Elisabeth Martínez, una querida señorita para los tiempos modernos y “poner luz” a la intersexualidad del clásico de Armiñán
ResumenEn 1972, tres años antes de la muerte de Franco y con el país todavía sacudiéndose las sombras de la dictadura, Jaime de Armiñán revolucionaba el cine español con Mi querida señorita, un guion escrito junto a José Luis Borau que presentaba a José Luis López Vázquez, la estrella del momento, interpretando a Adela, una ‘solterona’ que en un momento dado descubría, cuando iba al médico, que era un hombre aunque había sido criado como mujer por sus padres. El filme fue un éxito de taquilla, estuvo nominado al Oscar a la Mejor película y se convirtió en un título de culto por su riesgo y modernidad al plantear situaciones que, en aquellos momentos, estaban debajo de la alfombra. Sin embargo, si uno sale a la calle y pregunta a aquellos que vieron el filme original qué le pasaba al personaje de Adela, pocos mencionaría la palabra ‘intersexualidad’. Ese fue uno de los motivos por los que Javier Calvo y Javier Ambrossi decidieron producir una revisión de Mi querida señorita con Fernando González Molina en la dirección y la escritora Alana S.
En 1972, tres años antes de la muerte de Franco y con el país todavía sacudiéndose las sombras de la dictadura, Jaime de Armiñán revolucionaba el cine español con Mi querida señorita, un guion escrito junto a José Luis Borau que presentaba a José Luis López Vázquez, la estrella del momento, interpretando a Adela, una ‘solterona’ que en un momento dado descubría, cuando iba al médico, que era un hombre aunque había sido criado como mujer por sus padres. El filme fue un éxito de taquilla, estuvo nominado al Oscar a la Mejor película y se convirtió en un título de culto por su riesgo y modernidad al plantear situaciones que, en aquellos momentos, estaban debajo de la alfombra. Sin embargo, si uno sale a la calle y pregunta a aquellos que vieron el filme original qué le pasaba al personaje de Adela, pocos mencionaría la palabra ‘intersexualidad’. Ese fue uno de los motivos por los que Javier Calvo y Javier Ambrossi decidieron producir una revisión de Mi querida señorita con Fernando González Molina en la dirección y la escritora Alana S. Portero como guionista. El propio González Molina reconoce desde el Festival de Málaga, donde se ha presentado la película, que ese fue uno de los motivos para hacerla. “Queríamos poner luz sobre el elemento intersexual de la historia, que en la primera película estaba velado o incluso escondido, y nos parecía que aquí había que colocarlo en el centro del relato. Y entonces, como complemento a ese centro del relato en el que la narración hablaba de intersexualidad, el personaje no podía hacerlo un actor con peluca, sino que tenía que ser una actriz intersexual”, explica el cineasta, que incluye un par de homenajes a la cinta original en su nueva versión. Por ello comenzó un casting para encontrar a esa Adela del siglo XXI. Esa Adela que pudiera contar con su cuerpo y su voz lo que significa realmente la intersexualidad. La elegida fue Elisabeth Martínez, miembro de la Asociación de personas Intersex. Fue allí donde le dijeron que un equipo de una película buscaba gente para hacer entrevistas y conocer sus historias para que el guion fuera realista y honesto. También, si alguna persona quería podía presentarse al casting. Elisabeth recuerda que ella no podía porque tenía un viaje, pero una amiga le convenció para que fuera. “A día de hoy todavía nadie me lo ha confirmado, pero parece que me cogieron a mí”, dice riendo en una de sus primeras entrevistas. Tuvieron una asesora, Mayra Gómez, que les ayudó. Elisabeth y Mayra dieron su opinión y propusieron cambios. “Peleamos unas cuantas cosas hasta el día del rodaje. Algunas escenas yo le decía a Fer que por mi experiencia la gente no reaccionaba así… cosas que desde su perspectiva podían ser diferentes”, dice la actriz. González Molina cree que ese diálogo fue “muy interesante”, y le ayudó “a acabar de pulir e intentar ser lo más fiel posible a la realidad intersex”, pero dejando el “hueco suficiente para entender que no dejaba de ser una ficción”. Se dio cuenta de que, “por mucho que tú creas que sabes sobre algo, en realidad eres un profundo ignorante porque es inabarcable, y este es un tema complejo del que se sabe muy poco”. Elisabeth Martínez confirma que la intersexualidad “no está explorada en el cine”. “En estos cinco últimos años he visto como de repente hemos aparecido. La diferencia que tenemos con mucha parte del colectivo es que tienes la opción de que nadie se entere. Y de hecho a ti lo que te dicen en el médico es 'tú no te preocupes, tómate estas pastillas, esto no se lo dices a nadie y no se va a enterar nadie. Nadie en toda tu vida'. Y la mayoría de la gente intersex sigue así. Pero hay más gente intersex, ¿dónde están?”, añade. Para ella hay dos partes de esa luz que aporta esta versión de Mi querida señorita —que llegará a salas de cine el 17 de abril y a Netflix el 1 de mayo—, una es la que hace referencia “a la familia elegida”. “Esta película cuenta que no te vale con tener la idea del amor romántico y tener una pareja, sino que para encontrarte a ti misma y para tener una red de apoyo necesitas a la comunidad, particularmente a esa familia encontrada que te entiende y te apoya”, subraya. La otra es que su personaje tiene “el poder de decisión”. “La primera vez que vi la película original de Armiñán, me hablaba más de una persona que su principal cuestión es una cuestión de género, a pesar de que tenga la escena del médico que lo convierte un poco en esa narrativa intersex. Pero la historia en general me hablaba más de un hombre que está viviendo su vida como mujer y por fin se libera y vive como hombre. Esta película cuenta el entramado y el peso, debido a nuestra cultura, que tiene el cuerpo. Y claro, por culpa de esa unión que tenemos de expresión de género e identidad de género te han impedido encontrarte a ti misma y llegar a conclusiones bastante diferentes”, critica. Su director añade que la película “explora el derecho a no ser ni una cosa ni otra, sino ser lo que te dé la gana y huir de lo binario”. “Creo que esa es la gran novedad de la película que de alguna manera conecta con la sensibilidad intersex actual. Y es lo que me han enseñado las personas intersexuales que las que hemos hablado y que yo desconocía por completo”, apunta González Molina. Para Elisabeth Martínez, Mi querida señorita es el comienzo de algo nuevo que espera que continúe. “Me encantaría pensar que es un comienzo. Me encanta actuar. Me parece muy divertido. Es como el máximo sueño que teníamos de pequeñas, cuando jugamos a pretender, y ahora me pagan por ello. No me lo creo”, acierta a decir. De alguna forma, el guion se ha rellenado con las experiencias personales de él, como hombre gay, de Alana S. Portero como mujer trans y de Elisabeth Martínez como persona intersex. Y eso se nota en el cuidado y el cariño hacia sus personajes. Y en la importancia de “contar historias felices y de esperanza para el colectivo”. Quizás por ello acaban con la manifestación del orgullo del año 2000, la primera que fue multitudinaria. No solo como un acto de celebración, sino como una declaración de intenciones para decir que “seguimos en la calle y quizás tengamos que salir a la calle mucho más de lo que creemos tal y como está el mundo”.