Cuando el deportista se convierte en gurú científico
ResumenInformarse sobre asuntos científicos a través de un deportista no experto puede ser tan útil como meter el ordenador en el horno para que cargue. Y sin embargo hay gente que lo hace, y no por estupidez, sino por un mecanismo cognitivo antiquísimo: la falacia de autoridad. Si un tipo ha demostrado ser extraordinariamente competente en una disciplina, su opinión sobre cualquier otra materia adquiere automáticamente peso y credibilidad. Marcos Llorente defiende, la última en el programa con más audiencia de la televisión, que hay que tomar mucho el sol.
Informarse sobre asuntos científicos a través de un deportista no experto puede ser tan útil como meter el ordenador en el horno para que cargue. Y sin embargo hay gente que lo hace, y no por estupidez, sino por un mecanismo cognitivo antiquísimo: la falacia de autoridad. Si un tipo ha demostrado ser extraordinariamente competente en una disciplina, su opinión sobre cualquier otra materia adquiere automáticamente peso y credibilidad.
Te pongo dos ejemplos. Marcos Llorente defiende, la última en el programa con más audiencia de la televisión, que hay que tomar mucho el sol. En algún post de Instagram incluso ha presumido de broncearse sin protección. El extraordinario jugador Kyrie Irving, por su parte, defiende que la Tierra es plana y que la vacunación es una violación de los derechos humanos. Y muchos de sus seguidores les han comprado sus discursos porque son sus ídolos. Y esto conviene no tratarlo como una anécdota graciosa porque alguien que da más peso a la narrativa de sus ídolos que a la evidencia científica es una persona más vulnerable, más permeable a movimientos antivacunas o más susceptible de ser guiada hacia pseudoteorías sacacuartos.
Porque todo, en el fondo, es un negocio. Llorente aboga por un estilo de vida al que difícilmente puede aspirar cualquier currito. Tomar el sol por las mañanas, como él reivindica, supone tener las mañanas libres. Alimentarse exclusivamente de carne roja o comprarse unas gafas con filtro amarillo —las que él mismo promociona, a 200 euros— supone dinero. Lo que presenta como filosofía de vida saludable es el privilegio de un deportista de élite con tiempo, recursos y una constitución física que no es extrapolable al común de los mortales (mucho menos a sus bolsillos).
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Así que la próxima vez que veas a un deportista (no experto) explicando su teoría sobre, yo qué sé, el sistema inmune, pregúntate si le confiarías a tu dermatólogo el lanzamiento del penalti definitivo en una final de Champions. Si la respuesta es no, ya sabes qué hacer con el resto.
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