Un hidalgo portugués perseguido por la Inquisición por sodomía emparedó los libros de Barcarrota
ResumenLa piqueta de albañil tropezó con una sorpresa inesperada en la reforma del 'doblao' de una antigua vivienda de Barcarrota (Badajoz) durante el verano de 1992. Al golpear el tabique del desván de la casa, situada en la plaza de la Virgen de Soterraño, el ... acero atravesó unas hojas escondidas en un hueco que después había sido tapiado con esmero. Tras el antiguo 'Alborayque' asaetado por la herramienta, una feroz sátira contra los judeoconversos, se descubrieron otros nueve libros, entre ellos la edición más antigua conocida del Lazarillo de Tormes , de 1554 , tratados de quiromancia, un manual de exorcismos o una obra erótica de carácter homosexual, así como un manuscrito enrollado en el atadijo.
La piqueta de albañil tropezó con una sorpresa inesperada en la reforma del 'doblao' de una antigua vivienda de Barcarrota (Badajoz) durante el verano de 1992. Al golpear el tabique del desván de la casa, situada en la plaza de la Virgen de Soterraño, el ... acero atravesó unas hojas escondidas en un hueco que después había sido tapiado con esmero. Tras el antiguo 'Alborayque' asaetado por la herramienta, una feroz sátira contra los judeoconversos, se descubrieron otros nueve libros, entre ellos la edición más antigua conocida del Lazarillo de Tormes , de 1554 , tratados de quiromancia, un manual de exorcismos o una obra erótica de carácter homosexual, así como un manuscrito enrollado en el atadijo. Escritos en diversas lenguas (castellano, portugués, francés, italiano, latín...), todos estaban datados en el siglo XVI y todos se ocultaron por un mismo motivo. «Se sabían potencialmente peligrosos a ojos del inquisidor de turno (o de algún vecino fisgón)», explica el investigador Pedro Martín Baños. Este doctor en Filología Hispánica, especialista en Antonio de Nebrija, pero también en temática conversa y la censura de los siglos XV y XVI, cree haber averiguado quién escondió ese biblioteca heterodoxa en la pequeña localidad pacense a finales de 1559 y principios de 1560. «La clave de todo», señala Martín Baños a ABC, se encuentra en un pequeño amuleto de papel circular descubierto entre los libros emparedados, dedicado a un tal « Fernão Brandão , portugués de Évora, señor de São Manços, cumbre de los ingenios». En esta delicada nómina manuscrita con textos mágicos (como el Tetragrámaton central), aún se observan los pliegues de haber sido doblada para ser llevada al cuello o en el pecho, posiblemente dentro de una bolsita o una joya. «Era un objeto apotropaico, que se usaba sobre todo para la protección ante peligros y viajes, y lo particular de este amuleto es que es el único que he encontrado con una personalización tan afectiva y tan íntima», relata el investigador. En el reverso del papel, de unos 11 centímetros de diámetro, aún puede leerse la promesa que un anónimo amigo le escribió en Roma en 1551: «Perchè io sempre me ricorderó di te» ( Siempre te recordaré ).Intrigado, Martín Baños buscó información sobre Fernão Brandão en la plataforma DigitArq , similar al portal español Pares, y la suerte le sonrió. En los archivos lusos encontró varias denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora entre 1547 y 1549 contra un hidalgo de la familia de los Brandões de Évora, señor de São Manços, que se exilió en Castilla «por los excesos cometidos» en el reino portugués. Se le acusaba de impiedad o irreligiosidad por comer pescado y carne los viernes, domingos y fiestas de guardar, por no rezar nunca, por jugar a la pelota con sus criados en lugar de ir a misa o por desaparecer de la ciudad y refugiarse en su casa de campo durante la Cuaresma. También se decía de él que blasfemaba contra Dios y los santos y que poseía algunas figurillas de metal con las que practicaba rituales de magia o hechicería.Noticia relacionada general No No Un joven israelí descubre «por casualidad» una segunda espada cruzada bajo el mar M.ArrizabalagaAdemás, se le acusaba de haberse acostado con varios criados y de poseer «un libro de sodomía , a manera de libro de canto (esto es, forrado como si fuera un libro religioso), en que están hombres figurados cabalgando contra natura unos a otros por detrás». El investigador sospecha que el criado de Brandão que lo denunció tal vez se refería a 'La Cazzaria', del italiano Antonio Vignali (de hacia 1525), una obra de cariz abiertamente homosexual que se difundió en Europa de forma clandestina y se halló entre los libros ocultos de Barcarrota.Al estudiar por primera vez de forma integral esta biblioteca en su conjunto, analizando cada pieza también desde el punto de vista material, no solo bibliográfico, Martín Baños descubrió una curiosa anotación en una hoja de guarda de uno de los volúmenes emparedados. Era una edición veneciana de la 'Opera chiamata confusiones della setta machometana' de Juan Andrés y el modesto apunte a tinta en portugués que hasta ahora había pasado desapercibido parece registrar el regreso de Brandão del viaje a Italia que menciona el amuleto: «El 29 de julio salí de Génova. El 7 de agosto, a media noche, (llegué) a Barcelona. 