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ABC ·

El puerco y el porquero

Resumen

Tirar de la manta tiene dos ventajas: te alivia el horizonte penal y te convierte en un héroe a ojos de quienes quieren que la verdad resplandezca. Respeto la primera, pero impugno la segunda. Aldama dejó de ser un comisionista corrupto que se alió con ... políticos miserables para hacer caja y al final se convirtió en el ariete que hizo saltar las compuertas de la Tangentópolis sanchista.

Tirar de la manta tiene dos ventajas: te alivia el horizonte penal y te convierte en un héroe a ojos de quienes quieren que la verdad resplandezca. Respeto la primera, pero impugno la segunda. Aldama dejó de ser un comisionista corrupto que se alió con ... políticos miserables para hacer caja y al final se convirtió en el ariete que hizo saltar las compuertas de la Tangentópolis sanchista. Ya no se le recuerda por ser un chorizo, sino por su servicio a la acción de la justicia. El refrán dice que la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero, pero no dice que el porquero deje de serlo por decirla. Es posible que con Julito Martínez pase lo mismo. No pasará a la historia como el empresario que instrumentalizó su amistad con Zapatero para vivir a cuerpo de rey, sino como el arrepentido que le quitó la careta y le hizo aparecer ante el mundo como el maleante que tuvo engañado a medio mundo haciéndose pasar por un faro moral cuando en realidad era un pozo negro. Me alegro de que la impostura de ZP se haya venido abajo, pero me niego a considerar a Julito como un arrepentido. El arrepentimiento es un aldabonazo de la conciencia que provoca pesar por algo mal hecho. ¿Qué habría hecho Julito si no le hubieran pillado con las manos en la masa? Su primera reacción, cuando cayó sobre Zapatero el cañón de luz de la UCO, no fue de remordimiento. ¿Quién iba a pensar que investigarían a un expresidente del Gobierno?, dijo. Julito vivía bien al otro lado de la impunidad. En este otro lado no quiere pasar más tiempo del necesario en el trullo. Lo entiendo. Es humano. Pero no es heroico. Dicho esto, el porquero no debe ser el protagonista principal del enredo, sino la verdad que ha salido de su boca. Zapatero no se fue a contar nubes cuando abandonó La Moncloa. Se fue a contar billetes. A amasar fortunas. A traficar con influencias. A cobrar comisiones ilícitas. A enmascararlas con facturas falsas. Y lo que aún es peor: a abrir las sentinas de las instituciones para reclutar allí a sus cómplices necesarios. Ahora sabemos, gracias al porquero, que el puerco —el referente ético de la izquierda— se embolsó medio millón de euros por intermediar en el rescate de Plus Ultra, pero es evidente que su mediación no hubiera servido de nada si, en el otro extremo del organigrama, el Consejo de Ministros no hubiera dado el plácet a la operación. ¿Puede un ministro honrado quedarse cruzado de brazos cuando descubre que ha sido instrumentalizado para respaldar solidariamente una decisión fétida que ha servido para enriquecer a un golfo? ¿O puede seguir diciendo que aún confía en él después de que su testaferro le haya quitado el velo de santidad que enmascaraba sus vergüenzas? Pincho de tortilla y caña a que sí. Un ministro sí puede. Un ministro honrado, si quiere seguir siéndolo, no debe.