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Expansión ·

Se exigen expertos, pero escasean los puestos para principiantes

Resumen

Una oferta de empleo publicada por Novartis en Barcelona el 2 de octubre nos sigue ayudando a comprender qué está cambiando en el mercado laboral. La farmacéutica busca un responsable de mejora de procesos capaz de revisar cómo se organiza el desarrollo de medicamentos, cuestionar procedimientos establecidos y conseguir avances medibles en productividad, calidad y cumplimiento normativo. La IA aparece entre las herramientas que debe manejar, junto con el análisis de datos y los métodos de organización del trabajo. Pero el verdadero requisito es mucho más exigente: saber qué conviene cambiar, cómo hacerlo y quién debe responder por los resultados.

Una oferta de empleo publicada por Novartis en Barcelona el 2 de octubre nos sigue ayudando a comprender qué está cambiando en el mercado laboral. La farmacéutica busca un responsable de mejora de procesos capaz de revisar cómo se organiza el desarrollo de medicamentos, cuestionar procedimientos establecidos y conseguir avances medibles en productividad, calidad y cumplimiento normativo. La IA aparece entre las herramientas que debe manejar, junto con el análisis de datos y los métodos de organización del trabajo. Pero el verdadero requisito es mucho más exigente: saber qué conviene cambiar, cómo hacerlo y quién debe responder por los resultados. La compañía también publicó el 12 de octubre otra búsqueda para dirigir la transformación de la formación corporativa. En este caso, necesita un profesional que ayude a los empleados a aprender nuevas capacidades y adoptar otras formas de trabajar. Son dos puestos muy diferentes, pero con algo en común: la tecnología importa tanto como la capacidad para incorporarla al funcionamiento real de una organización. Así lo muestran las descripciones oficiales de mejora de procesos y de transformación del aprendizaje. Esta combinación de conocimientos tecnológicos y capacidades de gestión recorre las 20 habilidades del Barómetro E&E de esta semana. Las primeras posiciones siguen ocupadas por el pensamiento analítico, la alfabetización en inteligencia artificial, la comunicación, la adaptación, la ciberseguridad y el liderazgo. Las novedades más significativas aparecen algo más abajo: gana posiciones la gobernanza de la IA y asciende la gestión del cambio organizativo. La clasificación apunta a una conclusión: las empresas ya no necesitan únicamente empleados capaces de utilizar nuevas herramientas. Buscan profesionales que puedan tomar decisiones con ellas, implantarlas sin provocar problemas y demostrar que aportan valor. Todo ocurre, además, en un mercado laboral que ofrece señales contradictorias. Según Eurostat, el desempleo de agosto se situó en el 6,4% en la eurozona y el 6,1% en la Unión Europea. En España, el Ministerio de Trabajo contabilizó 2.379.505 desempleados registrados en septiembre, el mejor dato para ese mes desde 2007. Sin embargo, el paro entre los menores de 25 años aumentó en 21.411 personas respecto a agosto, hasta 189.141. Este último movimiento no demuestra un deterioro estructural del acceso al primer empleo: septiembre ha tenido un fuerte componente estacional. Pero obliga a prestar atención a una cuestión que empieza a aparecer en varias investigaciones internacionales. El pensamiento analítico conserva el primer puesto del barómetro y la alfabetización en IA, el segundo. El orden tiene sentido. Utilizar una herramienta es relativamente sencillo; saber cuándo confiar en ella, detectar un error y tomar una decisión acertada exige conocimiento y experiencia. El Foro Económico Mundial ya señalaba en su Future of Jobs Report 2025 que siete de cada diez empresas consideraban esencial el pensamiento analítico. También situaba la IA, los datos y la ciberseguridad entre las capacidades cuyo valor crecería con mayor rapidez hasta 2030. Son previsiones basadas en expectativas empresariales, no contrataciones que ya se hayan producido. Los anuncios de empleo permiten observar un cambio más reciente. En su informe mundial publicado el 5 de octubre, Workday detecta que las menciones a habilidades básicas de IA, como la elaboración de instrucciones sencillas, disminuyeron un 25% después de alcanzar su máximo en enero. Por el contrario, las referencias a capacidades avanzadas (desarrollar sistemas, automatizar procesos o trabajar en ingeniería de IA) aumentaron un 51% entre septiembre de 2025 y julio de 2026. La investigación se basa en anuncios de unas 550 empresas usuarias de Workday Recruiting. No representa a todo el mercado laboral ni significa que aprender a usar IA haya dejado de ser importante. Sí muestra que, en ese grupo de compañías, el interés se está desplazando hacia quienes saben construir soluciones con la tecnología. Esa evolución ayuda a explicar el séptimo puesto del desarrollo de software y agentes de IA, así