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El País ·

Peter Sloterdijk: “La paradoja de la vida es que todos pretendemos sobrevivir a nuestra propia falta de sentido”

Resumen

Todo empezó con los votantes de los nazis diciendo que estaban descontentos con lo que ocurría en el Reichstag, el Parlamento alemán. Siguió con la prensa popular clamando que aquello era una “caja de palabrería”. Y el resultado acabó siendo el acceso al poder de Adolf Hitler. A estos episodios recurre el gran filósofo alemán Peter Sloterdijk para explicar los paralelismos que se pueden establecer entre el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en los años treinta del pasado siglo y el de Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha alemán que la semana pasada dio el campanazo en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt.

Todo empezó con los votantes de los nazis diciendo que estaban descontentos con lo que ocurría en el Reichstag, el Parlamento alemán. Siguió con la prensa popular clamando que aquello era una “caja de palabrería”. Y el resultado acabó siendo el acceso al poder de Adolf Hitler. A estos episodios recurre el gran filósofo alemán Peter Sloterdijk para explicar los paralelismos que se pueden establecer entre el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en los años treinta del pasado siglo y el de Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha alemán que la semana pasada dio el campanazo en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. “La AfD, en cierto modo, es muy similar al NSDAP desde el punto de vista de esa supuesta inocuidad de sus comienzos”, dice acomodado en una butaca del hotel Eurostars Plaza Acueducto de Segovia, tras su participación en el Hay Festival de Segovia. En aquellos días, el NSDAP parecía ser un movimiento que combinaba a la perfección los principios del socialismo y el llamado “interés nacional”. Sloterdijk se revuelve en la butaca y le da un nuevo tiento al cruasán. El pensador alemán, un intelectual público de los que ya no quedan, siempre dispuesto a meterse en los charcos que haga falta, es uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo. Autor de una trilogía clave en la historia del pensamiento de finales del siglo XX, Esferas (que Siruela reeditará en breve), y de un libro, Crítica de la razón cínica, que en los años ochenta del pasado siglo revolucionó la forma de escribir los ensayos (maridando filosofía, poesía, antropología y lenguaje coloquial), se muestra muy prolífico ahora que está cerca de cumplir los 80 años (tiene 79). A la espera de que se termine de traducir su El continente sin atributos, ensayo en el que refleja cómo Europa ha perdido su horizonte político y espiritual, acaba de publicar en España Prometeo arrepentido (Siruela), donde traza la historia de la relación del hombre con el fuego desde los tiempos de la fascinación hasta los del planeta incendiado. Expreso en mano, Sloterdijk, ojos claros, mostacho cano, aborda la actualidad de su país. P. La AfD (Alternative für Deutschland) se ha quedado el pasado domingo al borde de la mayoría absoluta en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, ¿cómo explica usted que haya cosechado un resultado tan contundente? R. Sí, se habló de una victoria arrolladora. Pero, mirado con perspectiva, fue una pequeña avalancha en una región pequeña: hay 2,2 millones de habitantes en Sajonia-Anhalt. P. Según algunas encuestas realizadas el día de las elecciones, se estima que cerca de 170.000 personas que en 2021 se abstuvieron han votado ahora por la AfD. ¿Qué realidad sociológica subyace bajo este dato? R. Es el efecto de una movilización combinada con una nueva sensación, la de que ya no hay por qué avergonzarse de votar a AfD. Hasta hace uno o dos años esto no era así. Y esto también es un efecto secundario de esas obscenas encuestas que se hacen todas las semanas en Alemania. Las encuestas son como un campo de entrenamiento para la pérdida de vergüenza. La gente va viendo que la gente va a votar a la AfD y desaparece esa vergüenza que había, esa incomodidad. Y se crea un círculo vicioso, un efecto perverso que genera efectos todavía más perniciosos. Así que creo que estas son unas de las primeras elecciones en la historia alemana que, en muy alto grado, han estado impulsadas por los resultados de las encuestas. Es casi como si el fantasma del resultado virtual acabara convirtiéndose en realidad. P. Y esto puede volver a ocurrir, hay más elecciones por delante en Alemania… R. Puede volver a ocurrir. Por eso muchos periodistas y comentaristas en Alemania están alarmados. En un mundo convencional, uno diría: hay que olvidar lo de Sajonia-Anhalt, es completamente irrelevante en una población de 84 millones de personas. Pero este es el efecto de engrandecer pequeños fenómenos, ese es básicamente el problema del periodismo, desgraciadamente. P. El de la AfD es un fenómeno complejo. Es un partido conservador, nacionalista y muy duro con la inmigración. Se dice que es un partido de extrema derecha. Se supone que no es nazi, pero se le critica a veces por no ser crítico con el nazismo. En su opinión, ¿qué es la AfD? R. La AfD, en cierto modo, es muy similar al NSDAP desde el punto de vista de esa supuesta inocuidad de sus comienzos. Eso y la disposición de sus votantes a mantenerse fieles incluso si les conducen a la destrucción. Una vez entra en juego la cuestión de la identidad, el camino hacia la autodestrucción es mucho