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El Mundo ·

Un muerto por hantavirus en la planta 3; bingo, pingüinos y gin&vodka fizz en la planta 5: así navegó el MV Hondius mientras avanzaba el brote mortal

Resumen

El contagio mediáticodel brote que tiene en jaque a la Organización Mundial de la Salud empezó en un lugar improbable: la página 2 de la revista mensual municipal de Haulerwijk, una pequeña localidad de unos 3.000 habitantes al norte de los Países Bajos. «Cuando los pájaros emprenden el vuelo...». Así arranca la esquela, junto a la silueta de un ave, que informa de la muerte «durante su viaje de regreso tras una gira por Sudamérica» de L. S., holandés de 70 años, y de su mujer M.S-H., de 69.

El contagio mediáticodel brote que tiene en jaque a la Organización Mundial de la Salud empezó en un lugar improbable: la página 2 de la revista mensual municipal de Haulerwijk, una pequeña localidad de unos 3.000 habitantes al norte de los Países Bajos. «Cuando los pájaros emprenden el vuelo...». Así arranca la esquela, junto a la silueta de un ave, que informa de la muerte «durante su viaje de regreso tras una gira por Sudamérica» de L. S., holandés de 70 años, y de su mujer M.S-H., de 69. Cuando se publica la necrológica nadie en el planeta sabe todavía que estos entusiastas de la vida animal, muy reconocidos en su pequeña comunidad, han muerto por una cepa contagiosa de hantavirus vinculada al MV Hondius. El hombre se había encontrado mal el 6 de abril, ya en el crucero, que había partido desde Ushuaia (Argentina) unos días antes con destino Cabo Verde, pasando por el camino por los lugares más remotos del mundo. Debió dirigirse a la cubierta 3 del barco, la más humilde de una travesía de decenas de miles de euros. Allí se mezclan los camarotes más simples con la enfermería y la cabina del doctor. Es la zona cero. El paciente refiere fiebre, diarrea y dolor de cabeza mientras sus compañeros se someten a estrictos controles de bioseguridad. No por el hantavirus, sino porque es el protocolo habitual para desembarcar en las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, donde se encuentran fondeados en ese momento. Visitan glaciares y la estación ballenera abandonada de Grytviken, con su museo, su iglesia, su cementerio y su oficina postal. Se mezclan con enormes colonias de pingüinos e incluso presencian una espectacular pelea entre dos ejemplares de elefante marino. Todo eso lo graba Jake, un entusiasta de la zona antártica y de los lugares remotos que también va embarcado en el MV Hondius. Como sus compañeros de aventura, regresa extasiado al barco para emprender cuatro días de navegación hacia el territorio británico de Tristán de Acuña. A bordo hay charlas y exposiciones de la tripulación, incluida una de la oceanógrafa española Aitana. Como actividad destacada, cada día se repasan todos los tipos nuevos de aves que se han avistado esa jornada. Se sigue con gran detalle la misión Artemis y su aventura en la Luna. E incluso los pasajeros se juntan en uno de los salones del barco para seguir el amerizaje de los astronautas en el Océano Pacífico. En otro lugar del barco, alrededor de ese momento, el holandés L.S. fallece. Esa tarde hay una degustación de helados en el salón principal de la cubierta 5. El cóctel del día es el gin and vodka fizz. Para saber másGalicia. El gallego a bordo del crucero afectado por el hantavirus es un ornitólogo de Cariño (La Coruña): "No os alarméis pero están pasando cosas en el barco"Redacción: ANA MARÍA ORTIZ Redacción: DANIEL J. OLLERO El gallego a bordo del crucero afectado por el hantavirus es un ornitólogo de Cariño (La Coruña): "No os alarméis pero están pasando cosas en el barco" Han pasado cinco días desde que el fallecido reportó sus primeros síntomas. Y su cadáver pasará a bordo casi el triple de tiempo, 13 días, hasta que pueda ser desembarcado en Santa Elena, la isla en la que murió desterrado Napoleón Bonaparte. En Tristán de Acuña no hay aeropuerto. Entre medias la nave sigue adelante, imperturbable, a excepción de la mujer que acaba de perder a su marido y no tiene ninguna manera de escapar de allí. El resto de pasajeros visita la isla y se trae de recuerdo langostas de roca, un producto de lujo que esa misma noche preparará el chef indio al frente de las cocinas del barco. Las sirve con un acompañamiento de risotto, verduritas y medio limón a la plancha. Así era la experiencia a bordo del MV Hondius, el buque afectado por un brote de hantavirusEL MUNDO Durante esos días se dan clases grupales para reconocer ballenas picudas. Hay una noche de Trivial, que se juega en equipos de cuatro a seis personas. Algunos participantes se disfrazan de pingüinos y el ambiente, pese a la pérdida del pasajero que ha fallecido hace unas horas, es animado. Hay hora feliz en el bar, que está lleno. Un día, uno de los más jóvenes de la expedición coge la guitarra y otro, más veterano, pone la voz cantando Johnny B. Goode, de Chuck Berry. No hay, en ese momento, nada que haga pensar que allí se está gestando la gran crisis sanitaria que se desbocará después. Al hombre fallecido no se le realiza ningún test microbiológico. Tampoco habría habido lugar al que enviarlo para su análisis, en caso de haberlo hecho. Es la muerte de un hombre de 70 años en un entorno en el que hay otros muchos hombres y mujeres de, aproximadamente, la misma edad. No es la primera persona que muere en un barco y nadie más presenta síntomas. Un influencer dentro del crucero con casos de hantavirus: "Queremos volver a casa"@jakerosmarin Hasta que su mujer lo hace. Se encuentra mal del estómago. Aprovechando que el cadáver de su marido se desembarca en Santa Elena, ella abandona la travesía también. Otras 29 personas finalizan su viaje en la isla napoleónica y vuelven a sus casas. La infectada se dirige a Johannesburgo el 24 de abril en el único vuelo semanal que sale de la isla. Durante el trayecto su estado empeora considerablemente. Al poco de llegar al hospital, ya en Sudáfrica, muere. Exactamente al mismo tiempo, un tercer paciente empeora a bordo del MV Hondius, que ya navega hacia la Isla de Ascensión, desde donde es evacuado a Johannesburgo. Permanece ingresado. Allí se realiza la primera PCR que identifica, el 2 de mayo, el hantavirus como causa. Ese mismo día, en el crucero que ya va rumbo a Cabo Verde, muere una mujer alemana, la tercera víctima mortal del brote, tras cuatro días de síntomas. ¿Y mientras? En el barco los pasajeros que quedan admiran el cielo ecuatorial y pasan el rato haciendo ganchillo, una de las actividades más demandadas. Juegan, en un bingo musical, a identificar las melodías de Harry Potter, Los Cazafantasmas, Titanic... Se siguen sirviendo comidas y bebidas. En una de las cubiertas cantan: «Para bailar la bamba...». El barco acelera hacia su destino, hasta que la confirmación de las PCR de los evacuados hace saltar todas las alarmas y la situación descarrila. El ambiente festivo se sustituye por confinamientos en los camarotes y movimientos restringidos para el pasaje y la tripulación, entre los que hay 14 españoles. Mientras se suceden las evacuaciones, incluida la del médico británico de 56 años de la cubierta 3, que no ha resistido a la exposición repetida a los enfermos, dentro esperan acontecimientos. Son reacios a hablar. Jake hace de portavoz: «Estamos bien y mantenemos buen espíritu. Sólo somos gente que quiere estar a salvo y, eventualmente, volver a casa con nuestras familias».