Dela, el insustituible ‘bad boy’ que agitó (o no) a Lamine
ResumenJosé Ramón de la Fuente (Girona, 1970) ha vuelto a ser protagonista estos días. Y no porque su nombre se haya puesto en valor otra vez por los poderes de Joan García. Ni siquiera por una nueva salida de tono en forma de expulsión que le ha enviado por novena ocasión a la grada acumulando tres rojas desagradables en 2016, ante el mismo rival de esta tarde —el Espanyol— o en un Clásico. El preparador de porteros del Barça ha sido noticia por, supuestamente, dar demasiadas instrucciones a Lamine en el Metropolitano hasta contrariarle.
José Ramón de la Fuente (Girona, 1970) ha vuelto a ser protagonista estos días. Y no porque su nombre se haya puesto en valor otra vez por los poderes de Joan García. Ni siquiera por una nueva salida de tono en forma de expulsión que le ha enviado por novena ocasión a la grada acumulando tres rojas desagradables en 2016, ante el mismo rival de esta tarde —el Espanyol— o en un Clásico. El preparador de porteros del Barça ha sido noticia por, supuestamente, dar demasiadas instrucciones a Lamine en el Metropolitano hasta contrariarle. Un capítulo cicatrizado que, aunque otras fuentes imputan al segundo de Flick, Marcus Sorg, sirve para explicar cómo vive el fútbol Dela y de qué manera se relaciona con los futbolistas. Donde podría calar cierta distancia y tensión, hay confianza y pasión. Palabra de los profesionales que mejor le conocen.
Coinciden en este análisis viejos colegas consultados de su etapa de corto —como guardameta del Barça B de Quique Costas que luego hizo carrera en Palamós, Toledo, Córdoba, Nàstic, Girona (ahí arrancó su labor con los porteros de la cantera) y Sabadell—, alumnos de su etapa como preparador de porteros y compañeros de gremio. Tanto en que es un tipo “cercano y dicharachero”, como en que es un profesional “de primer orden en lo suyo” como en su “intensidad”, ya que vive con una “pasión desbordante” los partidos. No es fácil llevar 14 años en el Barça, maridar con 10 entrenadores, lograr domar a Valdés o que Ter Stegen incluyera en su contrato la obligatoriedad de que su mentor debía estar siempre en el cuerpo técnico. Ni mucho menos lograr que dos técnicos tuvieran que cambiar el rol del gurú que llevan de serie en su pack porque para el club Dela es “insustituible”.
Por algo será. Se dio a conocer tras recalar en el Camp Nou de la mano del añorado Tito Vilanova. El día que el malogrado entrenador supo que sustituiría a Guardiola, telefoneó a Juan Carlos Mandiá, camarada en el Celta y entonces entrenador de un Hércules histórico que no subió a Primera pese a sumar 78 puntos. Le compartió que deseaba contar con uno de sus secretos mejor guardados. Un plan para el que nadie puso objeciones pese a tener contrato en vigor. “Era una opción espectacular para él”, cuentan desde el club de origen que le facilitó la salida. Ese telefonazo le catapultó, pero fue la confianza de Mandiá la que cambió la vida de De la Fuente. “Nos conocimos jugando en el Toledo y no dudé en llevármelo a Alicante; era un adelantado a su tiempo”, recuerda el técnico que ahora acompaña a Míchel González allá donde va, desde Grecia a Arabia Saudí.

“Tenía y aún tengo mucha conexión con él. De hecho, mantenemos un chat con los que formamos el Toledo que aún está muy activo. Es especial porque mejora todo lo que toca y saca la esencia de cada portero con el que trabaja. Siempre fue así. Dentro de las grandes cualidades que tiene destacaría tres: logra que sus porteros estén siempre bien colocados, que la posición corporal sea perfecta para poder intervenir y que apostara por la participación desde atrás en el juego, tanto con acciones técnicas como a la hora de encontrar al hombre libre. Sus porteros no dejan de progresar. En el Hércules logró que Calatayud, que venía de no jugar, fuera un súper jugador. Dela tiene mucha experiencia. Por eso no me creo lo de que enfadó a Lamine. Sabe acercarse y alejarse cuando toca. Salió de la base, lleva mucho ahí y sabe tratar a los canteranos y mimarlos como nadie. Y me consta que conoce a Yamal al dedillo. De ese debate sólo saldría algo bueno. Los chavales tienen buena relación con él porque saben que se desvive por ellos”.
Juan Calatayud, actual entrenador de guardametas de la selección de Guinea Ecuatorial, fue el primer proyecto que Dela tuvo en sus manos en la élite. Y da fe de su talento: “Empezar a entrenar con él supuso un cambio muy fuerte en mi trayectoria. Los entrenamientos que había hecho hasta entonces era diferentes. Y eso que tuve por ejemplo a Pedro Alba en el Racing, que era un gran profesional que me enseñó mucho. En el Hércules, dimos un paso más. Hasta entonces había trabajado lo técnico y lo físico, y con él empecé a perfeccionar lo táctico. Es de los primeros en darle importancia a ese aspecto: cuándo salir, cuándo quedarse, la relevancia de la toma de decisiones… Y parar más atrás, cuando la tendencia entonces era la de ir a tapar, y que los disparos te pillaran en la posición más equilibrada posible”.
