Los 'vecinos' del hantavirus viven en caravanas junto al puerto por la crisis de la vivienda en Canarias: "La vida está muy perra"
ResumenHerminda Bouzas, de 51 años, se lleva la mano a los ojos mientras el viento azota. Néstor, su pareja, le dice: «Cuéntales, cuéntales lo que pasó ayer», y se apoya en la casa de ambos: una autocaravana Fiat aparcada en un descampado al borde del mar, desde el que se ve, justo detrás de nosotros, el puerto tinerfeño de Granadilla de Abona. Justo donde va a fondear, en unas horas, el MV Hondius, desde hace días bautizado mundialmente como el crucero del hantavirus. Herminda y Néstor llevan dos años viviendo aquí, en esta especie de pequeño pueblo flotante -unos van y otros vienen, pero muchos habitan el lugar de forma estable-, al lado del puerto que el mundo observará fijamente, cruzando los dedos para que la seguridad sanitaria sea total y no creemos entre todos otro covid, en la madrugada del próximo domingo.
Herminda Bouzas, de 51 años, se lleva la mano a los ojos mientras el viento azota. Néstor, su pareja, le dice: «Cuéntales, cuéntales lo que pasó ayer», y se apoya en la casa de ambos: una autocaravana Fiat aparcada en un descampado al borde del mar, desde el que se ve, justo detrás de nosotros, el puerto tinerfeño de Granadilla de Abona. Justo donde va a fondear, en unas horas, el MV Hondius, desde hace días bautizado mundialmente como el crucero del hantavirus. Herminda y Néstor llevan dos años viviendo aquí, en esta especie de pequeño pueblo flotante -unos van y otros vienen, pero muchos habitan el lugar de forma estable-, al lado del puerto que el mundo observará fijamente, cruzando los dedos para que la seguridad sanitaria sea total y no creemos entre todos otro covid, en la madrugada del próximo domingo. Cuando haya que sacar a 147 pasajeros potencialmente contagiados de un hantavirus mortal de la tripa del crucero de lujo, para enviarlos o bien de vuelta a sus países en aviones, o al hospital tinerfeño de Candelaria .«Cuidamos del sitio, por eso está limpito y no ves basura, ¿a que está limpito?», dice Herminda, locuaz, descargando la comida que ha comprado, en un supermercado a kilómetros de aquí, en una pequeña alfombrita de cesped artificial junto a su incierta «casita». Seguimiento crucero hondius «Otra cosa es que nos guste vivir aquí, en una caravana, que la verdad que no, pero es lo que hay», explica, mientras su perrita, Aquila, ladra a los desconocidos redactor y fotógrafo. «Pero es que la vida está muy perra... Dos años llevamos aquí. Tenemos los dos trabajo y antes vivíamos en una casa, ¿eh? Pero...». Tanto el alquiler como la compra de vivienda en Canarias se han incrementado entre un 12% y un 15% entre 2025 y 2026, según diversos indicadores. Empujando a muchos locales a vivir en infraviviendas. Y vuelve Néstor con lo de «pero cuéntales, cuéntales». Y se arranca Herminda, que en realidad es gallega, pero llegó aquí un poco errando, como todos los gallegos, y tiene una hija que «nació aquí pero se fue a Galicia porque le gusta más allí [sic]». «Pues que estuve ayer en el hospital de Candelaria. Y bueno, llevaba muchas semanas quejándome de dolores en el cuello, y en la cabeza, ya no me podía peinar, ¿sabes? Porque me duele toda esta mitad de la cabeza», se señala a la testud. «Y resulta que me dicen que tengo un bulto malo en la garganta... Y dicen: 'Pero señora, ¿cómo no vino usted antes?'. ¡Pero si yo he ido a la Candelaria un montón de veces, por estos dolores! Pero no me hicieron ni una prueba... Y ahora resulta que el bulto es malo, ay, dios mío». Remata Néstor: «Te lo contamos porque todo el mundo en esta isla sabe que la Sanidad está fatal, que te atienden y te despachan de cualquier manera, pero anda, ahora vienen estos del crucero de lujo, y el Gobierno quiere hacer aquí un desembarco de la leche, y que vengan los ministros, y para eso no hay ningún problema. Pero vas siete veces a la Candelaria a que te vean, y sólo te encuentran el bulto malo a la octava, ya ver ahora si lo arreglan». Operativo de llegada de los afectados Cuando la ministra de Sanidad, Mónica García, anunció que sería en el puerto industrial de Granadilla, mastodóntico pero apenas utilizado, donde el MV Hondius evacuara a sus pasajeros, los periodistas comenzaron a buscar reacciones en los pueblos cerca de los cuales iba a desembarcar, tras aceptarlo el Gobierno español, el barco con el brote mortal de hantavirus. El alcalde de Granadilla pueblo, en realidad a 12 kilómetros del puerto, se apresuró a rechazar el atraque, que finalmente será fondeo... Pero los únicos vecinos reales del lugar son los habitantes de las entre 20 y 30 caravanas que ocupan un descampado con vistas privilegiadas a la dársena, que viven aquí expulsados por la crisis de la vivienda que sufren las Canarias, que ha provocado un rosario de manifestaciones y expulsado a muchos locales a infravivir donde pueden, dado que la vivienda se ha convertido en un bien escaso, prohibitivo, «y sobre todo turístico, porque al final todo en Canarias es turismo, y por eso ya sólo pueden vivir aquí los turistas». Lo dice Carolina, una mujer de mediana edad, profesora de instituto en Granadilla, que vive aquí «cuatro días de la semana», y el resto «en La Laguna». «Hay un montoncito de gente viviendo en este lugar siempre. Unos van y otros vienen, pero muchos están estables. Yo, bueno, aquí no molesto a nadie, hago mi vida», explica desde su Renault. «Lo que no puede ser», agrega, «es que, cuando hay una urgencia así [los poderes públicos] echen el resto, y a los que vivimos aquí ni se nos escuche, ni se nos informe, y encima tengamos una Sanidad que te deja dos días en un pasillo porque no hay camas. Que a mí me ha pasado, hace nada. Yo estoy muy de acuerdo con ayudar a esta gente, y con que es una cuestión de humanidad: desde luego. Pero tenemos una Sanidad que es un desastre... Bueno, y que ni siquiera hay más de una cama en Candelaria para infecciosos, ¿eh? Que traen a estos aquí, pero si se ponen varios malos, a ver qué medios tienen». Un poco más allá está Raúl, que trabaja desde hace 22 años en el almacén de Mercadona a escaso kilómetro y medio del muelle -que «abastece a toda la isla»-. «Trabajo ahí y vengo pa acá», explica. «Bueno, la gente aquí se monta unos chiringuitos que lo flipas, ¿eh? Y es muy tranqui». Un poco más arriba está «el gallego», luego están «los alemanes», más allá «los de cerca de la playita [de pedruscos]», cuenta Herminda. Que trabaja de camarera «en Los Cristianos», y Néstor, su pareja -a quien ella llama, muy canariamente, «papá»-, «recoge residuos». «Pues esta es nuestra vida, nos gustaría que fuera otra, pero bueno», dice, encogiendo los hombros. «Aquí se está bien, limpitos, y no molestamos a nadie. Y mira, así vienen a entrevistarnos por el... ¿Cómo se llama el virus ese?».