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El Madrid se pone un último deber

Resumen

El partido de Cornellá tenía muchos más alicientes para el Espanyol que para el Real Madrid. Los barceloneses se están jugando la permanencia, pero la derrota de ayer ante los blancos les aboca a cuatro jornadas de sufrimiento extremo. Para el Madrid, se trataba básicamente de retrasar lo que parece inevitable, que no es otra cosa que el alirón del Barcelona, consecuencia directa tanto de la estabilidad de los azulgranas como del caótico mes de abril de los blancos. Sin Mbappé, más noticia en las últimas semanas en el papel couché que en los diarios deportivos, los focos apuntaban a Vinicius y Bellingham, las otras dos grandes estrellas del equipo y pilares en el proyecto futuro del club, en el que ya se trabaja en Valdebebas a falta de grandes objetivos por los que pelear tras una temporada deprimente de los blancos, que se ha llevado por delante a un entrenador y, muy posiblemente, también a su sucesor.

El partido de Cornellá tenía muchos más alicientes para el Espanyol que para el Real Madrid. Los barceloneses se están jugando la permanencia, pero la derrota de ayer ante los blancos les aboca a cuatro jornadas de sufrimiento extremo. Para el Madrid, se trataba básicamente de retrasar lo que parece inevitable, que no es otra cosa que el alirón del Barcelona, consecuencia directa tanto de la estabilidad de los azulgranas como del caótico mes de abril de los blancos. Sin Mbappé, más noticia en las últimas semanas en el papel couché que en los diarios deportivos, los focos apuntaban a Vinicius y Bellingham, las otras dos grandes estrellas del equipo y pilares en el proyecto futuro del club, en el que ya se trabaja en Valdebebas a falta de grandes objetivos por los que pelear tras una temporada deprimente de los blancos, que se ha llevado por delante a un entrenador y, muy posiblemente, también a su sucesor. Falto de grandes presas, el Madrid se marca ahora pequeños objetivos. El siguiente en la agenda de los blancos es ganar el Clásico del próximo día 10 en Barcelona, lo que evitaría el alirón de los catalanes ante los blancos. Un pequeño consuelo para una temporada distópica en el Bernabéu, pero que es visto en el vestuario del Madrid como una reivindicación de la calidad de la plantilla frente a la del eterno rival. El Madrid ya ganó el Clásico de la primera vuelta, en el partido en el que, sin saberlo, comenzó la demolición de un proyecto que en ese momento aparentaba salud y vigor. De hecho, tras ese partido, el Madrid sacaba la friolera de siete puntos a los de Hansi Flick, y el camino hacia el título parecía despejado. Ocurrió entonces la famosa implosión de Vinicius cuando fue cambiado por Xabi mediado el segundo tiempo, con el desplante público del jugador y unas excusas tardías que no incluían al técnico. El club optó por una postura salomónica y la crisis se cerró en falso, con el entrenador a partir de entonces en una posición que el tiempo fue volviendo cada vez más inestable. Con Arbeloa, el estatus de Vinicius es incuestionable, mientras se sigue dilatando la cuestión de su renovación. Un acuerdo que avalan partidos como el de anoche, en el que el brasileño tiró del equipo ante la baja por lesión de un Mbappé que se ha fijado como meta estar el próximo domingo en Barcelona, en un partido que quizá no sirva de mucho a efectos estrictamente contables, pero que el vestuario del Madrid quiere ofrecer a su hinchada como acto de desagravio.