Aquella relación, por cierto, arrancó casi como homenaje a Humberto Núñez. El mítico portero del Hércules, que hacía esa y mil labores más en el club, falleció de forma repentina en 2004 antes de un partido de pretemporada frente al Barça. Cuando Mandiá llegó años después no sólo recuperó una figura similar, sino que la profesionalizó. Rescató a su amigo del Écija, donde comenzó su carrera más seria de profe con mayores tras convencerle Roberto Ríos (propietario) para que colgara las botas. Tuvo que readaptarse: “Dela se apoyaba mucho en el vídeo y eso era una ventaja. Me enseñaba imágenes de acciones de porteros de Champions, del Madrid y del Barça”, resalta Calatayud. “Era una manera diferente de trabajar. Con una relación personal muy cercana. Hacía que fueras al entrenamiento ya sabiendo lo que querías mejorar y cómo cambiar. Primero hacíamos un briefing y luego trabajo en campo. Y además te hacía participe del camino a seguir. Te decía ‘¿tú cómo lo ves?’. Esa forma de trabajar, que también hacía y hace Luis Llopis [actual experto en el Real Madrid y maestro de toda una saga entre las que se incluye el barcelonista], era clave. Yo lo hago ahora con mis porteros. Además, intervenía en el día a día del equipo. Hacía un gran tándem con Mandiá, Antonio Puche y Kike Sanz. Me ayudó mucho y me cambió por completo. Un pionero. Como Llopis, se atrevió a no seguir los patrones y buscaron otras alternativas. Abrieron caminos. Es un tío muy serio. Cuando veo la evolución de los porteros del Barça sé, porque lo he vivido y sé qué ejercicios hace, que hay mucho de José Ramón ahí puesto”. Introdujo el trabajo de fuerza como otra de sus especialidades.

Dela pasó del Hércules, junto a Mandiá, al Racing antes de regresar a Alicante para vivir una segunda etapa previa a todo lo que ha vivido después en Barcelona. Un sueño propiciado por la vacante que dejó Unzué para, precisamente, irse a Santander. Y aunque la experiencia en El Sardinero duró 12 partidos por los malos resultados, dejó su poso. Colsa, Pinillos, Edu Bedia y José Picón coinciden en que era el “más afable” del cuerpo técnico en esos meses de 2009. Y eso que la papeleta no fue sencilla. No salieron las cosas y acabaron despedidos. “Es trabajador, en segundo plano, educado y, como ha demostrado, muy formado. Desaprovechamos su talento. Vino en Copa con el Barça y fue encantador. Y una cosa que no es común y dice mucho de él: hablaba bien de todos los técnicos que había tenido en el Barça”.
En Santander introdujo cambios inolvidables. Como el hecho de grabar los entrenamientos, cuando entonces casi nadie lo hacía. El staff pidió al club montar un andamio para ello a la altura del centro del campo principal de entrenamiento en La Albericia. Mucho antes de que Luis Enrique lo pusiera de moda. Básicamente lo copió luego de su mano. En el norte, donde Dela vivía en un piso franco en Valdenoja con el resto del cuerpo técnico, ya mostraba su maestría con la edición para enseñar vídeo personalizados a los jugadores que se habían acostumbrado con Portugal a sesiones genéricas de una hora. “Le daba muchas vueltas a todo y era un estudioso de la táctica”, recuerdan en el club cántabro.
Ahí está el debate general ahora: dónde comienzan y dónde acaban sus funciones en un Barça en el que, de puertas hacia afuera, parece un bad boy. Si sólo es entrenador de porteros o si también tiene voz y voto en la pizarra. Su contribución en las jugadas a balón parado, donde el equipo blaugrana ha crecido, clave y cada vez es mayor. Lo mismo pasa con las dudas de quién es su mayor valedor. La mayoría señala en sus inicios a Messi y luego, sobre todo, a Ter Stegen. Otros, a algún capo de la directiva. Lo que no admite dudas es su peso. Setién, por ejemplo, llevó a Jon Pascua como entrenador de porteros y mientras éste se sentaba en la grada en los partidos, Dela lo hacía en el banquillo. Xavi intentó integrar al suyo y el club dijo ‘no’, que ya tenía al mejor. Y ahora Flick, que llamó la atención a su grupo de trabajo por las protestas a los colegiados y ha conseguido aplacarles, trajo a Toni Tapalovic y le ha tenido que dar otras funciones porque las suyas ya tenían dueño.
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Tiene tanta influencia que él mismo fichó a Unai Alba, segundo de Calata en aquel Hércules, como su extensión en la preparación de arqueros en el Barça B. “Normal. Es muy bueno y eso cala enseguida. Porque también sabe escuchar para mejorar y le gusta debatir. Es una ayuda constante. Y más para un entrenador extranjero como Flick, que necesita tener todo el contexto posible de un entorno que Dela conoce de maravilla desde adolescente”, concluye Mandiá. Por eso el jueves fue uno de los que más animó a Lamine para levantarle el ánimo de cara a este importante derbi catalán y, sobre todo, para el reto de retos del próximo martes.
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