La España de las 'junas', la criptomoneda perroflauta: trueques, buenrollismo y peligrosa pseudomedicina
ResumenEn marzo de 2000, cuando empezó a estallar la burbuja puntocom, el francés Stéphane Laborde trabajaba como productor en una de las primeras empresas dedicadas al vídeo por internet. Había asistido al ascenso fulgurante de las compañías tecnológicas y vio después cómo se hundían bruscamente sus cotizaciones. Aquella crisis despertó su interés por el dinero y le llevó a preguntarse por qué solo unas pocas instituciones podían crearlo. En busca de una solución, imaginó un sistema en el que cada miembro de la red recibiría diariamente una nueva cantidad de moneda.
En marzo de 2000, cuando empezó a estallar la burbuja puntocom, el francés Stéphane Laborde trabajaba como productor en una de las primeras empresas dedicadas al vídeo por internet. Había asistido al ascenso fulgurante de las compañías tecnológicas y vio después cómo se hundían bruscamente sus cotizaciones. Aquella crisis despertó su interés por el dinero y le llevó a preguntarse por qué solo unas pocas instituciones podían crearlo. En busca de una solución, imaginó un sistema en el que cada miembro de la red recibiría diariamente una nueva cantidad de moneda. Después podría gastarla, ahorrarla o ganar más vendiendo bienes y servicios. Quedaba evitar la trampa más obvia: que alguien abriera cien cuentas y recibiera cien veces más. Para entrar en la red, otros miembros debían certificar que detrás de cada cuenta había una persona real y que no estaba registrada ya con otro nombre. En 2010, Laborde reunió sus ideas en su Teoría Relativa de la Moneda. Sus seguidores acabarían presentándola con una ambición poco modesta: "La primera moneda libre de la historia de la humanidad"; una experiencia "comunitaria, solidaria... ¡y quizás subversiva!". Después se desarrolló un programa capaz de añadir cada día nuevas unidades a las cuentas de los miembros certificados y registrar los pagos entre ellos. Y el 8 de marzo de 2017, 59 franceses activaron el sistema. Cada uno tenía una cuenta digital en la blockchain de 1 —un libro de cuentas donde quedan registradas las operaciones—, que podía consultar y manejar desde una aplicación llamada Cesium. Aquel primer día aparecieron automáticamente diez 1 en cada monedero: 590 en total. A partir de ese momento, fueron añadiéndose a su saldo nuevas junas, aunque su propietario no hubiera trabajado ni vendido nada. Quien se incorporaba después empezaba a recibir también la misma cantidad diaria que el resto. Al principio, aquellos saldos regalados no servían para nada porque no había nadie al otro lado dispuesto a entregar algo a cambio. Así que el paso decisivo fue convencer a alguien para que pusiera precio en junas a un saco de remolachas, una reparación, una noche de alojamiento o una clase de idiomas. La propia documentación para recién llegados lo explica con bastante menos solemnidad que la teoría monetaria: "Vacía tus armarios de las cosas que no usas", recomienda. Después propone vender "creaciones artesanales o culinarias" u ofrecer servicios. Así fueron apareciendo los primeros mercados. Un miembro llevaba verduras y regresaba con junas; después utilizaba parte de ellas para pagar a otro que arreglaba bicicletas. Ese mecánico podía gastarlas en pan, ropa usada o una sesión de masaje. Las mismas unidades comenzaban a pasar de una cuenta a otra y dejaban de ser un saldo gratuito para convertirse, dentro de aquella comunidad, en un medio de pago. La moneda salió de Francia gracias al boca a boca. Algunos españoles conocieron la 1 en encuentros franceses, abrieron sus primeros monederos y comenzaron a organizar charlas y mercados al otro lado de los Pirineos. Aquí acabó imponiéndose el nombre de "juna", una adaptación fonética de 1; también se oye yuna, porque ni siquiera existe una pronunciación oficial única. Y esa economía alternativa creció igualmente en España mediante mercadillos presenciales, grupos