El niño de la mochila y la generación que creció con miedo a ETA
ResumenAnder Izagirre (San Sebastián, 1976), como tantos niños que crecieron en un País Vasco marcado a fuego por el terrorismo de ETA, creció con una advertencia: «Cuidado con las mochilas, si ves una abandonada por la calle no la toques porque te puede explotar ... El 'niño de la bomba de Rentería' se llamaba –se llama– Alberto Muñagorri . «Todos los conocíamos como el niño que le dio una patada a una mochila que tenía una bomba, aunque no le dio ninguna patada –aclara Izagirre–. Cuando lo conocí, me dio la impresión de que su historia la había escrito quien puso la bomba, y él tenía ganas de contar la suya.
Ander Izagirre (San Sebastián, 1976), como tantos niños que crecieron en un País Vasco marcado a fuego por el terrorismo de ETA, creció con una advertencia: «Cuidado con las mochilas, si ves una abandonada por la calle no la toques porque te puede explotar ... como al niño de Rentería». El 'niño de la bomba de Rentería' se llamaba –se llama– Alberto Muñagorri . «Todos los conocíamos como el niño que le dio una patada a una mochila que tenía una bomba, aunque no le dio ninguna patada –aclara Izagirre–. Cuando lo conocí, me dio la impresión de que su historia la había escrito quien puso la bomba, y él tenía ganas de contar la suya. Y lo que ha vivido Alberto en Rentería permite recorrer cincuenta años de violencia en el País Vasco». Con 'La mochila' (Libros del K.O.), como ha hecho Radden Keefe con 'No digas nada' y la violencia del IRA, y como van haciendo gota a gota otros libros sobre el terrorismo etarra, Ander Izagirre reconstruye una sociedad atravesada por el miedo, la violencia y demasiados silencios. «Es la ventaja del periodismo», sostiene el autor, que a estas alturas ya acredita una carrera que lo sitúa entre los reporteros más notables del país: «Levanta acta de hechos que han ocurrido y que no se pueden negar. Si el libro tiene cierto recorrido, mucha gente va a conocer historias que no se pueden dejar debajo de la alfombra. Aquí hay historias incómodas para mucha gente: para quien ponía la bomba, pero también para quienes no se acercaron a las víctimas por miedo. Muchos jóvenes se preguntarán: 'Oye, ¿y vosotros qué hacíais en esa época?'».'La mochila' Autor Ander Izagirre Editorial Libros del K.O. Número de páginas 408 Precio 23,90 eurosUn ejemplo: cuando operaban a Muñagorri entre la vida y la muerte tras la explosión –había perdido una pierna, quedó ciego de un ojo y tenía el cuerpo atravesado por la metralla–, el Ayuntamiento de Rentería aprobó una moción sobre el atentado que no dedicaba una sola palabra a los terroristas ni proponía ayudas para la víctima. Después se convocó una manifestación y algunos manifestantes se cruzaron con la madre del niño al grito de «gora ETA militarra».Muñagorri tenía diez años y apenas sabía qué era ETA. «Lo que sabía seguro era que los de ETA ponían bombas y que una me había tocado a mí». Iba a jugar al fútbol con sus amigos cuando una explosión le cambió la vida. Su madre, al escuchar el estallido, pensó: «Menos mal que tengo las ventanas abiertas; si no, me destroza los cristales». No sabía que su hijo estaba allí.Izagirre llevaba tiempo trabajando en este libro y reuniendo testimonios de antiguos miembros de ETA arrepentidos, pero fue la figura del 'niño de Rentería' la que le permitió ordenar la historia. «Hay una escena que me impresiona mucho. En la casa de los Muñagorri se sientan a la misma mesa el hermano de Alberto, que tiene problemas de adicción a la heroína, y dos amigos suyos: uno que va a entrar en prisión por un acto de 'kale borroka', por quemar un autobús, y otro que va a entrar en ETA. Y luego está Alberto, que perdió una pierna por una bomba de ETA. Esa era la convivencia cotidiana de aquellos años».Recuperar la vozYa con ETA desaparecida, Izagirre cree que se ha roto una barrera del miedo que impedía a muchas víctimas hablar. «Había mucha gente sola, con miedo y a la que nadie quería escuchar. No era solo el riesgo de sufrir represalias por contar su historia; tampoco había demasiadas personas dispuestas a acercarse y escuchar. En víctimas como Alberto hay una necesidad de contar que sus vidas siguieron entre el dolor y la sombra. Hay un ansia de recuperar su voz». Muñagorri no solo lo hace en el libro de Izagirre. Desde hace tiempo visita colegios y se está encontrando con que los adolescentes apenas conocen lo que ocurrió: «Algunos casi ni habían nacido, y sí se nota ese vacío de conocimiento». Con todo, aún quedan muchas heridas abiertas. Muñagorri no sabe quién colocó la bomba. Tiene sospechas y cree que se cruza con esa persona con frecuencia, pero nadie le ha reconocido nunca haber sido el autor del atentado. «Y a él le encantaría que, si de verdad ese hombre está arrepentido y pide perdón, pudieran ir juntos a dar charlas: el que puso la bomba y el que la sufrió», cuenta Izagirre.«Cuando no cierras bien algo, puede aparecer de otras formas. ETA no va a volver, pero pueden aparecer otras formas de violencia»Muñagorri sí ha tenido encuentros con etarras arrepentidos, entre ellos el sanguinario Urrusolo Sistiaga, que le han pedido perdón. «Esto le ha reconfortado mucho, pero ninguna era quien puso la bomba. Y hay algo más que echa de menos: que lo que le dicen en privado lo digan también en público. Cree que son sinceros, pero considera que este no es un asunto individual, sino social. Todavía hay una presión social que impide que estos presos o antiguos presos den el paso. Salir con ese mensaje ante la que era su comunidad les hace aparecer como traidores. Esto sigue quedando pendiente. Cuando no cierras bien algo, puede aparecer de otras formas. ETA no va a volver, pero pueden aparecer otras formas de violencia».