La fuga de maestras de Infantil a Finlandia por 3.300 euros al mes: «Aquí puedo pagar el alquiler»
ResumenA Celia Gallego (Madrid, 27 años) no le gusta especialmente el pescado crudo y tampoco lleva demasiado bien vivir a bajo cero, pero está feliz trabajando como maestra de Infantil en Helsinki. Llegó a Finlandia en agosto para empezar en la 'päiväkoti', la palabra con ... la que los fineses se refieren a los centros para niños entre 0 y 6 años. Pero no es la única docente española que ha aterrizado en Helsinki en los últimos meses.
A Celia Gallego (Madrid, 27 años) no le gusta especialmente el pescado crudo y tampoco lleva demasiado bien vivir a bajo cero, pero está feliz trabajando como maestra de Infantil en Helsinki. Llegó a Finlandia en agosto para empezar en la 'päiväkoti', la palabra con ... la que los fineses se refieren a los centros para niños entre 0 y 6 años. Pero no es la única docente española que ha aterrizado en Helsinki en los últimos meses. Son ya 26 las maestras que se han instalado en la capital de Finlandia en estas semanas: hay 52 haciendo el curso de finés que empezó a finales de octubre, aunque se seguirán sumando en los meses siguientes. La idea es que otras 50 educadoras comiencen la siguiente formación en el idioma. Desde 2024, el ayuntamiento de Helsinki recluta a maestras españolas de Infantil para trabajar en centros públicos de la ciudad con el objetivo de cubrir 8.000 plazas para 2032. Según explican a ABC desde este ayuntamiento, padecen una escasez crónica de profesionales en el sector, mientras, dicen, «España es el único país de Europa con un exceso de educadores infantiles». Las condiciones son muy golosas: después de cursar una formación 'online' de finés nueve o diez meses antes del traslado, se ofrece un contrato indefinido y un sueldo de 3.298 euros brutos mensuales , con un complemento por experiencia. Además, el programa municipal ofrece ayuda con la vivienda, incluidos pisos propiedad del ayuntamiento sin depósito. «Aquí puedo pagar el alquiler», introduce Gallego. En Madrid vivía con sus padres en el barrio de Charabanchel y trabajaba en un McDonald’s cobrando el salario mínimo. Nunca pudo ejercer, sólo impartió clases de inglés, pero en Finlandia ha logrado independizarse por completo . «Incluso viviendo con mi familia no conseguía ahorrar ni la mitad de lo que ahorro aquí. Ahora me quedan limpios 1.200 euros cada mes», afirma a este diario. «Incluso viviendo con mi familia no conseguía ahorrar ni la mitad. Ahora me quedan limpios 1.200 euros cada mes» Celia Galle educadora infantil en Helsinki Además, en las 'päiväkoti' las condiciones son mucho mejores que en España. Celia trabaja en clases de 18 alumnos con un mínimo de tres profesoras (es decir, una ratio de seis docentes por aula). Con todo, esta joven madrileña se plantea en un futuro no muy lejano volver a su barrio, a Carabanchel. «Contaba con quedarme máximo un año, pero me ha gustado bastante porque creo que estoy creciendo como persona. Como mínimo, estaré dos años. Lo que quiero es poder comprarme mi propio piso en Madrid». A pesar del frío y la gastronomía, Celia ha logrado «hacer piña» con otras cinco españolas que llegaron a la vez que ella a Helsinki. «Nos obligamos cada fin de semana a hacer mínimo un plan, el que sea, para salir de casa», cuenta. «Oposité dos veces y saqué más nota cuando peor lo llevaba. Aquí premian más la vocación» Alba Carod educadora infantil en Helsinki Una de las chicas que integra la 'nueva familia' de Celia es Alba Carod (28 años, Zaragoza), que siempre ha encadenado contratos temporales en su tierra como sustituta sin poder independizarse. «Oposité dos veces, una muy preparada, la otra sin casi preparar, y saqué más nota cuando peor lo llevaba. Creo que en este país [Finlandia] se premian más la vocación y las ganas que el hecho de que hayas sacado un diez en un examen», opina. Más conciliación familiar En el trabajo del día a día, también ha notado diferencias con el modelo de Educación Infantil en España. En primer lugar, por cómo los finlandeses promueven la conciliación familiar. «En todo momento los centros están abiertos para que las familias puedan dejar a los niños y tengan un sitio donde estén cuidados y educados. En España, los padres tienen que buscarse un poco la vida», percibe esta maña. También le llama la atención el personal con el que cuentan los centros, en los que se ven más educadores sociales o más trabajadores sociales que en las guarderías de nuestro país. Un 'se busca' desesperado El 'se busca' del ayuntamiento de Helsinki es tan desesperado que incluso ha desarrollado una herramienta virtual para que cada educadora sepa cuántos impuestos terminará pagando en función de su salario, su situación familiar, la zona en la que vive o el tamaño de su vivienda. Todo son facilidades para que las educadoras infantiles estén cómodas en su nuevo destino, pero, aún así, a veces echan de menos su casa. Alba no tiene planes de volver a corto plazo y prefiere seguir aprendiendo del modelo educativo finlandés. Pero reconoce que emigrar implica momentos duros en los que dan ganas de «hacer las maletas y volver» . «Es importante apoyarse en la gente que está viviendo lo mismo que tú. Las españolas hemos venido solas, entonces la familia que tenemos somos las que estamos». Aunque residen en la misma zona del área de Helsinki, nunca coinciden en la misma escuela. «Si nos metes a todas las que hablamos el mismo idioma en un sitio, no te integras; se trata de adaptarse a ellos , no de que ellos se adapten a ti», concluye. El éxodo silencioso de estas maestras encierra una paradoja para el sistema español. Mientras de las facultades de Educación siguen saliendo promociones enteras destinadas a la precariedad laboral, al tapón de las oposiciones o al mostrador del McDonald’s, uno de los países que lidera los ránkings educativos de Europa cubre sus carencias estructurales a golpe de talento universitario formado con dinero público español.