La cábala eterna del Madrid
ResumenEs habitual que un equipo de fútbol requiera de su mejor versión global para ganar la Copa de Europa. Así ocurrió con escuadras legendarias como el United de Matt Busby, el Ajax de Cruyff, el Bayern de Beckenbauer, el Milan de Sacchi, el Barça de Messi, el Inter de Mourinho o el City de Guardiola. Hasta el PSG de Luis Enrique, vigente defensor de la corona. Todos ellos dominaron sus ligas y la máxima competición europea, algo que también ha logrado, y de forma muy reciente, el Real Madrid, que ganó el doblete Liga-Champions en 2022 y 2024.
Es habitual que un equipo de fútbol requiera de su mejor versión global para ganar la Copa de Europa. Así ocurrió con escuadras legendarias como el United de Matt Busby, el Ajax de Cruyff, el Bayern de Beckenbauer, el Milan de Sacchi, el Barça de Messi, el Inter de Mourinho o el City de Guardiola. Hasta el PSG de Luis Enrique, vigente defensor de la corona. Todos ellos dominaron sus ligas y la máxima competición europea, algo que también ha logrado, y de forma muy reciente, el Real Madrid, que ganó el doblete Liga-Champions en 2022 y 2024. Pero no siempre fue así. De hecho, se puede decir que el Madrid es, también, el único club capaz de separar sus miserias domésticas de la gloria continental. Así ha ocurrido en demasiadas ocasiones como para que el madridismo no pueda evitar ilusionarse en la presente temporada, pese a lo bacheado del camino (dos títulos ya perdidos y el tercero, la Liga, de camino al sumidero), el cese de Xabi Alonso en enero y derrotas como la del pasado sábado en Mallorca, con una penosa imagen del equipo. Nada de eso es nuevo para el Madrid, que en la etapa moderna de la Copa de Europa (también en la de Di Stéfano, con sólo dos dobletes en las cinco primeras Copas de Europa) ha sabido desdoblarse en Europa pese a algunos periplos ligueros ciertamente pobres. La bisagra entre los siglos XX y XXI fue especialmente prolija en situaciones de este tipo, y también en Champions blancas. Se ganaron tres entre 1998 y 2002, saliendo de tres temporadas desastrosas. En la Séptima, el equipo estaba incluso en riesgo de quedar fuera de la siguiente edición del torneo, lo que evitó de forma dramática en la legendaria final de Ámsterdam ante la Juventus. Pese a que aquella Copa de Europa rompía una sequía de 32 años sin tocar la ‘orejona’, el desgobierno en el vestuario era tal que una semana después Lorenzo Sanz tomaba la decisión de destituir a Jupp Heynckes. La situación fue incluso más dramática en la temporada 99-00, con el equipo, esta vez sí, fuera de la siguiente Champions tras un curso liguero desastroso. La final de Saint-Denis era un match-ball a vida a muerte para los blancos ante un poderoso Valencia. Vicente del Bosque inventó para paliar las lesiones en defensa un trivote de centrales (Helguera-Karanka-Iván Campo) que sostuvo al Madrid en cruces críticos (United en cuartos y Bayern en semifinales) antes de imponerse con solvencia (3-0) en la final de París. También con Del Bosque llegó la Novena, en otra temporada crudísima en España, con un tercer puesto en Liga y la derrota ante el Dépor en la final de Copa el día del centenario blanco. El club, ya con Florentino en la presidencia y una plantilla cuajada de estrellas, salvó la temporada gracias a la volea de Zidane en Glasgow ante el Leverkusen. De todas formas, pocas veces se vio un Madrid tan bipolar como el de la 17-18, en pleno ciclo imperial de las tres Champions seguidas con Zidane. En esa última temporada del chamán francés, el Madrid acabó la Liga a 17 puntos del campeón, pero fue capaz de ganar la Copa de Europa gracias, sobre todo, a una inolvidable chilena de Bale en el Olímpico de Kiev ante el Liverpool. Una vez más, la cara buena se vio en Europa...