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El BCE deja los tipos en el 2%, pero avisa de "un impacto importante en la inflación" por Irán

Resumen

El Banco Central Europeo (BCE) se atrinchera. La autoridad monetaria ha decidido mantener sin cambios sus tipos de interés en el 2%, un nivel en el que permanecen desde junio del pasado ejercicio. Pero la situación podría cambiar más pronto que tarde. La institución presidida por Christine Lagarde ha tomado esta decisión por unanimidad, pero sólo para darse tiempo para asimilar el impacto del nuevo shock energético que sufre la Unión Europea y que se deriva, una vez más, de las tensiones geopolíticas.

El Banco Central Europeo (BCE) se atrinchera. La autoridad monetaria ha decidido mantener sin cambios sus tipos de interés en el 2%, un nivel en el que permanecen desde junio del pasado ejercicio. Pero la situación podría cambiar más pronto que tarde. La institución presidida por Christine Lagarde ha tomado esta decisión por unanimidad, pero sólo para darse tiempo para asimilar el impacto del nuevo shock energético que sufre la Unión Europea y que se deriva, una vez más, de las tensiones geopolíticas. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz han disparado el precio del gas natural y el petróleo y amenazan con tensar la inflación en la zona euro por encima de los niveles que marcan el objetivo de la estabilidad de precios del BCE. "La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas", reconoce la autoridad monetaria, que anticipa "un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía". El BCE asegura que las implicaciones sobre la política monetaria a medio plazo de la guerra en Irán dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía. La incertidumbre es tan alta que la institución presidida por Christine Lagarde ha publicado diferentes escenarios en sus proyecciones macroeconómicas y ninguno de ellos da motivos para la tranquilidad. En el escenario base, que en principio alimentará las decisiones de política monetaria, el BCE estima que la inflación general se situará en el 2,6 % en 2026, lo que supone elevarla en siete décimas respecto a las cifras manejadas en diciembre. La situación se estabilizaría en los años siguientes, cuando se espera que la inflación se sitúe en el 2,0% en 2027 y en el 2,1 % en 2028. Para ese mismo escenario, los expertos de la autoridad monetaria prevén que el crecimiento económico se situará en el 0,9% en 2026; en el 1,3%, en 2027; y en el 1,4%, en 2028, lo que implica una revisión a la baja, pero sin señales de recesión. Este escenario contempla unos precios del petróleo que alcancen, de media, un máximo de alrededor de 90 dólares por barril y un precio de 50 por megavatio/hora en el gas natural a lo largo del segundo trimestre de 2026, pero que luego se normalizarían en los trimestres siguientes. Se trata de una perspectiva difícil de cumplir salvo que el conflicto geopolítico se enderece en las próximas semanas. Agilidad Ante este panorama, crece la presión para que el BCE actúe. El mercado descuenta dos alzas de los tipos de interés que ya se encuentran recogidas en el escenario base de las proyecciones. Lagarde ha destacado que el ambiente en el Consejo de Gobierno era de "calma y determinación", pero también deslizó una clara disposición a ajustar el precio del dinero. "Estamos en una buena posición para demostrar que nuestra estrategia [monetaria] funciona y para ser ágiles y hacer lo que sea necesario", indicó la presidenta del BCE, que aseguró que "estamos decididos a garantizar que la inflación se estabilice en el 2% a medio plazo". Las palabras de Lagarde alimentan las expectativas de una subida de tipos de interés que podría llegar en la próxima reunión, en abril. En cualquier caso, el BCE observará la evolución de los acontecimientos para valorar sus próximos movimientos y no se compromete con ninguna senda predeterminada de los tipos de interés. La necesidad de actuar de forma ágil si la situación de la energía no se corrige está ligada al hecho de que el nuevo shock inflacionario llega apenas dos años después del último episodio de tensión en los precios. La invasión de Rusia a Ucrania llevó el crecimiento de los precios por encima del 10% y forzó a la autoridad monetaria a elevar sus tasas hasta el 4%, niveles nunca antes vistos. Lagarde sostiene que las empresas y las familias "tienen aún estos acontecimientos en la memoria" y que cabe la posibilidad de que reaccionen de forma más rápida. Si los trabajadores elevan sus peticiones salariales y las empresas hacen lo propio con los precios, se podrían generar efectos de segunda ronda en la inflación que calen antes en la economía de la zona euro, algo que el BCE vigilará con especial atención. El escenario más adverso contempla inflación del 4,4%La enorme incertidumbre derivada de la guerra de Irán ha llevado al BCE a publicar sus proyecciones macroeconómicas contemplando diversos escenarios. El más adverso resulta especialmente lesivo para las perspectivas económicas de la zona euro, con una inflación que escala al 4,6% este mismo año y que se mantiene en el tiempo elevándose al 4,8% en 2027. Esta situación está marcada por un impacto mayor en el suministro de energía con una interrupción del hasta un 60% del suministro de petróleo y gas natural por el estrecho de Ormuz. Además, supone que parte de esa interrupción se debe a acciones militares que dañan la infraestructura energética, lo que retrasa el restablecimiento del suministro incluso más allá del fin de la guerra. En ese contexto, el BCE podría verse forzado a subir los tipos de interés mucho más de lo previsto por el mercado -dos incrementos a lo largo de este año- para tratar de contener los potenciales efectos de segunda ronda que pudiera generar la inflación.