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Expansión ·

La inflación acelera en la zona euro con la economía en frenada

Resumen

PIB e inflación reman en direcciones opuestas en la zona euro. El primero dibuja una parábola descendente, de progresiva desaceleración, mientras que los precios acentúan la presión y escalan a su cota más alta desde el último tramo de 2023, reavivando el temor a un nuevo frenazo económico fruto de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo y de las distorsiones en el comercio internacional. En este escenario, en el que organismos como el FMI advirtieron hace meses de que el bloque de la moneda corría el riesgo de sufrir estanflación, los últimos indicadores no contribuyen, precisamente, a disipar la preocupación. La inflación armonizada en la zona euro aceleró en octubre hasta el 4% interanual, según el dato adelantado ayer por Eurostat.

PIB e inflación reman en direcciones opuestas en la zona euro. El primero dibuja una parábola descendente, de progresiva desaceleración, mientras que los precios acentúan la presión y escalan a su cota más alta desde el último tramo de 2023, reavivando el temor a un nuevo frenazo económico fruto de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo y de las distorsiones en el comercio internacional.  En este escenario, en el que organismos como el FMI advirtieron hace meses de que el bloque de la moneda corría el riesgo de sufrir estanflación, los últimos indicadores no contribuyen, precisamente, a disipar la preocupación. La inflación armonizada en la zona euro aceleró en octubre hasta el 4% interanual, según el dato adelantado ayer por Eurostat. Son dos décimas más que el mes anterior y su tasa más alta desde septiembre de 2023. Los precios aceleran por cuarto mes consecutivo en la zona euro y elevan aún más la presión sobre el BCE, que tiene ante sí la difícil tarea de encontrar el punto de equilibrio en su política monetaria, con un endurecimiento de las condiciones de financiación que ayude a frenar la espiral inflacionaria, pero, al mismo tiempo, muy medido para no dañar en exceso un ritmo de crecimiento ya debilitado. De hecho, ante la gran incertidumbre que envuelve la economía europea, el BCE ha optado por pausar las subidas de tipos hasta diciembre, cuando es probable que el precio del dinero vuelva a encarecerse para atajar un brote inflacionista que ya duplica su objetivo de referencia para la estabilidad de precios, el 2%. Hasta entonces, la inflación prosigue su ascenso, espoleada esencialmente por la subida de los precios de la energía, que en octubre se dispararon un 20,8%, por encima del 18,9% registrado en septiembre y aún más del 14,3% de agosto. La buena noticia, o la menos mala, es que el IPC subyacente (descontando energía y alimentos frescos) se mantuvo estable en el 2,2%, en línea con la tasa de meses anteriores, y ello a pesar del repunte de los alimentos frescos, que esprintaron en octubre hasta el 4,6% interanual, seis décimas más que en septiembre y casi dos puntos porcentuales por encima del dato de agosto (+2,7%). Una inflación elevada es veneno para las exportaciones europeas, ya de por sí golpeadas por la guerra arancelaria de la Administración Trump, el bloqueo del estrecho de Ormuz o la feroz competencia de China. Entre enero y agosto, las exportaciones totales de la UE a países extracomunitarios apenas crecieron un 0,4%, mientras que las importaciones lo hicieron un 7,7%, catapultando el déficit europeo hasta los 46.100 millones de euros, en contraste con un superávit de 76.400 millones en el mismo periodo del año anterior. Y si el comercio exterior se desinfla, las economías europeas, sostenidas hasta ahora en muchos casos por sus demandas nacionales, se resienten. De hecho, el PIB de la eurozona frenó su avance al 0,4% en el tercer trimestre, dos décimas menos que en el segundo, de acuerdo con Eurostat, y las señales más recientes apuntan a que ese enfriamiento irá a más en la recta final del año, aunque en el marco todavía de un aterrizaje suave. “Los datos de la encuesta PMI de octubre indican que la economía de la zona euro está creciendo a un ritmo del 0,3% -una cifra respetable, aunque poco estimulante- al comienzo del cuarto trimestre”, señaló ayer Chris Williamson, economista jefe de negocios de S&P Global Market Intelligence. De confirmarse, sería una décima menos que en el tercer trimestre y la mitad que en el segundo, certificando ese gradual declive. Y es que los últimos índices PMI de S&P Global, publicados ayer, muestran que “el crecimiento económico de la zona euro se ralentiza hasta su mínima de cuatro meses”. Sigue en terreno de expansión, pero el indicador compuesto de la eurozona, que refleja tanto la actividad en el sector servicios como en la industria, ha bajado 1,4 puntos en apenas un mes, pasando de los 53,1 en septiembre a los 51,7 en octubre. Y lo está haciendo en un contexto de debilitamiento de la demanda: “La entrada de nuevos pedidos se ha ralentizado hasta rozar el estancamiento después de tres meses de sólido crecimiento en las ventas, y las expectativas de crecimiento empresarial han caído a su nivel más bajo desde mayo”. Todo ello fruto de un triplete de grandes desafíos: la pujante inflación, la incertidumbre geopolítica y el aumento de los costes de financiación. El pressing de los precios sobre el BCE queda plasmado en que ninguno de los países del bloque del euro se acerca siquiera al objetivo de referencia de la inflación, del 2%. De hecho, 18 países del bloque presentan tasas de IPC interanuales iguales o superiores al 3% en octubre y una decena iguales o superiores al 4%. Entre las grandes economías del euro, Italia y España son las más inflacionistas, con tasas armonizadas del 5,6% y el 4,9%, respectivamente. En el caso italiano, resulta llamativo el fuerte salto cuantitativo respecto a septiembre, con un acelerón de 1,4 puntos en un solo mes. También sube con fuerza en Francia, donde escala al 3,8%, cuatro décimas más que el mes anterior. La excepción a la regla la marca Alemania, donde los precios se moderaron al 2,8%, cinco décimas menos que en septiembre. Son malos datos y malos augurios. Europa resiste, pero lo hace con sus tres mayores economías en declive: Alemania frenó su rebote en el tercer trimestre, Italia se estancó, y Francia, con graves problemas económicos y políticos, se contrajo. Como subrayó ayer S&P Global, “existen señales preocupantes de que este reciente periodo de crecimiento” estaría ya perdiendo impulso.