más corto. El núcleo del movimiento de AfD se puede rastrear remontándose, más o menos directamente, a posiciones posfascistas. Le haré una comparación con España: sería como si la gente del franquismo, o la gente del Opus Dei, fundara un partido político, el famoso león con piel de oveja, y le dijera a la gente que todos vivirían mucho mejor si ellos estuvieran en el poder. P. En su libro Ira y tiempo (2006) puso usted sobre la mesa el concepto de los bancos de la ira [concepto filosófico y psicopolítico en el que hay unos bancos receptores de la indignación colectiva que a cambio ofrecen una promesa de ilusión, de justicia futura]. ¿Actuó la AfD en estas elecciones como un buen banco de la ira? R. Supongo que la respuesta es que es una creación exitosa como banco de la ira. Pero que sea un buen banco es algo que habría que poner en duda, porque un buen banco paga buenos intereses. Y estoy casi seguro de que la gente que deposita su ira en la AfD perderá dinero, perderá la esperanza y perderá las ilusiones. Porque son malos banqueros. P. En su intervención del jueves por la noche en el Hay Festival habló usted de una peligrosa alianza entre la inteligencia artificial y la vaguería. R. Mi sensación es que estamos viendo una tendencia hacia la pereza. La IA genera frases completas que tienen sentido. Hace un par de años, los programas de inteligencia artificial todavía eran muy imperfectos, y lo que producían era una prosa sin sentido. Resultaba extremadamente divertido y, de algún modo, siempre suponía un halago para la inteligencia humana, porque, desde el punto de vista gramatical, nos creíamos muy superiores. P. Pero eso ha cambiado. R. Sí, ha cambiado y ahora la distancia entre la sorpresa y la humillación es muy corta. Ha ocurrido en solo dos años. P. ¿Diría que la IA nos humilla? R. Sí, ya está humillando al ser humano. P. ¿Y a dónde nos conduce esto como civilización? R. El resultado es una creciente sensación de inutilidad porque muchas de las cosas que considerábamos ocupaciones o trabajos propiamente humanos podrían ser fácilmente reemplazados por máquinas inteligentes. Y los seres humanos podrían sentirse cada vez más inútiles, al tiempo que se quedan sin trabajo. Tengo la impresión de que ya existe una dimensión profética en la extraordinariamente poderosa industria posmoderna de los videojuegos. Es como si hubieran anticipado la condición humana en una era de desempleo y de inutilidad. P. ¿En qué sentido? R. Tiene que haber algo para matar las horas vacías. Debería haber algo mejor para ello. Los videojuegos, el deporte y nuevas formas de obediencia no necesariamente tienen que ser religiones plenamente desarrolladas, pero sí analogías de una forma de vida religiosa. P. ¿Qué es lo más absurdo del modo de vida posmoderno? R. El principal fenómeno absurdo es que, por un lado, cada vez perdemos más oportunidades de encontrar sentido a la vida al tiempo que seguimos queriendo vivir más años. La paradoja fundamental de la vida moderna es que todos pretendemos sobrevivir a nuestra propia falta de sentido durante el mayor tiempo posible. El ser humano no debería aceptar volverse ridículo. Y la autoironía ya es una mala señal, porque significa que estás a punto de admitir que, al fin y al cabo, eres una persona ridícula. Ese largo camino hacia el ridículo es bastante inevitable porque la inteligencia artificial potencia la parodia. P. En su libro Qué sucedió en el siglo XX reflexionaba usted sobre la psique humana. ¿Qué ha aprendido usted, a lo largo de los años, sobre la psique humana? R. La psique es un fenómeno demasiado vasto para la comprensión humana. Lo único que creemos saber con certeza es que existe algo así como una psique. Es algo que no puede comprenderse con los medios que tenemos en nuestra pequeña embarcación mental. Los seres humanos somos, simple y llanamente, unos tripulantes más o menos desvalidos a bordo de un barco cargado de fuerzas irracionales. Pero mi impresión es que la mayoría de la gente, después de tantos años de charla psicoanalítica, está harta de los contenidos sobre el inconsciente. La profesión soñada de los jóvenes hoy es convertirse en creadores de contenido, también conocidos como influencers. Y los creadores de contenido no tienen ningún interés en los procesos inconscientes. No les interesan nada. Los creadores de contenido venden contenido, y el inconsciente es gratis. P. Prometeo, dice usted en su nuevo libro, se arrepentiría de haber regalado el fuego a los humanos viendo cómo la ambición de los hombres ha conducido al planeta a un incendio global. ¿Entiende usted que haya negacionistas del cambio climático? R. Lo entiendo perfectamente porque los seres humanos poseen esa extraordinaria capacidad que les ha permitido sobrevivir durante milenios: la capacidad de negar los hechos cuando no encajan realmente con su visión personal del mundo. P. Y en El continente sin atributos habla usted de Europa, que se enfrenta al resurgimiento de los imperios. ¿Qué debería hacer Europa en el nuevo escenario que se le presenta? R. Los europeos deben mantener la convicción de que ser una potencia media es suficiente. Y pensar que la época de las grandes potencias y sus esferas de influencia ha vuelto a cobrar actualidad, pero sigue siendo, pese a todo, una idea anticuada. Si el cristianismo ya no es el principal producto que podemos exportar, entonces será una especie de neoestoicismo. Moderación será el lema principal de esta escuela de sabiduría.