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Mucho más que aulas: cómo las universidades transforman las ciudades

Resumen

Infraestructuras Biblioteca del campus universitario de Cuenca. Hay un indicador que suele pasar desapercibido cuando se habla del desarrollo de una ciudad: la presión por conseguir una plaza universitaria. Cuanto mayor es esa demanda, mayor suele ser también la capacidad de la universidad para influir en el lugar donde se asienta. Las universidades nunca han sido únicamente edificios donde se imparten clases.

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Biblioteca del campus universitario de Cuenca.

Hay un indicador que suele pasar desapercibido cuando se habla del desarrollo de una ciudad: la presión por conseguir una plaza universitaria. Cuanto mayor es esa demanda, mayor suele ser también la capacidad de la universidad para influir en el lugar donde se asienta.

Las universidades nunca han sido únicamente edificios donde se imparten clases. Funcionan como pequeñas ciudades que necesitan calles, zonas de encuentro, bibliotecas, espacios deportivos, residencias, laboratorios, conexiones de transporte... Y también necesitan convivir con el entorno. Allí donde aparece un campus suelen llegar comercios, restauración y nuevas empresas, así como una población joven y cualificada que aporta actividad, talento y nuevas ideas. El transporte también gana peso y aumenta la demanda de viviendas. Y es que la universidad como motor de transformación urbana puede hacer que una zona gane centralidad y atraiga emprendimiento y empleo cualificado.

La vida universitaria acaba desbordando los límites del recinto académico. Basta con mirar la historia reciente de municipios como Salamanca, Granada, Alcalá de Henares o Barcelona para comprobar que buena parte de su identidad contemporánea sería difícil de explicar sin el peso de sus centros universitarios.

Hoy resulta difícil imaginar un campus pensado únicamente para asistir a clase. Las metodologías han cambiado, los estudiantes permanecen más horas en la universidad y el trabajo en grupo ha ido desplazando el modelo basado exclusivamente en las clases magistrales. Las bibliotecas siguen siendo imprescindibles, pero ahora conviven con espacios flexibles, zonas informales de estudio y lugares concebidos para favorecer un intercambio constante de conocimiento.

La orientación de los edificios, la ventilación natural, el aprovechamiento de la luz, la reutilización de recursos o la eficiencia energética forman ya parte de cualquier proyecto universitario con vocación de permanencia

En ese sentido, Francisco Domouso, Dr. arquitecto colegiado en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), explica que las aulas tradicionales no desaparecerán, pero dejarán de ser el centro exclusivo del aprendizaje y convivirán con espacios destinados al trabajo colaborativo, los laboratorios digitales, la experimentación y la innovación. “La enseñanza híbrida deberá seguir evolucionando para mejorar la experiencia del estudiante. Será necesario contar con una conectividad sólida, unas condiciones acústicas adecuadas y sistemas audiovisuales de calidad que garanticen una participación plena y simultánea, tanto de quienes se encuentran físicamente en el aula como de quienes acceden de forma remota”.

La transformación también responde a una exigencia decisiva: construir pensando en las próximas décadas. El cambio climático, el coste de la energía o la necesidad de reducir el consumo de materiales han dejado de ser cuestiones complementarias para convertirse en condiciones de partida. Precisamente por ello, “la orientación de los edificios, la ventilación natural, el aprovechamiento de la luz, la reutilización de recursos o la eficiencia energética forman ya parte de cualquier proyecto universitario con vocación de permanencia”, según afirman desde el negocio de Construcción de ACCIONA, que lleva décadas desarrollando infraestructuras educativas tanto en España como en otros países.

En un campus universitario se genera conocimiento y comunidad. ¿Qué elementos arquitectónicos son imprescindibles para favorecer esa vida universitaria? En opinión de Domouso, los campus deben ofrecer diferentes ambientes: desde zonas tranquilas para el estudio individual hasta espacios que favorezcan la colaboración, la convivencia, la conversación y el intercambio entre estudiantes, profesores y profesionales externos.

