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La superioridad moral de la sonrisa

Resumen

Tenemos por un lado la España que madruga y, pasando el muro y cruzando el foso en el que desaguan las cloacas, la España que se acuesta con las cuentas del rosario de Iván Redondo, posibilista de reconocido desprestigio ético para quien de aquí al último domingo de noviembre puede pasar cualquier cosa. La España que madruga, asustadiza por conservadora, no pega ojo y se levanta hecha un vendo. Los tiene Redondo acojonados, pendientes de cualquier señal, por imperceptible que sea, que los ponga sobre aviso y les dé margen suficiente para bajar a por papel higiénico. Marcha a la vista, que ahora dicen en el Adif cuando llamas por algo.Las amenazas de Redondo son transversales y afectan a todo dios, cada palo que aguante su vela.

Tenemos por un lado la España que madruga y, pasando el muro y cruzando el foso en el que desaguan las cloacas, la España que se acuesta con las cuentas del rosario de Iván Redondo, posibilista de reconocido desprestigio ético para quien de aquí al último domingo de noviembre puede pasar cualquier cosa. La España que madruga, asustadiza por conservadora, no pega ojo y se levanta hecha un vendo. Los tiene Redondo acojonados, pendientes de cualquier señal, por imperceptible que sea, que los ponga sobre aviso y les dé margen suficiente para bajar a por papel higiénico. Marcha a la vista, que ahora dicen en el Adif cuando llamas por algo.Las amenazas de Redondo son transversales y afectan a todo dios, cada palo que aguante su vela. A los profesionales y aficionados del sector de la televidencia nos toca estar pendientes de lo que pueda surgir con el programa de festejos –entrevistas y debates; cara a cara de perro sanchista– que, Dios mediante, va a amenizar estas desconcertantes semanas de otoño. Que si verás tú cuando Abascal vaya a lo de Broncano, que si espérate tú a lo Jordi Wild y pamplinas por el estilo. Es lo que tienen los estados de alarma, excepción y sitio.Sin las altas capacidades adivinatorias de Aramís Redondo, nos limitamos aquí a rebobinar lo ya emitido, documentación en la que destacan, agua y aceite, dos entrevistas reveladoras: la de Óscar Puente en el programa de Cristina Pardo (9 de septiembre) y la de Miguel Tellado (el pasado martes) en el comisariado de Intxaurrondo, aún habilitada para ejercer el mismo periodismo contra el que firmó una orden de busca, captura y censura. Ambas entrevistas parten de la preparación previa de sus respectivas autoras, ejercicio que pasó por alto un Puente al que sus asesores hicieron creer que iba a algo parecido a 'El hormiguero'. Tellado, en cambio, sabía de sobra por dónde iban los tiros de una Intxaurrondo que dispara con pólvora del rey republicano, o puto amo. El primero salió escaldado y el segundo, ileso, pero es la actitud de las dos entrevistadoras la que marca la diferencia y la distancia. La una se pone seria, lo normal, y la otra exhibe en todo momento y en un alarde de técnica maxilofacial su risita chulesca de perdonavidas, marca de la casa de Ferraz. Lo casual, lo normal.«Dientes, dientes, que es lo que les jode», que cantaba Isabel Pantoja en 'La fuerza del amor'. Si no de bailar, nos vamos a hartar de verlos sonreír.