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El síndrome del impostor en la élite: "Soy un farsante"

Resumen

Estoy viviendo un momento muy especial, pero, si soy sincero, a veces sufro el síndrome del impostor. En el último partido contra el Real Madrid me dije: ‘¿Dónde estoy?’. Luego en el campo, con esas estrellas, llegan pequeños éxitos: un partido ganado, un gol en la Champions... David Hancko hizo esas declaraciones en el arranque de la semana, al aprovechar su concentración con la selección para recibir el premio al jugador del año 2025 en Eslovaquia.

Estoy viviendo un momento muy especial, pero, si soy sincero, a veces sufro el síndrome del impostor. En el último partido contra el Real Madrid me dije: ‘¿Dónde estoy?’. Luego en el campo, con esas estrellas, llegan pequeños éxitos: un partido ganado, un gol en la Champions... Siento gratitud e intento disfrutarlo”. David Hancko hizo esas declaraciones en el arranque de la semana, al aprovechar su concentración con la selección para recibir el premio al jugador del año 2025 en Eslovaquia. “A veces creo que puedo sufrir el síndrome del impostor. Aunque durante el calentamiento mencionen mis logros, no me los creo. Pero el tenis no miente, la pelota no miente, así que mi entrenador me insiste: ‘Recuerda quién eres, eres una buena jugadora’. Me lo ha estado repitiendo constantemente. A veces lo creo, otras veces no”. Tomando el relevo, la tenista Coco Gauff también se sinceraba. Lo hizo, por cierto, después de una victoria, ocupando el cuarto puesto en el ranking mundial y con dos Grand Slam individuales en el zurrón... “Imagina que tienes que escribir este reportaje y que piensas que no eres bueno escribiendo. Ni siquiera lo crees aunque te lo digan los demás...”, introduce en su charla con MARCA Cristina Bushell, psicóloga especializada en el síndrome y directora del centro que lleva su apellido. “Todo el mundo te aplaude y te reconoce, pero sientes que los tienes engañados y eso te hace sufrir. Es una cuestión de las expectativas que te has creado tú mismo o que te han creado alrededor”, asegura, sumando en lo que al deporte respecta nombres como los de Michael Jordan (sobre los fracasos están modelados los éxitos, entendiendo el error como una forma de crecimiento), Michael Phelps (patrones de pensamiento autodestructivos habiendo ganado 28 medallas olímpicas) o Serena Williams (vulnerabilidad incluso en la cima)... “El síndrome del impostor se traduce en que uno alcanza un nivel para el que duda estar preparado, teniendo en cuenta las competencias necesarias para dar respuesta a la exigencia”, aporta asimismo a este diario José Carrascosa, psicólogo del deporte y director de ‘Saber competir’. “Es bastante normal, la gente se sorprendería. Se suele aludir al exceso de confianza de los deportistas, pero en casos como éstos se peca por escasez. En cuanto a perfil personal suelen ser personas reservadas, tímidas, hiperresponsables, perfeccionistas, autocríticas... muy severas consigo mismas. Les cuesta disfrutar y viven con inseguridad porque se sienten evaluados, siempre en el centro de las miradas”, desarrolla. “No se trata de una enfermedad, ni siquiera de un trastorno, porque nuestra autoestima no es lineal, sino que fluctúa. Es una condición psicológica. Vivimos con una exigencia que no permite el error y llegamos al punto de maximizarlo pensando que nosotros somos ese error y que los demás no se han dado cuenta aún. Cuando se produce un logro, el que sufre el síndrome lo achaca más a la suerte que a su habilidad”, matiza Bushell, exposición con la que muestra su acuerdo Carrascosa: “Las personas tendemos a explicar lo que nos pasa en función de nosotros mismos o de factores externos. El síndrome alude a la fortuna, al entrenador que ayuda, al esfuerzo puntual, en vez de fijarse en atribuciones internas: estoy preparado, he subido mi nivel... Se trata de un sesgo a nivel cognitivo”. Entre los distintos tipos de ‘impostores’ están el perfeccionista (necesita un resultado inmaculado en todo lo que hace), el superhéroe (intenta trabajar más que los demás), el experto (siente que nunca sabe lo suficiente), el genio natural (cree que todo debe ser fácil) o el individualista (piensa que pedir ayuda es una señal de debilidad), más allá de que haya una sintomatología similar que alude a las dudas persistentes sobre uno mismo, al miedo a ser ‘descubierto’, a la ya citada atribución del éxito a factores externos y a la minimización de los logros propios... “Pensamientos negativos, autoimagen distorsionada... sensación de fracaso, en suma”, incluye Bushell. “El síndrome también puede venir por el entorno familiar, educativo o deportivo de personas que no se valoran o que interiorizan que no valen. Se ve venir y se debe prevenir, porque hasta cierto punto es fácil de detectar para los que trabajamos en esto. Si un deportista sufre, saltan las alarmas”, desliza Carrascosa. “Existe cierta creencia popular resumida en una frase, ‘con lo que ganan...’, pero no todos estamos tan expuestos a una exigencia máxima ni somos examinados ante millones de personas”, afirma, poniendo el foco de nuevo en el deportista de élite. Así que conviene atender otra vez a los que han configurado una carrera como tales... “Soy humano”, afirmaba Stephen Curry en una producción de CNBC Sport centrada tanto en su carrera como en sus ambiciones empresariales. “Como todo el mundo, uno tiene dudas sobre sí mismo y, a veces, sufre el síndrome del impostor”, continuaba entonces el que por lo individual es uno de los mejores tiradores de la historia y por lo colectivo ganador de cuatro anillos de la NBA. “No estoy eufórico, porque cuando estoy recibiendo el premio me digo que soy un farsante y que yo no merezco eso”, desmenuzaba recientemente Ricky Rubio, en alusión a un momento de reconocimiento público general como el de recibir el MVP tras el Mundial 2019. ¿Y hay tratamiento? “Lo primero, efectivamente, es ser capaces de reconocerlo. Luego existen técnicas para sobrellevarlo y estrategias de superación”, explica Bushell. “La psicología tiene muchas corrientes y cada una de ellas trabaja desde distintas perspectivas, con unas herramientas u otras, pero lo importante es sumar desde la que se utilice”, desmenuza. Terapia cognitivo-conductual, terapia de grupo, mindfulness y meditación, mentoría y coaching... Muchas ramas, pero con un objetivo común. “La confianza se entrena para que cada uno tenga la llave de la suya propia, sin esperar a que te la dé otra persona. Se trabaja a nivel cognitivo ajustando pensamientos, así como reconduciendo y en su caso resolviendo el exceso de responsabilidad. Hay que orientarse más a la tarea que al rendimiento”, certifica Carrascosa. “Es una sensación que puede tener cualquiera, nosotros trabajamos también con muchos directivos de empresas, pero en el caso del deporte es fácil que haya ese periodo de dudas. El síndrome del impostor se produce cuando uno entiende que no llega a lo que se exige”, cierra Cristina. “Se da bastante más de lo que se imagina y no es exclusiva, pero es cierto que el deporte de élite es un caldo de cultivo en el que resulta fácil que aparezca. Son personas con una evolución o proyección más rápida, que genera incluso vértigo. así que terminan dudando de ser tan buenos como los demás les dicen que son”, completa José. Tras superar los siete metros, la saltadora de longitud francesa Hilary Kpatcha buscó una explicación que no pasara por sus méritos: “Me dije a mí misma: ‘¿Cómo es posible?’ No lo vi venir y sentí que algo había pasado. Saber que todo era correcto fue un verdadero shock. Ni siquiera estaba feliz”.