Soto, Ussía
ResumenNo es que Juan sea pequeño pero no le cabe la vida en el cuerpo. Piensa más que el tiempo que tiene para hacerlo, sus artículos se acaban y ha dicho todo pero está todo por decir; bebe, fuma, es padre, 'youtuber', articulista, tiene un ' ... podcast' y salvo los deportes no hay ningún tema ante el que se inhiba, se mide a todo y con arrogancia, y simplemente no entiende a la gente que necesita menos o no tiene la fuerza para llegar al final del día y todavía querer más. Juan es un héroe clásico con su luz y su violencia.
No es que Juan sea pequeño pero no le cabe la vida en el cuerpo. Piensa más que el tiempo que tiene para hacerlo, sus artículos se acaban y ha dicho todo pero está todo por decir; bebe, fuma, es padre, 'youtuber', articulista, tiene un ' ... podcast' y salvo los deportes no hay ningún tema ante el que se inhiba, se mide a todo y con arrogancia, y simplemente no entiende a la gente que necesita menos o no tiene la fuerza para llegar al final del día y todavía querer más. Juan es un héroe clásico con su luz y su violencia. Quedamos en volvernos a ver el viernes próximo y cuando le digo que comer mejor que cenar, porque me sienta mejor no cenar nada, no puede evitar responder, seco y sin mirarme: «Sí, o un yogur».Alfonso parece mayor que Juan y no es verdad, pero hizo antes la carrera hacia el fondo de sí mismo y no es que esté cansado pero sabe lo que duele, lo que pesa, lo que se rompe y no tiene repuesto. Su sonrisa no tiene el hambriento entusiasmo que tiene la de Juan pero es más suave y hospitalaria. Para más sangre, Juan. Para sentirte, a pesar de todo, siempre bienvenido, Alfonso.Se le ve a Alfonso el precio que ha pagado. Juan es lo que ambiciona e ilumina lo que descubre como si nadie hubiera estado antes. Competir es su manera de relacionarse. Alfonso es Europa, decadencia y esplendor; Juan es Qatar, todo nuevo y limpio y rico sin que podamos estar aún seguros de qué hará con él el paso del tiempo.Alfonso tiene mis mismos ojos asustados. Somos los que hemos crecido viendo cómo caía el imperio y esta demolición ha formado siempre parte de nuestro espanto, por supuesto, pero también, extrañamente, de nuestra esperanza. Alfonso te mira, saca algo de su bolsillo que en realidad no necesita, no te mira, su voz es grave, lenta, notas que se alegra de que estés y que si fuera por él detendría el instante para disfrutarlo y descansar de la sensación de llegar tarde a todas partes. Juan te mira incisivo , siempre a los ojos, te dice algo y está pensando en lo siguiente, le parece bien estar contigo mientras sea un aliciente y nunca quietos. Que no pase nada es para él como si le mandara un Uber la muerte.Cuando dice lo del yogur, enseguida Alfonso y yo accedemos a que sea una cena, y Juan pasa al siguiente tema y creo que ni siquiera escucha a Alfonso sugiriendo que vayamos a Rafa. Yo sonrío porque me parece que pocos restaurantes reflejan tan bien tu nobleza, tu amabilidad, la plácida alegría de haberte conocido. Con Juan te quedas con ganas de escuchar a ver qué más dice; con Alfonso te quedas con ganas de escuchar mejor lo que ha dicho. Voy de ABC a Richelieu dando un paseo. Ya casi es mayo y han florecido rosas pletóricas y de todos los colores en los parterres de Madrid.