territoriales de Telegram y páginas de anuncios como Gchange o Girala, donde cada vendedor decide qué ofrece y cuántas junas pide. Nueve años después, la red conserva algo más de 7.000 miembros certificados en todo el mundo, concentrados sobre todo en Francia y España. La cifra ha disminuido desde los más de 8.500 alcanzados en 2024 porque la condición de cocreador debe renovarse y las identidades inactivas terminan desapareciendo de la red. En España, el último recuento detallado público que hemos localizado, de abril de 2024, registraba 466 miembros certificados y 2.170 cuentas si se añadían los monederos simples. Lo cierto es que el mapa de eventos y grupos locales elaborado por la propia comunidad española revela actividad en buena parte del país. En 2026 se anunciaban mercados o encuentros en Asturias, Euskadi, Navarra, Aragón, Cataluña, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Valencia, Baleares y Andalucía... Estos encuentros se han descrito en ocasiones como una especie de Wallapop rural. En Pamplona, una cocinera y consultora macrobiótica prepara menús, tartas de cumpleaños y dietas para perder peso íntegramente en junas. En Santander, un servicio de catering acepta la mitad del pago en la moneda "subversiva"; un fotógrafo de Donostia, solo el 25 por ciento. También se diseñan logotipos, se alquilan habitaciones y se ofrece terreno para caravanas. Hay, además, una gran reunión anual de esta comunidad llamada 1ntada. La sexta edición está convocada del 27 al 30 de agosto de 2026 en Río de las Peñas, cerca de Tudela. La 'quedada' permite observar el experimento en su forma más ambiciosa pero también muestra su principal límite. Para llevar a cabo ese encuentro, sus organizadores buscan acondicionar el lugar como espacio permanente y solicitan madera, palés, cemento, arena, pintura, herramientas y trabajo para levantar, entre otras cosas, baños secos. Pero para que la juna pueda pagar un saco de cemento, primero debe existir alguien dispuesto a comprarlo en euros y desprenderse de él a cambio de una moneda que no podrá utilizar para pagar la luz. Y esa es su impostura. La juna no ha levantado una economía paralela capaz de producir vivienda, energía, transporte, maquinaria o medicamentos. Ha colocado una unidad digital entre personas que, en buena medida, intercambian objetos usados, excedentes domésticos y horas de trabajo. Sobre el papel, es una teoría monetaria destinada a corregir una injusticia histórica. Sobre el terreno, consiste muchas veces en acudir a una pradera con un tarro de mermelada, una camisa usada y algo de comida para compartir o intercambiar mediante trueque. Nadie vendería su coche nuevo ni a cambio de un billón de junas. Los propios usuarios de la moneda han creado incluso un verbo para toda esta impostura: junear. En La Vecilla de Curueño invitaban a vivir «la experiencia divertida de apreciarse». Lo de "apreciar" es el eufemismo que utilizan para referirse al pago en junas. No todo es humo New Age, pero el catálogo de productos y servicios intercambiables mediante la moneda perroflauta tiene una inclinación difícil de ignorar hacia actividades que suelen describirse con términos como "conexión", "regeneración", "movimiento vital", "armonía", "aquí y ahora": cuanto más vaporoso es el sustantivo, menos euros se precisan. Los canales de actividades parecen a ratos el programa de una universidad popular concebida durante un retiro de ayahuasca: cursos de esperanto —"es bonito, divertido... y además es libre como la juna"—, software libre, autosuficiencia, hornos solares, plantas silvestres comestibles, baños secos, estufas rusas, "sintropía" y "canalización de linaje familiar". Esta última se promociona con una frase que captura como pocas el lenguaje pueril y autosatisfecho de una parte del ecosistema: "Si te vibra puedes escribirme por privado". En Francia, donde la 1 nació nueve años antes de que su versión española alcanzara cierta densidad, la