como el quinto de la ciberseguridad. La demanda de especialistas técnicos no desaparece porque las herramientas puedan escribir código. En determinadas funciones, lo que cambia es el trabajo del programador: menos tiempo dedicado a producir instrucciones y más responsabilidad sobre el diseño, la integración, la seguridad y la fiabilidad de los sistemas. El problema aparece al observar a quiénes buscan las empresas para realizar esas funciones. Un análisis de Indeed Hiring Lab muestra que las ofertas estadounidenses de desarrollo de software crecieron cerca de un 15% desde febrero de 2025. Sin embargo, seguían un 27,5% por debajo de su nivel anterior a la pandemia. Y el 71% del aumento registrado entre mayo de 2025 y mayo de 2026 correspondió a puestos sénior. Es decir, la recuperación existe, pero beneficia especialmente a quienes ya tienen experiencia. PwC detecta una señal complementaria en su Barómetro Global de la IA en el Empleo 2026: en Estados Unidos, los puestos de entrada más expuestos a IA tienen una probabilidad siete veces mayor de exigir capacidades tradicionalmente asociadas a profesionales sénior, como el juicio y el liderazgo. Aquí surge uno de los interrogantes más importantes para el futuro del empleo: si las empresas automatizan las tareas sencillas con las que los jóvenes aprendían su profesión, ¿cómo conseguirán formar a los expertos que necesitarán dentro de cinco o diez años? No está demostrado que la IA sea la única causa de la menor demanda relativa de principiantes. También influyen los ciclos de contratación, la situación económica y las estrategias de las compañías. Pero los resultados de Indeed y PwC justifican investigar si las trayectorias profesionales están empezando a acortarse por su parte inferior. Workday ha comprobado que el 57% de los empleadores de su muestra registró menos movimientos de trabajadores hacia otros puestos internos. Las promociones, por su parte, permanecieron prácticamente estancadas. Al mismo tiempo, la empresa detectó un descenso del 13% en las menciones a habilidades de formación y del 7% en las de gestión y liderazgo en los anuncios analizados. Son variaciones en ofertas, no una medición directa de cuánto invierten las empresas en formar a sus empleados. El resultado plantea una paradoja: las compañías necesitan trabajadores capaces de asumir funciones más complejas, pero algunas de las vías habituales para desarrollar esas capacidades parecen estar perdiendo fuerza. Por eso la curiosidad y el aprendizaje permanente mantienen el décimo puesto del barómetro, mientras que la gestión y desarrollo del talento ocupa el decimoquinto. Son habilidades distintas, pero cada vez más relacionadas. No basta con pedir a los empleados que se formen continuamente si después no existen oportunidades para aplicar lo aprendido, cambiar de función o adquirir responsabilidades. La comunicación y colaboración transversal, tercera en la clasificación; la resiliencia y adaptación, cuarta; y el liderazgo, sexta, también adquieren un significado distinto. Ya no se trata sólo de dirigir equipos, explicar decisiones o reaccionar ante imprevistos. Las empresas necesitan responsables capaces de organizar el trabajo de personas que utilizan IA, supervisar sus resultados y evitar que la automatización elimine oportunidades de aprendizaje. En este contexto, el riesgo no es únicamente que determinados empleos desaparezcan. También podría ocurrir que algunas profesiones conservaran sus puestos de mayor responsabilidad, pero perdieran las tareas y experiencias que tradicionalmente preparaban a los trabajadores para ocuparlos. Es una hipótesis relevante, no una consecuencia demostrada para el conjunto del mercado laboral. Precisamente por eso merece seguimiento. La gobernanza del dato y de la IA, el riesgo y el cumplimiento normativo ascienden del noveno al octavo puesto. Es uno de los movimientos más significativos de esta edición. Hasta hace poco, gran parte del debate se centraba en los principios que debían respetar los sistemas de inteligencia artificial. La aparición de agentes capaces de consultar bases de datos, utilizar aplicaciones y ejecutar operaciones ha trasladado la discusión a problemas mucho más concretos: qué permisos puede tener una máquina, quién supervisa sus decisiones y cómo se investiga un error. Gartner advirtió en abril de que sólo el 13% de las organizaciones consultadas consideraba disponer de una gobernanza adecuada para sus agentes de IA. Su análisis sobre proliferación de agentes aconseja inventariar los sistemas, controlar sus accesos y establecer mecanismos de supervisión. La novedad es que esas responsabilidades están dando forma a perfiles profesionales reconocibles. La Asociación Internacional de Profesionales de Privacidad (IAPP) publicó el 30 de septiembre un marco de competencias de gobernanza de IA. Su trabajo identifica ocho grandes áreas: políticas, gobernanza, tecnología, producto, ética, riesgos, asuntos