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Iñigo Pérez, el hombre al que el Brexit frenó y lanzó Vallecas a Europa

Resumen

Andoni Iraola quería llevárselo al Bournemouth. Lo había tenido como segundo en el Rayo Vallecano, había visto de cerca cómo pensaba el fútbol, cómo trabajaba y cómo hablaba con los jugadores. Cuando el club inglés le contrató en el verano de 2023, Iraola lo tenía claro: Iñigo Pérez tenía que ir con él. El Gobierno británico le denegó el permiso de trabajo.

Andoni Iraola quería llevárselo al Bournemouth. Lo había tenido como segundo en el Rayo Vallecano, había visto de cerca cómo pensaba el fútbol, cómo trabajaba y cómo hablaba con los jugadores. Cuando el club inglés le contrató en el verano de 2023, Iraola lo tenía claro: Iñigo Pérez tenía que ir con él. El problema fue el Brexit. El Gobierno británico le denegó el permiso de trabajo. El Bournemouth solicitó un panel de excepciones, aunque tampoco prosperó. Iñigo Pérez se quedó en tierra viendo desde fuera cómo su sitio en la Premier League se cerraba por un trámite burocrático. "Lamentablemente no tiene el permiso de trabajo", dijo Iraola en noviembre de 2023. "Así que hasta que no lo tenga no puede estar aquí con nosotros". No lo tuvo nunca. Y eso cambió la historia del Rayo. El requisito que le bloqueaba consistía en que para trabajar como ayudante en Inglaterra tras el Brexit, un técnico debe haber dirigido en una liga superior durante tres de los últimos cinco años o dos consecutivos. Iñigo Pérez llevaba apenas una temporada en el cargo. Había rechazado ese mismo verano convertirse en el primer entrenador del Rayo —el club se lo ofreció cuando Iraola se marchó— porque prefería seguir aprendiendo al lado del guipuzcoano. La lealtad le costó quedarse sin destino. Meses después, en febrero de 2024, el Rayo le llamó de nuevo. Francisco había sido destituido con el equipo a siete puntos del descenso. Esta vez sí aceptó. Lo que vino después ya es leyenda viva de la Franja. Salvó la categoría. La temporada siguiente llevó al Rayo al octavo puesto, el mejor de su historia en Primera junto al de 2012-13, con 52 puntos. Y esta temporada, con la plantilla con menos valor y la inversión en fichajes más reducida de los cuatro mejores de la Conference, se ha colado en la primera final continental de toda su historia. El rival será el Crystal Palace, un equipo inglés. Cosas del fútbol. El mismo país que le cerró la puerta ahora le espera en la batalla final por el título antes de terminar, si no renueva, su inmaculada etapa como técnico rayista. No es un detalle baladí. Íñigo Pérez, 38 años, el segundo técnico más joven de Primera División, no pudo trabajar en Inglaterra porque un formulario dijo que no. Ahora va a plantar cara a Inglaterra con el sueño de un barrio que no ha cesado de animar en las caídas al infierno, que ha parado desahucios con pancartas, que lleva más de 100 años peleando con lo que tiene y llegando más lejos de lo que nadie esperaba. Antes de viajar a Estrasburgo avisó de que si aquella era la semana más importante en 102 años del Rayo, eran unos privilegiados y que nadie se la quitara. Después del pitido final en La Meinau reconoció que los primeros 65 minutos habían sido de lo mejor que recordaba como entrenador.  Un reconocimiento que también nacde desde dentro. Unai López, todavía desde tierras galas, no tuvo reparo en reconocer su valía: "Para mí, lo digo honestamente, el mejor entrenador que he tenido. Un superdotado en analizar el juego, en las indicaciones que nos da, en los recursos que nos da para hacer daño al rival". El Home Office no le dejó ser compañero de Iraola en Inglaterra. El Rayo sí le dejó ser todo lo demás.