"Está tocado y harto"
ResumenArbeloa llegó al banquillo del Real Madrid como el pacificador, una denominación rimbombante digna del que acude a una lucha de tribus urbanas. De momento se ha desencontrado con Carvajal, con Asencio, con Ceballos y hay semanas para ampliar el grupo. Eso sí, ha engrasado el romance con Vinicius, Vini para él, un hecho por el que la gente no va a Cibeles. En el caso de Carvajal, el crío que puso la primera piedra de Valdebebas, ya se vio en La Cartuja que hubo minutos para Alaba y Manuel Ángel, entre otros, pero no para él.
Arbeloa llegó al banquillo del Real Madrid como el pacificador, una denominación rimbombante digna del que acude a una lucha de tribus urbanas. Se va a ir como el de los desencuentros. De momento se ha desencontrado con Carvajal, con Asencio, con Ceballos y hay semanas para ampliar el grupo. Eso sí, ha engrasado el romance con Vinicius, Vini para él, un hecho por el que la gente no va a Cibeles. En el caso de Carvajal, el crío que puso la primera piedra de Valdebebas, ya se vio en La Cartuja que hubo minutos para Alaba y Manuel Ángel, entre otros, pero no para él. La inteligencia artificial no sirve para que se conozca lo que pasa por el cerebro del capitán. Los finales contra Alavés y Betis desnudaron el estado de las tuberías. Cuando terminó el partido contra los vitorianos, Mbappé entregó su camiseta a Quique Sánchez Flores y se encaminó con cara de acelga al vestuario sin esperar a nadie. Minutos antes había mostrado su malestar en varias jugadas con Vinicius, empeñado en 'fumarse' balones sin parar, denominación de origen de campo de barrio. En La Cartuja, otra vez frustrado, el francés se marchó a la banda con una sobrecarga, esa dolencia de la que se van a colgar futbolistas de medio mundo ante la cercanía del Mundial. Mbappé está lesionado y harto. Mbappé, con su ración de responsabilidad correspondiente, apareció por el Bernabéu para ganarlo todo, no para perderlo todo. La principal sobrecarga de Mbappé es de cabreo. La UEFA ha sancionado a Prestianni con seis partidos. No se ha podido demostrar el racismo, pero sí la homofobia. El futbolista, una catarata de sabiduría, reconoció esos insultos como al que paran en un control de tráfico y lo primero que dice al policía es que no ha cometido un asesinato, pero que lleva tres kilos de cocaína escondidos en una rueda al lado de un saco de diamantes robado a mano armada. Prestianni también merecía una sanción por estirarse la camiseta para taparse la boca durante media hora, situación que hacía intuir que no estaba preguntando a Vinicius por Copacabana. Antes los futbolistas se insultaban a palo seco en el área pequeña como si ahí se reunieran John Wayne, Lee Marvin y Richard Widmark. Ahora, por culpa de los especialistas labiales, los protagonistas hasta se felicitan con un toldillo manual. La tecnología ha quitado encanto a los bajos fondos. Otro desencuentro.