"Una falta de humanidad que no entiende el aficionado del Madrid"
Resumen“No falla, el Madrid y las despedidas de sus leyendas”. Así de contundente se muestra un amigo, madridista de cuna, en un grupo de WhatsApp nada más conocer el tiempo de baja de Dani Carvajal y todo lo que ello implica. “Es difícil hacerlo peor”, sentencia otro. Por eso, la pregunta es obligada: ¿por qué le cuesta tanto al Real Madrid despedir a sus leyendas como se han ganado sobre el césped?
“No falla, el Madrid y las despedidas de sus leyendas”. Así de contundente se muestra un amigo, madridista de cuna, en un grupo de WhatsApp nada más conocer el tiempo de baja de Dani Carvajal y todo lo que ello implica. “Es difícil hacerlo peor”, sentencia otro. Por eso, la pregunta es obligada: ¿por qué le cuesta tanto al Real Madrid despedir a sus leyendas como se han ganado sobre el césped? Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor... para nada. Y el aficionado sufre porque ha sentido como propios los grandes momentos de las leyendas blancas. Pero el club sobrevive porque prioriza el mañana sobre el ayer. Es una política fría, incluso cínica, pero históricamente efectiva. Pasó con Cristiano Ronaldo, el mejor jugador de la historia del Real Madrid. Pasó con Sergio Ramos. Y antes con Iker Casillas. Y con Raúl. Distintas circunstancias, mismos debates y una sensación repetida de final incompleto. Es duro. Y, seguramente, se puede hacer mejor. O al menos se debe. Es entendible que el Real Madrid no quiera convertirse en un museo de grandes recuerdos, pero hay cosas difíciles de comprender. La línea entre la exigencia y la falta de sensibilidad a veces es demasiado fina. Y ahí el club, en ocasiones, ha quedado señalado. La respuesta desde Valdebebas es clara: “El madridismo prefiere llorar a una leyenda un lunes y celebrar una Champions en mayo antes que ver las finales por televisión”. Un adiós sin flores porque el club blanco opera bajo la ley de la selva. No hay piedad, solo sobreviven los más fuertes. Desde esos famosos contratos año a año (en los que, en teoría, las leyendas eligen su destino, aunque con matices) hasta una realidad cada vez más evidente: en el Madrid todos tienen fecha de caducidad. Y quizá ahí está el verdadero motivo por el que cuesta tanto despedir bien a sus leyendas porque hacerlo implica mirar al pasado durante demasiado tiempo en un club que vive obsesionado con el futuro. Sin embargo, la frialdad en ocasiones son complicadas de entender. Y esa falta de humanidad... es la que no entiende el aficionado.