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El Mundo ·

El cuento de hadas de dos horteras

Resumen

El análisis político del beso que Pedro Sánchez y Begoña Gómez se han dado en un mitin voy a dejárselo a Iván Redondo y sus aprendices, los culpables de esta degradación. España, ya lo sabíamos, es un plató de televisión colocado entre Francia y Marruecos. Aquí nunca ha habido ciudadanos, sino más bien espectadores. Gente ávida de historias, gustosa de espiar por el ojo de la cerradura la habitación de los demás, con ganas de conocer los mecanismos que llevan a un tipo con ambiciones políticas a casarse con la hija de un administrador de saunas.

El análisis político del beso que Pedro Sánchez y Begoña Gómez se han dado en un mitin voy a dejárselo a Iván Redondo y sus aprendices, los culpables de esta degradación. España, ya lo sabíamos, es un plató de televisión colocado entre Francia y Marruecos. Aquí nunca ha habido ciudadanos, sino más bien espectadores. Gente ávida de historias, gustosa de espiar por el ojo de la cerradura la habitación de los demás, con ganas de conocer los mecanismos que llevan a un tipo con ambiciones políticas a casarse con la hija de un administrador de saunas. Un espectador disfruta y llora, ama y acaba traicionado, odia también y alegra su rutina con las cuitas de otros, pero no critica. Vive en un estado de excitación constante que apaga la rendición de cuentas. Este país es un portaviones donde los listos aterrizan de vez en cuando. Y en los últimos ocho años -"los últimos ocho años" podría ser el estribillo de la degradación, un mantra y un espejo- han aterrizado todos los listos con una ideaca guardada en el bolsillo como justificación de lo injustificable. Iván Redondo o cualquier criatura de este tipo, dedicada a la exposición de humo, diría que el beso inaugura una nueva etapa o algo así. Son tan previsibles. Encendería una bombilla y la pasearía por cualquier plaza con la intención de distraer lo importante. A mí ya no me la dan con queso. No voy a caer en la invitación a buscar el sentido celestial de los actos que llevaban a cabo simples mortales aprovechados, que han encontrado en la política, en la gestión administrativa de un Estado, un resort. Ahí reside el problema de este reality al que llamamos política. Hemos asimilado como genios o como villanos o como estrategas a dos horteras con apetito por el dinero. Sus ínfulas son nuestros problemas. Son los jefes de Estado de Serie B, los reyezuelos de las autonomías de esta democracia bananera que viven su particular cuento de hadas financiado por todos. Voy a regalarle a Begoña Gómez un consejo. No te descuides. Da la campaña por perdida. Sus "te quiero" llevan veneno. Pedro Sánchez salió en un mitin con la bandera de España y acabó entregándola a cambio de siete votos. Presta atención a sus impulsos, Acuario.