jurídicos y auditoría o verificación. No todas requieren crear un nuevo departamento. Muchas se incorporarán a profesiones que ya existen, como ingeniería, ciberseguridad, asesoría jurídica o cumplimiento normativo. Pero exigen conocimientos especializados y una distribución clara de responsabilidades. Esta evolución también explica por qué el análisis y la ingeniería de datos bajan del octavo al noveno puesto sin perder importancia, mientras que la competencia digital y la arquitectura cloud permanecen undécimas. La IA depende de datos fiables, sistemas conectados y accesos seguros. Si la información está desactualizada o dispersa, un agente puede ejecutar con rapidez decisiones equivocadas. La nueva exigencia no consiste sólo en almacenar y procesar datos, sino en garantizar que los sistemas que los utilizan son comprensibles, verificables y seguros. La gestión del cambio organizativo sube al decimotercer puesto, mientras que la creatividad y la innovación aplicada descienden al decimocuarto. No significa que las empresas valoren menos la creatividad. Refleja que la dificultad está pasando de imaginar soluciones a conseguir que funcionen dentro de una organización. Un estudio de Gartner publicado el 8 de octubre resulta especialmente ilustrativo. El 63% de los responsables de compras consultados espera que la IA mejore significativamente el rendimiento de su función durante los próximos tres años. Sin embargo, sólo el 25% de los líderes analizados había rediseñado puestos o responsabilidades como consecuencia directa de su implantación. La distancia entre expectativas y decisiones es considerable. Las empresas quieren trabajar de otra manera, pero muchas siguen organizadas prácticamente igual. BCG llega a una conclusión semejante. En su investigación Look Past Productivity to Get Real Value from AI, señala que sólo el 6% de las compañías de su muestra estaba consiguiendo un valor económico significativo de la IA, medido en menores costes o mayores ingresos. La consultora identifica una diferencia fundamental entre utilizar tecnología para acelerar tareas y rediseñar procesos completos para obtener resultados. Esto cambia las competencias profesionales que se necesitan. Una herramienta capaz de elaborar informes en segundos no reduce necesariamente los costes si después varias personas deben revisar su contenido, trasladarlo a otros sistemas y repetir comprobaciones. Por eso la gestión de proyectos y programas conserva el duodécimo puesto y la optimización de procesos, el decimonoveno. Ambas capacidades son necesarias para identificar qué actividades deben cambiar, organizar la implantación y comprobar si las mejoras compensan los costes. La creatividad también adquiere un sentido más práctico. La IA permite generar alternativas con rapidez, pero las empresas siguen necesitando profesionales capaces de distinguir cuáles son útiles, descartar las que no funcionan y convertir las mejores en productos, servicios o mejoras organizativas. En lugar de premiar únicamente la originalidad, puede ganar importancia la capacidad de experimentar con rigor y demostrar resultados. La tecnología ocupa buena parte de las nuevas exigencias profesionales, pero el barómetro también refleja el valor de capacidades que dependen del trato con otras personas. La venta consultiva y la negociación mantienen el decimosexto puesto. En sectores como el software empresarial, la ciberseguridad o el equipamiento industrial, vender ya no consiste simplemente en explicar las características de un producto. El profesional debe comprender el problema del cliente, calcular las ventajas económicas de una solución y acompañar su implantación. La IA puede investigar mercados, preparar ofertas y automatizar comunicaciones. Resulta mucho más difícil sustituir completamente la construcción de confianza, la negociación entre intereses diferentes o la responsabilidad de recomendar que no se compre una solución inadecuada. La inteligencia emocional, decimoséptima, también adquiere importancia en un contexto de transformación que no todos los trabajadores viven de la misma manera. Una investigación de Gartner difundida el 8 de octubre, basada en 11.838 empleados, encontró que menos del 35% declaraba un buen nivel general de bienestar. Entre quienes debían utilizar IA en su puesto, el 47% manifestó resistencia a adoptarla. Estas respuestas no permiten concluir que la tecnología esté causando por sí sola los problemas de bienestar. Sí indican que su implantación encuentra obstáculos humanos y organizativos que no pueden resolverse únicamente con cursos sobre herramientas digitales. La Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo aportó otra advertencia en su encuesta OSH Pulse 2025: el 29% de los trabajadores europeos declaró haber sufrido estrés, ansiedad o depresión causados o agravados por su actividad laboral. Escuchar a los empleados, comunicar decisiones difíciles y gestionar conflictos