← Volver
Expansión ·

Por qué buscamos los empleos del futuro en el sitio equivocado

Resumen

Cada vez que se produce una revolución tecnológica, el ser humano se pregunta qué nuevas profesiones se crearán y qué puestos desaparecerán. Temerosos y desconfiados solemos esperar una respuesta en forma de nombres: ingeniero de prompts, especialista cuántico, diseñador de agentes de inteligencia artificial, técnico de robots. Es como si las nuevas economías produjeran inmediatamente nuevas ocupaciones perfectamente reconocibles. Rachel Lipson, investigadora de la Harvard Kennedy School, ha encontrado una anomalía interesante al estudiar lo que se denomina la economía de frontera: semiconductores, biomanufactura, computación cuántica, energía nuclear avanzada, baterías, centros de datos y otras industrias que están creciendo alrededor de tecnologías críticas.

Cada vez que se produce una revolución tecnológica, el ser humano se pregunta qué nuevas profesiones se crearán y qué puestos desaparecerán. Temerosos y desconfiados solemos esperar una respuesta en forma de nombres: ingeniero de prompts, especialista cuántico, diseñador de agentes de inteligencia artificial, técnico de robots. Es como si las nuevas economías produjeran inmediatamente nuevas ocupaciones perfectamente reconocibles. Pero está claro que no sabemos mirar... Rachel Lipson, investigadora de la Harvard Kennedy School, ha encontrado una anomalía interesante al estudiar lo que se denomina la economía de frontera: semiconductores, biomanufactura, computación cuántica, energía nuclear avanzada, baterías, centros de datos y otras industrias que están creciendo alrededor de tecnologías críticas. El problema no es sólo que las estadísticas oficiales no sepan todavía dónde colocarlas. Es que la transformación del trabajo parece comenzar mucho antes de que aparezca una profesión nueva. Primero cambian las tareas; después las habilidades; luego aparecen combinaciones profesionales que antes resultaban extrañas... Mucho más tarde llega -si es que llega- el nombre. Esto abre la posibilidad de que algunos de los empleos del futuro ya estén entre nosotros, ocultos bajo denominaciones totalmente convencionales Para empezar, es posible que una profesión conserve su nombre, pero que se convierta por dentro en otra cosa. Un electricista sigue siendo un electricista aunque hoy pueda instalar baterías, inversores, cargadores rápidos, sistemas fotovoltaicos y equipamiento conectado a redes bidireccionales que apenas formaban parte de su oficio hace una década. Tesla ofrece actualmente en Nevada puestos de aprendiz de electricista dentro de su división Energy para trabajar simultáneamente con distribución eléctrica, transformadores, instalaciones solares, almacenamiento energético, inversores, baterías y sistemas de hasta 1.000 voltios en corriente continua. En la estadística laboral, probablemente seguirá apareciendo un electricista. En la práctica, empieza a parecerse a otra profesión. En su informe World Energy Employment 2025, la Agencia Internacional de la Energía calcula que las ocupaciones técnicas aplicadas -electricistas, instaladores de tuberías, operadores, trabajadores de redes o técnicos- han añadido unos 2,5 millones de puestos desde 2019. La electrificación está haciendo que profesionales existentes aprendan tecnologías nuevas: técnicos de calefacción que pasan a instalar bombas de calor, trabajadores del automóvil que migran al vehículo eléctrico o electricistas que se especializan en nuevas infraestructuras energéticas. Esta podría ser una primera pista para detectar una profesión invisible: buscar ocupaciones cuyos títulos permanecen estables mientras su contenido tecnológico cambia muy deprisa. Esto no es nuevo. The Quarterly Journal of Economics reconstruyó la creación de nuevo trabajo en Estados Unidos desde 1940 hasta 2018 y comprobó que cerca del 60% del empleo de 2018 correspondía a especialidades profesionales que no existían en 1940. La tecnología no sólo elimina tareas; también genera actividades, especializaciones y conocimientos que anteriormente no tenían suficiente entidad como para constituir trabajo reconocible. La diferencia es que ahora podemos observar mucho antes esa metamorfosis. Las profesiones nuevas aparecen como combinaciones improbables de profesiones antiguas, y el mejor ejemplo de esto es la biomecatrónica. Las fábricas biofarmacéuticas modernas necesitan técnicos que sean capaces de reparar bombas y motores, entender sistemas eléctricos, trabajar con PLC y automatización y, simultáneamente, conocer procesos asépticos, salas limpias y las normas regulatorias propias de la fabricación farmacéutica. Ninguna de esas competencias es nueva por separado. Lo nuevo es su combinación. Un reciente informe de Revelio Labs ha reconstruido los historiales profesionales de profesionales dedicados al mantenimiento de maquinaria dentro de industrias farmacéuticas y biofarmacéuticas. La investigación detectó 26.000 personas con ese perfil en 2008 y alrededor de 57.000 en 2025. Sin embargo, biomechatronics technician sigue sin disponer de una categoría SOC (Standard Occupational Classification, el sistema oficial que utiliza Estados Unidos para clasificar las ocupaciones). Dependiendo del empleador, esos trabajadores pueden aparecer estadísticamente como mecánicos industriales, ingenieros mecánicos, bioingenieros o técnicos de mantenimiento. El mercado, mientras tanto, ya ha reconocido el oficio. Wake Technical Community College, en Carolina del Norte, lanzó en 2025 el que presentó como primer programa