degeneración ha sido tan visible que los propios junistas han acabado discutiendo en sus foros si la moneda estaba convirtiéndose en un "gueto para comerciantes de espiritualidad de pacotilla". En change proliferaron el reiki, la biorresonancia, la radiestesia y hasta los exorcismos. En España esto es igual o más notorio y alrededor de la 1 ha terminado reuniéndose así la reconocible comunidad ibérica de los creyentes en energías invisibles, los militantes antivacunas, los vendedores de remedios milagrosos, los instructores espirituales y los profesionales de disciplinas cuya principal batalla consiste en convencer al cliente de que la ausencia de pruebas forma parte de la prueba. El buenrollismo comunitario proporciona el decorado; la desconfianza hacia la medicina, el Estado y las instituciones aporta el pegamento ideológico para este zoco arcaico frecuentado por adictos al pensamiento mágico. —Agradezco tu interés, pero deberás contactar con otro miembro. Yo no confío en tu medio —responde Josepeuta desde su cuenta de Telegram cuando le pedimos que nos cuente qué encontró en las junas y por qué decidió incorporarse a aquella comunidad. Él mismo ha explicado en varias ocasiones que llegó al foro de la moneda libre en enero de 2021, declaró su intención de "formar parte activa" del nuevo modelo y trató de introducirlo en varios proyectos comunitarios de la zona de Sevilla. Dos años después, los organizadores del primer mercado 1 de Bollullos Par del Condado le confiaron la charla principal sobre la filosofía de la moneda, que explicó mediante una analogía con el Tao. Su trayectoria lo convierte en un ejemplo documentado —no de todos los juneros, pero sí de la facilidad con que la moneda ha conectado con la charlatanería. Al presentarse ante la comunidad afirmó que su "profesión" era la medicina y describió su formación como Heilpraktiker y medicina tradicional china. Josepeuta es también un conocido miembro del movimiento antivacunas. Él mismo afirmó haber colaborado en 2020 en la creación de Médicos por la Verdad y Ciudadanxs por la Verdad España, dos de las plataformas que durante la pandemia combatieron las medidas sanitarias y difundieron afirmaciones falsas sobre la covid. En esa misma línea, Josepeuta se sirve de Girala para ofrecer MMS —una solución de clorito sódico utilizada como blanqueante y desinfectante que, al activarse con un ácido, libera dióxido de cloro—, CDS —dióxido de cloro ya disuelto en agua—, DMSO y peróxido. Lo proporciona "incluso para uso intravenoso". En la misma ficha enumera ictus, esclerosis múltiple, ELA, lupus, alzhéimer, párkinson, cardiopatías o EPOC entre las dolencias en las que dice estar especializado. No afirma que cure todas ellas, pero las coloca dentro del escaparate comercial de esos tratamientos. "No hay ninguna eficacia demostrada para tratar con MMS ninguna enfermedad y su consumo puede causar intoxicaciones graves", confirma a Crónica Joan Carles March, especialista en Salud Pública y profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública. "No se recomienda para fines terapéuticos ni mucho menos como medicamento". Lo interesante para lo que nos ocupa es que Josepeuta ofrece la posibilidad de "apreciar" el cien por cien del servicio en junas, con una excepción muy llamativa: "Gastos de desplazamiento aparte". La moneda alternativa sirve para enfrentar enfermedades graves o mortales con un desinfectante peligroso, pero la gasolina para llevarlo hasta el paciente ha de "apreciarse" en euros. Nadie dentro de la comunidad ignora que las junas no sirven para tomarse un café en el bar de Manolo. La revolución monetaria de Laborde no será televisada porque termina exactamente donde empieza el mundo que no se deja organizar como un campamento de verano para creyentes. Han inventado el Monopoly antisistema: mientras dura la partida todos son banqueros revolucionarios; cuando acaba, guardan las junas y sacan la cartera para llenar el depósito de la furgoneta.