son capacidades importantes. Pero no sustituyen unas condiciones laborales adecuadas, la prevención de riesgos ni una dirección responsable. La planificación financiera y la comprensión del negocio ocupan el decimoctavo puesto. Su importancia crece porque las empresas deben responder a una pregunta que hasta ahora ha quedado en segundo plano: cuánto dinero están ganando realmente gracias a la IA. No basta con que una aplicación ahorre horas de trabajo. Hay que calcular cuánto cuesta implantarla, cuánto exige mantenerla, qué errores produce y si el tiempo liberado se convierte en menores gastos o mayores ingresos. Esta capacidad de relacionar tecnología y resultados económicos puede convertirse en una ventaja profesional. No sólo para los departamentos financieros, sino también para responsables de proyectos, operaciones, productos o inversiones. El Barómetro de PwC de junio de 2026 calcula una prima salarial media del 62% para las ofertas que requieren habilidades específicas de IA frente a empleos comparables que no las exigen. También observa que las empresas más expuestas a esta tecnología registraron un crecimiento de plantilla del 52% desde 2018, frente al 36% de las menos expuestas. Son resultados relevantes, pero requieren una interpretación cuidadosa. La prima se calcula a partir de anuncios laborales y de la metodología del estudio. No significa que un empleado español vaya a cobrar automáticamente un 62% más por realizar un curso de IA, ni que la tecnología haya causado por sí sola todas las diferencias observadas. Los salarios dependen también del sector, la experiencia, la responsabilidad, el tamaño de la empresa y la complejidad de las funciones. Lo interesante es que las veinte habilidades del barómetro no se remuneran como capacidades aisladas. Su valor aparece cuando se combinan. Un ingeniero que conoce la IA, comprende los riesgos de seguridad y puede dirigir un proyecto complejo ofrece algo distinto de un profesional que sólo sabe utilizar una herramienta. Lo mismo sucede con un financiero capaz de evaluar inversiones tecnológicas o con un responsable de Recursos Humanos que sabe rediseñar carreras profesionales. La especialización importa, pero también la capacidad para conectar conocimientos que tradicionalmente pertenecían a departamentos separados. La sostenibilidad y las competencias verdes cierran la clasificación en el vigésimo puesto. La novedad de esta semana no procede tanto de las contrataciones como del marco regulatorio europeo. La Directiva (UE) 2026/470 reduce, con las condiciones y plazos previstos en la norma, el ámbito general de las obligaciones de información corporativa sobre sostenibilidad a empresas que superen los 1.000 empleados de media y los 450 millones de euros de facturación neta. Esto puede modificar la demanda de profesionales dedicados principalmente a preparar informes obligatorios en compañías que quedan fuera del nuevo ámbito. Pero no elimina las necesidades de ingeniería ambiental, eficiencia energética, gestión de recursos o análisis de riesgos. La diferencia vuelve a ser la misma que en otras áreas del barómetro: el valor de una competencia depende de lo que permite conseguir. Saber elaborar un informe puede ser necesario; reducir el consumo energético, mejorar una instalación o demostrar la rentabilidad de una inversión ambiental responde a necesidades operativas que van más allá de una obligación administrativa. El Foro Económico Mundial prevé que las competencias ambientales ganen importancia hasta 2030. Esa expectativa no asegura que todas las especialidades verdes crezcan al mismo ritmo, y menos aún después de los cambios regulatorios. La principal conclusión de esta edición no es que la inteligencia artificial esté sustituyendo las habilidades humanas. Es que está modificando el valor de unas y otras, y obligando a utilizarlas conjuntamente. La clasificación sigue encabezada por el pensamiento analítico, la IA, la comunicación, la adaptación, la ciberseguridad y el liderazgo. Pero las subidas de la gobernanza y de la gestión del cambio ayudan a entender hacia dónde se desplazan las exigencias: hacia profesionales que pueden hacer funcionar sistemas complejos, asumir responsabilidades y comprobar resultados. Queda, sin embargo, una contradicción pendiente. Los empleadores piden más experiencia, mientras algunos indicadores muestran menos movilidad interna y una recuperación de determinadas ofertas concentrada en profesionales sénior. Si esa tendencia continúa, el mayor problema no será encontrar trabajadores que sepan manejar inteligencia artificial. Será disponer de suficientes personas que hayan tenido la oportunidad de aprender, equivocarse, desarrollar criterio y convertirse en expertos. Las compañías pueden automatizar cada vez más tareas. Lo que todavía necesitan resolver es cómo seguir formando profesionales cuando parte del trabajo que servía para aprender empieza a realizarlo una máquina.