 12,5% el pasado julio, por supuestas prácticas "discriminatorias" y uso de trabajo forzoso. Además, Washington intentó enviar una comitiva oficial para verificar la idoneidad del proceso electoral brasileño y visitar a Jair Bolsonaro. También presionó al ejecutivo brasileño para que diera las credenciales a su nuevo embajador en el país. Lula anunció que solo lo analizará después de las elecciones, a lo que Trump respondió retirando el visado a la embajadora brasileña en la capital estadounidense. En materia económica, el nuevo presidente de Brasil heredará un país en desaceleración, con unos tipos de interés en el 13,75% anual, la deuda pública al alza y un déficit que roza el 10%. En el lado contrario, la inflación se encuentra en niveles razonables, en el entorno del 4% y el desempleo apenas supera el 5% de la población activa con un número de ocupados de récord, 103,5 millones de personas. Los dos candidatos defienden metas comunes como la estabilidad fiscal, mantener la inflación bajo control y un mayor crecimiento económico. Sin embargo, ambos difieren en el papel que debe tener el Estado para alcanzar estos objetivos. Al Estado interventor defendido por el progresista, se contrapone el Estado mínimo del ultraderechista. Lula, con sus propuestas y políticas, se ha mostrado más intervencionista y desarrollista, ya que defiende la idea de que el Estado tiene un papel importante y estratégico en el desempeño de la economía; la idea de que el Estado puede acelerar el crecimiento e impulsar la demanda", explicó a Efe el economista Mauro Rochlin, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV). La propuesta de Bolsonaro, en cambio, defiende una menor intervención del Estado y una mayor desregulación del mercado para que las empresas operen con más libertad, agregó Rochlin. El candidato derechista presentó un programa de gobierno centrado en la reducción del tamaño del Estado, el equilibrio de las cuentas públicas, la reducción de impuestos y una mayor participación privada. Pese al elevado déficit nominal de Brasil, que en julio era equivalente al 9,34% del PIB y a una deuda pública que ya llega al 82,5% del PIB, Lula propone mantener el actual marco fiscal y combinarlo con un aumento de las inversiones públicas en infraestructura, industria y otros sectores estratégicos. Bolsonaro, en cambio, plantea un "tijeretazo" al aparato estatal con la eliminación de al menos diez ministerios, menos cargos de confianza y menores gastos administrativos. También propone retomar el Programa Nacional de Privatizaciones y ampliar las concesiones cuando considere que la presencia directa del Estado dejó de ser necesaria En la política industrial también existe una diferencia conceptual. Lula pretende profundizar un programa de incentivo a los industriales mediante crédito dirigido, compras públicas, contenido local e incentivos a sectores considerados estratégicos. En cambio, Bolsonaro aboga por reducir los costes de producción, aumentar la competencia, mejorar la seguridad jurídica y ampliar la apertura comercial. En energía, Lula reserva al gigante estatal Petrobras un papel estratégico en exploración, refino, transición energética e inversiones, mientras que Bolsonaro propone ampliar la participación privada en la explotación de petróleo y gas.