estadounidense de aprendizaje en biomecatrónica junto con Eli Lilly, CSL Seqirus y Fujifilm Biotechnologies. Los participantes estudian controles eléctricos, neumática, PLC, automatización inteligente, procesos asépticos y buenas prácticas de fabricación antes de incorporarse a las instalaciones de esas compañías. Y es aquí donde aparece una segunda forma de encontrar un trabajo futuro. No buscar títulos nuevos, sino intersecciones nuevas: mantenimiento y biotecnología; electricidad y almacenamiento; ingeniería eléctrica y software; mecánica y automatización; operaciones industriales y datos. Quizá muchas profesiones futuras no sean una invención desde cero, sino una hibridación. También puede ocurrir que la industria que crea el empleo no coincida con la industria en la que buscamos el empleo. Los semiconductores nos proporcionan una buena pista. Quien se pregunte cuántos empleos generará la expansión estadounidense de los chips no tiene más que mirar la fabricación de semiconductores. Revelio Labs hizo eso y después amplió el perímetro hacia proveedores upstream: fabricantes de maquinaria, gases industriales, productos químicos y otros materiales utilizados en una fábrica. Así, el volumen de ofertas relacionadas con semiconductores desde 2023 casi se triplicó respecto del obtenido observando únicamente el código industrial de fabricación. Una fábrica necesita ser construida antes de fabricar chips; después necesita equipamiento litográfico, sistemas de vacío, gases ultrapuros, productos químicos, agua ultrapura, mantenimiento, automatización, electricidad y logística... En el caso del programa estadounidense Chips for America la financiación no se limita a las fábricas. Incluye instalaciones de materiales y equipamiento semiconductor y planes específicos de fuerza laboral. El NIST -National Institute of Standards and Technology- estimó en 2025 que sólo en Estados Unidos serán necesarios alrededor de 90.000 técnicos cualificados para semiconductores antes de 2030, y más de 100.000 trabajadores de construcción para levantar las nuevas fábricas. La cuestión no es sólo qué empleos habrá en la industria de chips, baterías, IA o nuclear sino qué profesiones existentes se transformarán, porque esa industria necesita proveedores, infraestructura y servicios que aparentemente pertenecen a otros sectores. Esta podría ser una tercera fuente de profesiones invisibles. Las estadísticas oficiales son muy útiles porque permiten comparar durante años empleos, sueldos y ocupaciones con criterios estables. El problema es que esa misma estabilidad hace que reaccionen despacio cuando el mercado cambia muy rápido. Revelio Labs lo muestra con los técnicos nucleares. En 2025, el Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos esperaba una caída del 8% en esa ocupación durante la década siguiente. Pero, al mismo tiempo, estaban creciendo los proyectos de pequeños reactores modulares, microrreactores y nueva energía nuclear. Las ofertas para técnicos nucleares aumentaron un 68% entre 2024 y 2025. Después, el BLS revisó su previsión y pasó a proyectar un ligero crecimiento. La diferencia es que la estadística oficial describe mejor lo que ya existe; una oferta de empleo puede anticipar lo que una empresa necesitará mañana. Por eso Cedefop analiza millones de vacantes europeas con Skills OVATE para detectar casi en tiempo real qué capacidades ganan demanda. No sustituye a las estadísticas oficiales, pero puede funcionar como radar adelantado: mostrar primero en las ofertas cómo está cambiando una profesión. Formación, selección y política de empleo empiezan a abandonar la profesión como única unidad de medida. Durante décadas, el mercado laboral se organizó alrededor de categorías bastante estables: una profesión, una titulación, un sector, una empresa... Pero ese esquema empieza a quedarse corto. Las compañías están modificando tareas y competencias más deprisa de lo que universidades, sistemas de formación, clasificaciones profesionales y servicios públicos de empleo pueden reaccionar. Un reciente informe de la OCDE habla de un mercado skills-first: en lugar de fijarse únicamente en títulos académicos y nombres de ocupaciones, habría que mirar qué sabe hacer realmente una persona. Eso supone desarrollar microcredenciales, reconocer aprendizaje y experiencia previos y construir sistemas capaces de relacionar trabajadores y vacantes a partir de competencias concretas. Reformar un currículo oficial puede llevar años; una nueva tecnología puede alterar el contenido de un puesto en meses. Pero eliminar una titulación de una oferta no significa necesariamente cambiar a quién se contrata. Harvard Business School y Burning Glass Institute estudiaron 11.300 combinaciones de empresas y ocupaciones, y comprobaron que muchas compañías que habían retirado requisitos universitarios apenas modificaron después sus contrataciones reales. El skills-first puede quedarse en mero discurso si la selección, la evaluación y la promoción siguen premiando las credenciales tradicionales. España también empieza a asumir este desfase. La Estrategia Española de Apoyo Activo al Empleo 2025-2028 propone utilizar datos e inteligencia artificial para anticipar necesidades formativas y mejorar el encaje entre capacidades y puestos. El cambio de fondo es que la profesión deja de ser la única unidad útil para entender el trabajo. Cada vez importa más la combinación concreta de capacidades. Y es precisamente ahí, dentro de ocupaciones conocidas cuyo contenido empieza a mutar, donde pueden aparecer primero los empleos del futuro.