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La Moncloa prepara un ‘otoño caliente’ para intentar recuperar la iniciativa política

Resumen

No tanto por un exceso de actividad, sino por el agotamiento que genera haber perdido el control de la agenda orientada netamente a la escena judicial. De hecho, el final del mes de julio con la oleada de incendios — ... que obligó al Ejecutivo a tomar el mando de la emergencia nacional— supuso un cierto respiro, pese a la exigencia en la gestión. En Moncloa consiguieron cerrar el curso reivindicando su política medioambiental y un pacto de Estado frente a la emergencia climática que les permitió exhibir cierto liderazgo y confrontar modelos con el PP, retratándole en el negacionismo de Vox.

El Gobierno llegó al verano exhausto. No tanto por un exceso de actividad, sino por el agotamiento que genera haber perdido el control de la agenda orientada netamente a la escena judicial. De hecho, el final del mes de julio con la oleada de incendios — ... que obligó al Ejecutivo a tomar el mando de la emergencia nacional— supuso un cierto respiro, pese a la exigencia en la gestión. En Moncloa consiguieron cerrar el curso reivindicando su política medioambiental y un pacto de Estado frente a la emergencia climática que les permitió exhibir cierto liderazgo y confrontar modelos con el PP, retratándole en el negacionismo de Vox. En Moncloa, que llevan encadenando dos años durísimos en los tribunales, tienen experiencia en diseñar arranques de curso para recuperar la iniciativa. En 2025 la causa palestina fue el perfecto trampolín para esquivar, por unas semanas, el cerco judicial, marcar perfil propio a nivel internacional y amalgamar la mayoría de la investidura.Este tipo de tácticas políticas tienen un recorrido limitado, que viene marcado por el resto de elementos coyunturales, pero en Moncloa ya han comenzado a diseñar el plan que quieren desplegar a partir de septiembre, a la espera de ver cómo afecta la crisis desatada en Ceuta el 30 de julio y que parece lejos de estar resuelta. Un 'otoño caliente'. Más allá del acto con el que Pedro Sánchez suele abrir la temporada, en el Gobierno tienen ya articulada una agenda de negociaciones con la que esperan capitalizar el debate público o, al menos, proyectar cierta proactividad ejecutiva. Sobre la mesa está retomar la negociación sobre vivienda que se vio frustrada como broche de cierre de julio por falta de acuerdo. En Vivienda se vieron obligados a renunciar al decreto por los vetos cruzados de los socios parlamentarios y dar unas semanas más a las conversaciones para tratar de alumbrar «un acuerdo amplio y transversal para sacar adelante un ambicioso paquete de medidas que de estabilidad a quien vive de alquiler e impulse la oferta de vivienda asequible».En el Gobierno asumen la dificultad de poner de acuerdo los intereses contrapuestos de partidos que son rivales en las urnas, pero creen que han llegado más lejos que en ocasiones anteriores. No obstante, aunque el éxito del decreto no esté garantizado, en Moncloa son conscientes de que el mero debate ya les beneficia. Ya jugaron la baza de llevar un texto a votación que sabían que no contaba con el respaldo suficiente para salir adelante, simplemente para poner de relieve las posiciones de todos los actores políticos y retratar a aquellas fuerzas que se opusieron a su aprobación. La vivienda es la principal preocupación de los españoles y en el ocaso de la legislatura la sensación es que el Ejecutivo de coalición progresista ha sido incapaz de dar una solución a esta problemática. Otro proyecto con escasa viabilidad son las cuentas públicas. En Moncloa encararon el verano sin querer asegurar plazos ni garantizar si cumplirían con el mandato constitucional, esto es, presentar para su votación en el Congreso los Presupuestos Generales del estado antes de que acabara el mes de septiembre. Que en el Ejecutivo no quieran adelantar su calendario obedece a que el proyecto presupuestario está llamado a funcionar como palanca electoral. Fuentes gubernamentales no descartan que una eventual derrota se convierta en la coartada para una llamada anticipada a las urnas, como ya ocurriera en 2019. Entre tanto, el Gobierno y sus socios estarán unas semanas enredados en la negociación y el intercambio de papeles con escaso recorrido, pues a las puertas del ciclo electoral de 2027 no habrá ninguna cesión que sea susceptible de convertirse en una soga en las urnas.Moncloa y Zarzuela llevan meses trabajando para volver a relanzar la Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid en noviembreEn Moncloa tendrán que calibrar el grosor del nudo que se cierne sobre la garganta del PSOE en el campo de la financiación autonómica. Hacienda también se vio obligada a suspender la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) que tenía convocado para finales de julio por la rebelión de las comunidades del PP que pedían retrasar a septiembre la cita por «falta de información». «El Ejecutivo nunca cerrará la puerta al diálogo y recoge la petición de las comunidades autónomas que han solicitado posponer el Consejo», respondió el ministerio. El movimiento de las 11 autonomías en bloque se produjo después de que Canarias decidiera adherirse al acuerdo, tras acordar 1.300 millones extra al año para que el archipiélago pueda costear sus servicios esenciales. La reforma del sistema de financiación autonómica ofrece casi 21.000 millones más a las regiones para que puedan garantizar los servicios públicos.Agenda internacionalEsta estrategia gubernamental tiene una pata internacional. Sánchez tiene previstas cuatro citas relevantes en las que tratará de explotar su perfil internacional como puntal del progresismo y la socialdemocracia. La primera será su asistencia a Nueva York a la Asamblea General de las Naciones Unidas a finales de septiembre, en un contexto de alto voltaje en Oriente Próximo, el presidente volverá a mostrar su oposición a los conflictos y su apuesta por la paz en la región. En noviembre se espera el plato fuerte, ya que España ejercerá de anfitrión en la la XXX Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5. En Moncloa y Zarzuela llevan meses trabajando para volver a relanzar esta cita internacional, en la que participarán los líderes de 22 países. A finales de ese mes, el presidente asistirá a la COP31, la cumbre sobre el cambio climático de la ONU, en París; y en diciembre Sánchez acudirá a Washington como invitado de la cumbre del G20, donde tendrá un nuevo encuentro con Trump en plena escalada comercial entre el presidente de Estados Unidos y la Unión Europea.