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Un Barça muerto de risa

Resumen

Algo terrible debe estar a punto de suceder en el Barça porque no es normal tanta felicidad, tanta sonrisa y tanta celebración. Lo saben los más viejos del lugar y empiezan a sospecharlo hasta los jóvenes: tan cierto es que nunca llovió que no escampara, como que llover tiene que llover. Podría ser un fallo estructural que derrumbe el nuevo Camp Nou antes de terminarlo. O que Laporta se tropiece al salir de Vía Veneto , vea una luz y se haga del Espanyol .

Algo terrible debe estar a punto de suceder en el Barça porque no es normal tanta felicidad, tanta sonrisa y tanta celebración. Lo saben los más viejos del lugar y empiezan a sospecharlo hasta los jóvenes: tan cierto es que nunca llovió que no escampara, como que llover tiene que llover. Podría ser un fallo estructural que derrumbe el nuevo Camp Nou antes de terminarlo. O que Laporta se tropiece al salir de Vía Veneto, vea una luz y se haga del Espanyol. Podría ser Flick creyéndose el relato de quienes aseguran que no está a gusto en Barcelona y regresando a Alemania para montar una ferretería, llevándose con él a Gavi y Lamine Yamal para cuadra mejor los turnos, qué sé yo: cualquier cosa podría pasar que venga a ensombrecer este estado de júbilo transitorio, jamás permanente.

Ni en los mejores sueños del culé más radicalizado se podría vislumbrar un escenario tan antinatural para un club que, antes de llegar Cruyff, le rezaba a dios hasta para rascar un triste empate. Nada dura nunca demasiado en la casa de Guardiola -que se lo pregunten al propio Guardiola- y todo lo ocurrido esta semana bien podría ser la primera señal de que el juicio final se acerca. “Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos”, vino a decirnos Florentino Pérez este mismo martes, aunque utilizando sus propias palabras y sin necesidad de apuntar a nadie con un pistolón porque, entre otras muchas consideraciones, si alguien puede mejorar un guion de Tarantino, ese es el presidente del Real Madrid.

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Sin ánimo de ofender ni pretender aguarle la fiesta a nadie, el Barça sigue siendo ese club que echó a su profeta acusándolo de vender pisos en Andorra, el que cambió a su hijo futbolístico por el álbum de cromos de Sandro Rosell, el que vio partir a Messi entre lágrimas y recuperó a Dani Alves para descubrirlo ahora convertido en un pastor evangelista: todo es posible en este Barça delirante nuestro que, puesto a encontrarse ya con la parca, firmaría un ataque de risa como el sufrido esta semana.

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