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Carvajal: madridismo en vena (literalmente)

Resumen

De aquel equipo imperial que conquistó cuatro Champions inolvidables en un lustro para el Libro de Oro del Real Madrid (2014-18) sólo quedabas tú, admirado Dani. Nuestro barbudo irreductible, nuestro jabato con botas, nuestro capitán con galones. Uno de esos cinco integrantes del Club Más Selecto del fútbol europeo: los poseedores de seis Champions. Quién se lo iba a decir a ese rubito recién salido de Leganés hacia la Fábrica de Valdebebas con sólo diez añitos...

El madridismo sigue de luto nostálgico. De aquel equipo imperial que conquistó cuatro Champions inolvidables en un lustro para el Libro de Oro del Real Madrid (2014-18) sólo quedabas tú, admirado Dani. Nuestro barbudo irreductible, nuestro jabato con botas, nuestro capitán con galones. Uno de esos cinco integrantes del Club Más Selecto del fútbol europeo: los poseedores de seis Champions. Quién se lo iba a decir a ese rubito recién salido de Leganés hacia la Fábrica de Valdebebas con sólo diez añitos...

Di Stéfano. Nos avisaste de lo que se venía contigo al ser el elegido para poner, junto a la leyenda Alfredo Di Stéfano, la primera piedra de Valdebebas. Pregunté por ti y me dijeron: “Ese niño se llama Dani Carvajal. Síguele la pista porque va a ser muy bueno”.

Y lo hice. Una tarde fría de invierno fui a verte con el Castilla en un partido contra el Alcalá. Dos expulsiones dejaron a tu querido filial con sólo nueve en el campo. Estaba pactado entre Mourinho y Toril que al minuto 60 te quitaban para jugar tres días después la Copa ante la Ponferradina y poder debutar con el primer equipo. Tu orgullo competitivo te hizo quedarte en el verde junto a tus compañeros y con tu ejemplo lograsteis un punto heroico. Y eso te costó tener que emigrar...

Dio igual. Conquistaste la Bundesliga y regresaste como una bendita realidad. Disfrutó Ancelotti contigo en la Décima, Zidane en la 11, la 12 y la 13, y de nuevo nuestro admirado Carletto en las inolvidables 14 y 15. Tus desafortunadas lesiones no impidieron que levantases las seis Orejonas como mejor lateral derecho del mundo. ¿Quién se atreve a discutirlo?

Me quedo con esa imagen gloriosa en la noche mágica de la remontada imposible ante el City, en un Bernabéu convertido en un manicomio de emociones incontroladas. Rodrygo empató en el minuto 90 y el de la megafonía anunció seis minutos de descuento. Bramido en la grada y Guardiola aterrorizado gestualmente. Y tú, lanzado al ataque como El Cid para aplastar a los insurrectos, dibujas un pase perfecto a esa área llena de tiburones blancos. Asensio peina la pelota y Rodrygo firma el 2-1 del éxtasis. La cámara te enfocó y vimos como tu grito desgarrado de felicidad marcaba tu vena yugular a punto de salirse literalmente de tu cuello secuestrado por la emoción compartida de millones de madridistas en todo el mundo.

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Eso eres tú: madridismo en vena. Me quedo con la última reflexión de nuestro añorado Modric: “No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”. Dani, siempre en nuestros blancos corazones.

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