¿Es aún el Madrid el enemigo número uno del Barça?
ResumenLa máxima rivalidad en el verde y en la vida surgió, en principio, por una cuestión de proximidad. Ahí están los derbis incendiarios entre hermanos de la misma ciudad. Basta también para comprobarlo con ver que el estadio de nuestro querido equipo del pueblo se llena más que nunca ante el vecino. Y no es casualidad que en las cenas de Nochebuena entre iguales vuelen los cuchillos cuando, por muy al contrario, en los banquetes de empresa se ven congas.
La máxima rivalidad en el verde y en la vida surgió, en principio, por una cuestión de proximidad. Ahí están los derbis incendiarios entre hermanos de la misma ciudad. Basta también para comprobarlo con ver que el estadio de nuestro querido equipo del pueblo se llena más que nunca ante el vecino. Y no es casualidad que en las cenas de Nochebuena entre iguales vuelen los cuchillos cuando, por muy al contrario, en los banquetes de empresa se ven congas. Me río yo de lo del roce hace el cariño.
Por eso el Barça, como tantos otros, centraron sus rencillas desde la prehistoria en hacer de menos al de al lado, el Espanyol y a esa fe inquebrantable que relató como nadie Enric González en un coqueto libro. Únicamente el desequilibrio de poderes le hizo ampliar las miras más allá de Sarriá y la Montaña Mágica al ver que dos enfrentamientos encarnizados por temporada se quedaban demasiado cortos para la guerra que pide el cuerpo cuando, además, los objetivos eran, son y serán siempre tan dispares.
Ahí, por la necesidad de la dopamina y envuelto en la bandera de la política y la territorialidad, por resumir mucho las cuentas pendientes a ambos lados del puente aéreo, el Barça empezó a fijar sus miras más allá. En concreto en la capital y hacia el todopoderoso Real Madrid. Un rival con el que ya se podría pelear a diario y por todas las cosas habidas y por haber de una manera tan cruel como emocionante. Con este duelo de las dos Españas deportivas, eterna comparación e idéntica ganas de dañarse, vivieron nuestros abuelos, se siguen manejando nuestros padres y hemos aprendido a mirar al mundo los de nuestra generación. No puedes ser del Racing. Estás obligado a ser de uno de los dos.
Sin embargo, tengo muchas dudas de que los nacidos en este nuevo siglo, los adolescentes de esta Era y esos críos que aún deben afianzar sus intenciones y deseos, les parezca lógico este equilibrio de filias y fobias. Un culé de 18 años ha visto levantar seis de sus 15 Champions al Madrid, cinco Ligas, tres Copas, cinco Supercopas de Europa, seis de España, una Intercontinental y cinco Mundiales de Clubes. Pero eso, a veces, pesa bastante menos que el daño personal que ha sufrido en tan poco tiempo por culpa de la tropa de Simeone. Una cosa es que el enemigo levante trofeos ante un tercero y otra bien distinta es que sea el que te apee en la cuneta y que, con el disgusto, te mande a la cama sin cenar.
El Atlético le arrebató al Barça la Liga 2013-14 en el último suspiro en el Camp Nou. Y eso el Madrid no ha sido capaz de hacerlo en ningún Clásico. Ganó una Liga ante el Barça en el 1932 pero el segundo fue el Athletic. No es lo mismo. Lo del Atleti fue peor, con el añadido por haber ejecutado aquella herocidad con una jugada polémica que con el VAR ideal (que no el que vemos) hubiera cambiado bastante el panorama. Aquello entonces se aplaudió, pero hoy hubiera originado una guerra civil. Por algo será. Además, ha eliminado al Barça tres veces de la Champions (2014, 2016 y 2026). Con lo que escuece teniendo al frente a Messi y Lamine. También le dejó sin una final de Supercopa de España en Arabia que propició el despido de Valverde y la aparición de una catarata de desgracias. Y, para colmo, le ha quitado de las manos en esta última edición la posibilidad de ganar otra Copa siendo el rey. Poca broma.

Para entender esta nueva realidad, en la que el Atlético se ha colado claramente en el duelo entre Madrid y Barça, es suficiente preguntar a la chavalería cuáles son sus colores y a quién teme en un círculo vicioso donde el Atleti al que teme por encima de todas las cosas es al Madrid. También vale como termómetro echar un ojo a las pachangas en los patios y recreos, donde ya se luce con orgullo tanta camiseta rojiblanca como merengue o azulgrana. Y hasta se puede medir, si uno abrió bien los ojos en la última final de La Cartuja, y entender por qué la Real sintió el apoyo desde muchos más puntos que Donostia. O cómo se puso tanto énfasis para ponderar el PSG-Bayern si no es para hacer de menos lo que estaba haciendo el Atlético. Tengo claro que su grandeza se resume en que ya produce tanta astringencia en la culerada como el mismísimo Madrid.
Quizás también influye lo suyo que un club venido claramente a más en todos los sentidos como el Atleti se ponga duro con Julián Álvarez, cuando antes era de lo más sencillo arrebatarle a cualquier atlético que destacara por encima de la media. Además de los disgustos grupales que le ha dado el Atlético al Barça en los últimos años, queda abierta la herida de que desde el Camp Nou se reforzó al rival con Villa, Griezmann, Luis Suárez y Depay, para regocijo colchonero, a la vez que le ayudaron al Metropolitano a desprenderse de estrellas en declive fichando a Arda, el Kun o Joao Félix. Esos trofeos también tienen su peso. Igual por eso las reacciones al tortazo del Atleti en Londres son más que reveladoras. Críticas a Simeone, vídeos con la guasa de Raphinha y alivio de más de un culé.
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Sé que esta teoría quedará empañada por el Clásico de este domingo, donde el Camp Nou tiene ganas de hacerle ver al Madrid que lo suyo, hoy, es un circo. Pero amplíen la mirada. Simeone seguirá elevando al Atleti y en el Bernabéu debaten si contratar a un apagafuegos o echar más leña al fuego. No sé, de todo, qué da más miedo.
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