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ABC ·

Sobrevivir a tu propia ejecución

Resumen

Para sobrevivir a tu propia ejecución hay que ser muy maleducado o muy aguafiestas. El Estado llevaba treinta años preparando la de Christa Pike, había movilizado a jueces, fiscales, funcionarios, médicos y hasta a verdugos, como Azcona; había rechazado recursos, firmado instancias, fijado fecha y ... comprado pentobarbital, que, la verdad, cada día está más difícil. Y resulta que cuando llega el gran día le ponen la inyección y ella sigue allí, roncando como si nada, soñando en cómo encajar a Bellingham con Arda Güler.

Para sobrevivir a tu propia ejecución hay que ser muy maleducado o muy aguafiestas. El Estado llevaba treinta años preparando la de Christa Pike, había movilizado a jueces, fiscales, funcionarios, médicos y hasta a verdugos, como Azcona; había rechazado recursos, firmado instancias, fijado fecha y ... comprado pentobarbital, que, la verdad, cada día está más difícil. Y resulta que cuando llega el gran día le ponen la inyección y ella sigue allí, roncando como si nada, soñando en cómo encajar a Bellingham con Arda Güler. Eso es lo que le ha pasado a Pike, que el miércoles pasado recibió sus dos dosis de barbitúricos bien cargaditas y ni aun así estiró la pata. La verdad, no se me ocurre mayor acto de insubordinación administrativa.Pike debía haberse convertido en la primera mujer ejecutada en Tennessee en los últimos doscientos años, que es una de esas efemérides que al 'spin doctor' le cuesta encajar en una agenda institucional: a las diez, reunión de gabinete; a las doce, visita a una escuela; a las siete, primera mujer ejecutada desde 1820. Pike había sido condenada por un asesinato que cometió cuando tenía 18 años, así que llevaba ya tres décadas en el corredor de la muerte. Suficiente para que el Estado se hubiera preparado, creo yo. Porque no estamos hablando de una ejecución improvisada porque hubiera surgido un hueco en la agenda, no: son treinta años. Ni que estuvieran planeando la autovía del Duero. Pero llegó el momento, le enchufaron el pentobarbital y Pike siguió vivita y coleando. Así que le administraron otra dosis. Y siguió viva. A partir de ahí debió de producirse ese instante maravilloso de toda burocracia, que es cuando sucede algo que no estaba previsto. Así que se les ocurrió algo mejor. Que es llevarla a un hospital. Supongo que para que no se muriera.Lo formidable de Pike es que ha llevado la desobediencia a un territorio desconocido. Porque uno puede rebelarse contra el Estado rodeando el Congreso, ocupando Sol o encadenándose a un ministerio. Pero la verdadera rebelión consiste en obligarle a enfrentarse a algo para lo que no tiene protocolo. Ahí es cuando el sistema implosiona. Y lo hace hasta tal punto que el gobernador de Tennessee decidió suspender todas las ejecuciones y encargó una investigación para averiguar qué salió mal, como si una ejecución tuviera indicadores de calidad, KPI y una encuesta de satisfacción al cliente. Que, por razones evidentes, nunca devuelve.El Estado decidió que Pike debía morir, empleó treinta años en conseguirlo, la ató a una camilla, le administró dos veces el veneno y acabó mandándola al hospital para que la curasen. Frente a semejante despliegue, Pike hizo lo único que todavía podía hacer por su cuenta, que es echar una siesta. Visto lo visto, no descarto que la terminen juzgando por desacato.