1552».Los libros hallados en Barcarrota, tras su restauración. Biblioteca de ExtremaduraEl filólogo, docente de secundaria en el IEA Carolina Coronado de Almendralejo, cree que durante una intensa persecución a los homosexuales en Lisboa, que empezó en 1547, el hidalgo portugués viajó a Roma para tratar de obtener la absolución de la Penitenciaría Apostólica , como ha comprobado que hicieron otros acusados de sodomía por la Inquisición. A varios, sin embargo, el documento no les salvó de la cárcel a su vuelta a Portugal y Brandão, que estaría informado, optó por no regresar y establecerse en España, cerca de la frontera portuguesa, a la espera de tiempos mejores. Debido a la pérdida de documentos de la época, Martín Baños no ha podido certificar de manera documentada que residiera en la 'casa de los libros', como ahora se denomina a la vivienda donde se encontró el atadijo, pero está acreditado que vivió en Barcarrota y por los indicios hallados en testamentos de quienes fueron sus vecinos, alberga la sospecha fundada de que fue inquilino o propietario de una vivienda en esa calle, posiblemente esa misma del altozano de Nuestra Señora, donde trataría de llevar una vida de hidalgo discreta. La localidad pacense, cercana a Olivenza y a Évora, se hallaba por entonces a solo unos 7 kilómetros de Portugal y desde allí podría haber administrado su extensa hacienda a través de testaferros y amigos. Expurgo de libros prohibidosSu tranquilidad se vería de nuevo alterada con la publicación en 1559 del 'Índice de libros prohibidos ' del inquisidor Fernando de Valdés, que se difundió con carteles en todas las iglesias españolas. Al menos cuatro de los títulos emparedados figuraban en el listado, entre ellos, el Lazarillo de Tormes de 1554. «Debía de ser un hombre culto, aficionado a la lectura, que tuvo la mala suerte de estar en el peor lugar, tener una vida un poco equívoca en el pero momento y en las peores circunstancias en Portugal y luego en España», cavila el investigador. Porque a diferencia del país vecino, que persiguió con ahínco la sodomía, pero no tanto los libros prohibidos, «España sí y el momento crucial fue a partir del índice de Valdés», explica. En ese clima y ante el temor a que una denuncia pusiera en comunicación a la Inquisición española con la portuguesa, Brandão decidiría hacer un expurgo de su biblioteca y emparedar los libros más comprometidos. «Podía haberlos quemado o destruido, como hicieron otros, pero supongo que quiso esconderlos pensando en recuperarlos cuando pasara el momento», explica el experto bilbaíno, que ha analizado la razón por la que cada volumen fue ocultado. Las obras descubiertas en Barcarrota. Biblioteca de ExtremaduraCon su bien armada investigación, que presenta en el libro 'La Biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão', publicado por la Universidad de Extremadura y la Universidad Autónoma de Barcelona, Pedro Martín Baños refuta la hipótesis de Fernando Serrano Mangas sobre el médico converso Francisco de Peñaranda . «Se trata de una conjetura carente de una base sólida». En cambio, «todo apunta claramente hacia él (Brandão): el amuleto personalizado con su nombre, la 'Oración de la Emparedada' en lengua portuguesa, la cubierta con un pergamino igualmente portugués del Tricasso de 1525, los libros en italiano y la estancia en Roma, la posesión de 'La Cazzaria', congruente con las acusaciones de sodomía…», recapitula en su libro. Aunque algunos genealogistas dicen que a través de un sobrino logró ser perdonado por el rey Sebastián, en su búsqueda en archivos de Lisboa y Évora Martín Baños no ha dado con ese perdón y desconoce si regresó o no a su país natal. «Es un personaje como de novela , yo me lo imaginaba como el del coronel no tiene quien le escriba, esperando siempre alguna noticia y en ese esperar se le fue la vida realmente». Si volvió a Évora, no se llevó consigo sus preciados libros heterodoxos, cuyo descubrimiento en los años 90 tuvo gran repercusión.La investigación sobre 'La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão', que ha recibido el apoyo de la Junta de Extremadura, se enmarca en los proyectos sobre censura, libros prohibidos y herejía dirigidos por la catedrática María José Vega desde la Universidad Autónoma de Barcelona, en los que trabajan quince investigadores procedentes de seis universidades españolas y cuatro de Italia, Francia, Alemania y la República Checa. En 2024 organizaron una exposición en la Biblioteca Nacional de España que llevó por título 'Malos libros. La censura en la España moderna', en la que los libros de Barcarrota, hoy custodiados en la Biblioteca de Extremadura, ocuparon un lugar destacado.