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Audrey Pascual, ¡oro con exhibición!

Resumen

Es la "Number One", como la llamaba su abuelo Aniceto. A él va dedicado el oro de Audrey Pascual en Supergigante. Es su segunda medalla en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina tras una plata en Descenso en la jornada inaugural. Este lunes se ha colgado el oro en el Supergigante con un tiempo de 1:17.82.

Es la "Number One", como la llamaba su abuelo Aniceto. A él va dedicado el oro de Audrey Pascual en Supergigante. También al resto de su familia. Es su segunda medalla en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina tras una plata en Descenso en la jornada inaugural. Este lunes se ha colgado el oro en el Supergigante con un tiempo de 1:17.82. Esta vez Anna-Lena Forster, su gran rival toda la temporada, fue descalificada al salirse de la pista. La plata fue para la japonesa Momoka Muraoka, que se quedó a +6.32 de la española y el bronce fue para la china Sitong Liu, a +7.09. Hoy Audrey no tuvo rival, dio una exhibición. La madrileña mantiene intactas sus opciones de hacer pleno de medallas. Mañana toca la Combinada. Como ya sucedió el sábado, la pelea por el oro iba a estar entre la madrileña y la alemana, campeona el sábado del Descenso y que acumula 10 medallas paralímpicas desde Sochi 2014. La española, que se quedó a cinco centésimas del oro el otro día, ya avisó de que hoy iba a salir con el cuchillo en la boca. Pascual salió la segunda y marcó un tiempo de 1:17.82. Había que esperar a ver a la alemana, que salía en la quinta posición, pero Forster no acabó la prueba. Ahí ya se supo campeona. Y ha subido al podio frente a su familia, que llegó ayer a Cortina. Su madre Laura, su padre Quique, su hermano menor Diego, que antes de la prueba confesaba estar "un poco nervioso" y un nutrido grupo de amigos -muchas de sus amigas de la infancia- y patrocinadores que la animaban desde la grada ataviados con gorras rosas de apoyo con el nombre de Audrey, su silueta esquiando, y una imagen de las montañas y las palabras 'Cortina 2026'. En total 35 personas.  En el grupo también hay muchos que pertenecen a la Fundación También, con la que empezó a esquiar en La Pinilla con 11 años y que sigue siendo uno de sus principales apoyos a día de hoy. "Son como mi segunda familia", confiesa Pascual. A su madre se le saltaban las lágrimas de la emoción antes incluso de comenzar la prueba, en cuanto vio a las primeras esquiadoras descender por la mítica Olympia delle Tofane. "A mí me suben las pulsaciones al doble. Paso de 60 a 120 de los nervios", confesaba Quique, su padre. Y cuando vio a su hija campeona paralímpica lloraba y lloraba de emoción Laura. "He llorado tanto que creo que tengo los ojos del revés ya", confesaba entre risas. Frente a los nervios de sus familiares y amigos, Audrey permanece serena pese a ser sus primeros Juegos y estar en todas las quinielas de medalla. No le está pudiendo la presión. Lo ha trabajado con su psicóloga Cristina, visualizando la pista desde hace meses, todos y cada uno de los detalles de competición para llegar a Cortina y sentir que ya lo había vivido todo. Y ese trabajo mental lo está demostrando cada día. "Le he dicho a mi psicóloga que hasta yo misma estoy sorprendida de lo tranquila que estoy. Sé que son unos Juegos, pero tengo la mentalidad de que es hacer lo mismo que llevo haciendo toda la temporada, sólo que hay gradas con público, pero que no es nada nuevo al final", analizó Audrey. La medalla de oro la colocará junto a la mesilla de la cama de su habitación de la Villa Paralímpica, donde comparte cuarto con María Martín-Granizo. "Ahí voy a ir poniendo todas", confesaba a MARCA tras ganar la primera. Al verlas cada mañana le recordará que está haciendo realidad su sueño desde niña porque Audrey, que ha practicado también natación, ciclismo, hípica y es campeona mundial de surf, siempre había deseado participar en una cita paralímpica. La madrileña, que nació con una agenesia bilateral (sin rodillas, tibias ni pies) y que lleva usando prótesis desde que tenía año y medio, es adicta a la velocidad y a la adrenalina desde niña.