El bloqueo de los fertilizantes acelera alternativas que no utilizan gas natural
ResumenLos efectos más inmediatos del bloqueo en el estrecho de Ormuz se centran principalmente en el precio del petróleo y del gas. Durante el primer mes de ofensiva en Irán y Líbano, los bolsillos han notado un incremento de más del 50% en lo que pagamos por la gasolina. Sin embargo, otra crisis se cierne sobre la cadena de suministro: la alimentaria. Por este esencial parche de mar pasan alrededor de un tercio de los fertilizantes necesarios para los cultivos de todo el mundo.
Los efectos más inmediatos del bloqueo en el estrecho de Ormuz se centran principalmente en el precio del petróleo y del gas. Durante el primer mes de ofensiva en Irán y Líbano, los bolsillos han notado un incremento de más del 50% en lo que pagamos por la gasolina. Sin embargo, otra crisis se cierne sobre la cadena de suministro: la alimentaria. Por este esencial parche de mar pasan alrededor de un tercio de los fertilizantes necesarios para los cultivos de todo el mundo. Urea (34%), amoníaco (23%), fosfatos (20%)... Sin ellos, el sistema de alimentación global está en riesgo. Lo avisan desde la Organización Mundial de la Salud, desde la Organización Mundial del Comercio o desde las grandes productoras de fertilizantes. La noruega Yara International es una de ellas, y su jefe ejecutivo, Svein Tore Holsether, advierte de que este "conflicto regional" conlleva unas "implicaciones globales que afectan directamente al sistema de alimentación". ¿La solución? Evitar la dependencia de los fertilizantes que pasan por Ormuz, es decir descentralizar el mercado. A más de 12.000 kilómetros de distancia se encuentra la Universidad de Sídney. Allí ha nacido un proyecto convertido en empresa -PlasmaLeap- que busca desde hace siete años alejarse del proceso Haber-Bosch, que ha reinado en la industria agroalimentaria desde el siglo XIX y que en la actualidad es responsable del 90% del amoníaco que se produce en el mundo. Dos premios Nobel -Fritz Haber, en 1918, y Carl Bosch, en 1931- y más de 400 toneladas de emisiones de CO2 al año después, un grupo de ingenieros químicos y biomoleculares radicados en Australia, junto a otras muchas voces, tildan esta técnica de caduca. La alternativa que proponen utiliza un reactor de plasma para producir amoníaco verde a partir de aire, de agua y de electricidad renovable. Su propuesta ha atraído a gigantes como la propia Yara International o la Fundación Gates, quienes han contribuido a una financiación total de alrededor de 18 millones de euros. Estos dos apoyos se concretaron antes del conflicto en Oriente Próximo y el interés ha incrementado a posteriori en la carrera por salvaguardar el suministro mundial de fertilizantes. Para saber másPodcast. La crisis del queroseno: cómo la guerra de Irán golpea a las aerolíneas (y tus vacaciones)Redacción: JAVIER ATTARD La crisis del queroseno: cómo la guerra de Irán golpea a las aerolíneas (y tus vacaciones)Dinero e inversión. Por qué sube el precio de los tomates por la guerra en Irán: el largo viaje de los fertilizantes desde OrienteRedacción: LAURA DE LA QUINTANA (Texto)Redacción: CINTA FOSCH (Ilustraciones.)MadridPor qué sube el precio de los tomates por la guerra en Irán: el largo viaje de los fertilizantes desde Oriente El profesor PJ Cullen es una de las mentes detrás de la propuesta. "No tiene ningún sentido crear nitrógeno donde hay gas natural barato, emitir CO2, usarlo en un producto, transportarlo en barco por el mundo y aplicarlo", explica a El Mundo. Su motivación inicial fue la sostenibilidad, aunque el Covid y la guerra en Ucrania -Rusia es uno de los mayores productores de fertilizantes- lo convirtieron en una cuestión de seguridad alimentaria. La inestabilidad global a raíz de Ormuz ha elevado su propuesta a otro nivel de necesidad. "Esta idea de modelo centralizado funcionaba pero ahora estamos viendo lo que está sucediendo por razones geopolíticas", prosigue. "Es un producto crítico que no debería depender de esta cadena de suministro". Cullen propone otra manera de elaborar fertilizantes que no dependa del gas natural. "Se disocia el nitrógeno con plasma y luego se une con oxígeno. Podemos fabricar amoníaco y producirlo localmente, en el mismo lugar", afirma. "Hemos desarrollado con éxito un método que permite convertir el aire en amoníaco gaseoso mediante electricidad. Un gran paso hacia nuestros objetivos", asegura. El proceso Todo comienza en un cilindro donde se electrifica el aire y se crea una intensa columna de plasma. Como si se tratara de un rayo constante, las moléculas de nitrógeno y oxígeno pasan a una caja plateada -un electrolizador de membrana- donde se produce la conversión a amoníaco gaseoso. Mientras Haber-Bosch se basa en una producción centralizada, con gran presión, altas temperaturas y que utiliza combustibles fósiles, esta propuesta nacida en la Universidad de Sídney ofrece un enfoque descentralizado, a baja temperatura y basado en energías renovables. El proyecto aún está en fase piloto y, si se demuestra su eficiencia y capacidad de producción a escala, anticipa un cambio a medio plazo. "Sustituir el proceso de Haber-Bosch con los millones de toneladas que produce no será algo que pase de la noche a la mañana", apunta Cullen, quien confirma que el objetivo de su modelo es que lo usen las grandes compañías de fertilizantes a nivel local, aunque de manera global. "Sería necesario manufacturar la tecnología a bajo coste en diferentes países". Tomando como ejemplo España, con gran presencia de energía solar y eólica, el método plasma usaría energía excedente para producir fertilizantes de nitrógeno aplicables a cultivos locales. Cullen explica que su tecnología es "flexible", se adapta a la red eléctrica y "convierte el exceso de energía renovable en fertilizantes útiles, ayudando a estabilizar la red y reduciendo la dependencia de baterías caras". Esta propuesta con sello australiano encaja en el mapa de alternativas al proceso Haber-Bosch. Hay otras, como una evolución más ecológica del modelo predominante, que usa hidrógeno verde; el método de electroquímica directa -consigue amoníaco a partir de la reducción de nitrógeno con agua o hidrógeno-; la biológica -nitrógeno a partir de microorganismos o enzimas-; la fotocatálasis o los catalizadores químicos. "Dentro de las innovaciones hay sitio para todos si queremos huir de lo que tenemos en la actualidad. Necesitamos un reemplazo total o parcial de Haber-Bosch", sentencia Cullen. En juego está el medioambiente y la fragilidad del sistema alimentario mundial, sometido a la voluntad quiénes eligen caos en lugar de estabilidad.