“La arquitectura debe propiciar el encuentro entre las personas. Para ello, resultan fundamentales unos recorridos claros, espacios intermedios, áreas de descanso y espacios exteriores que pueden llegar a desempeñar un papel tan importante en la vida universitaria como las propias aulas. En los buenos campus, estos lugares ya funcionan como auténticos espacios de aprendizaje e intercambio, y en el futuro tendrán todavía más protagonismo”, asegura el experto.

Recuerda, además, que los interiores de los edificios universitarios también deberían admitir distintas configuraciones y usos a lo largo del día. “Esto nos llevará a diseñar espacios modulares, incorporar mobiliario menos convencional y favorecer una integración más natural e interactiva de las tecnologías digitales”.

Y también subraya que el bienestar es un aspecto esencial que no hay que olvidar. “La luz natural, el confort acústico y térmico, la calidad del aire, la presencia de vegetación y la accesibilidad influyen directamente en la experiencia del estudiante y en su predisposición al aprendizaje. A ello se suma la sostenibilidad, que ya no puede entenderse como una opción, sino como una exigencia. Las nuevas generaciones valoran especialmente que los edificios reduzcan su impacto ambiental y minimicen su huella de carbono”, indica Domouso.

En ese escenario trabajan compañías como ACCIONA, cuya trayectoria incluye proyectos en universidades españolas, como la Universidad Autónoma de Barcelona o la Universidad de La Laguna; y mexicanas, como la Universidad de Cuajimalpa, entre otras. “Ya en el año 2013 finalizábamos una primera parte del proyecto de renovación del Campus de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa (México), y ahí ya se tuvo en cuenta la necesidad de abrir espacios de convivencia interdisciplinar con el diseño de amplios pasillos, pasarelas de conexión entre zonas, la construcción de un ágora y la habilitación de una zona recreativa para la práctica de diversos deportes”, explican fuentes del negocio de Construcción de ACCIONA.

Tipo de contrato: Diseño, construcción, suministro de equipos, financiación, mantenimiento y operación de ACCIONA durante 20 años.

Infraestructuras: Los cuatro edificios tienen una superficie de 3.920 m2 cada uno. Se incorpora una cafetería, biblioteca, centro de salud, laboratorios, salas de cálculo y audiovisuales, y áreas deportivas. El campus tiene capacidad para más de 5.000 estudiantes.

Tipo contrato: Diseño y construcción.

Infraestructura: 44.000 m2 de construcción, 65 aulas con capacidad para 1.200 alumnos, 88 despachos para personal académico, 14 laboratorios de investigación y varios espacios multiusos.

Destaca la construcción de una planta de tratamiento de agua, áreas verdes en la cubierta y celdas fotovoltaicas para iluminar el exterior. Su diseño también está orientado a aprovechar la luz y ventilación natural mediante patios interiores y puentes acristalados.

Tipo de construcción: Rehabilitación y ampliación.

Infraestructura: Rehabilitación parcial del antiguo cuartel Roger de Llúria y construcción de seis aulas en el campus de la Pompeu Fabra. Las características principales de las aulas son su escalonamiento, para proporcionar una mayor visibilidad de los alumnos.

El proyecto completó parte de las obras iniciadas en una fase anterior e incorporó nuevos espacios docentes, así como zonas de conexión entre los edificios histórico y de nueva planta.

Tipo de contrato: Construcción.

Infraestructura: Campus de Guajara, San Cristóbal de La Laguna (Tenerife).

El nuevo edificio incluye aulas, talleres especializados, laboratorios, despachos, salas de reuniones, espacios para realizar exposiciones y zonas comunes concebidas para la creación e interacción artística. También recibió diversos reconocimientos internacionales por su calidad arquitectónica.

Tipo de construcción: Obra nueva.

Infraestructura: Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

Se trata de un edificio de nueva planta que tiene niveles escalonados, una fachada de ladrillo visto y una cubierta de teja cerámica plana.

La sede actual de la Facultad de Bellas Artes de la UCLM (Edificio Antonio Saura) se construyó en la década de los noventa.

Tipo de contrato: Construcción.

Infraestructuras: Tres módulos (A, B y C) destinados a aulas, despachos, salas de reuniones y laboratorios en la Escuela Politécnica del campus de Cuenca.

La actuación se enmarca en la expansión de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) durante las décadas de 1990 y 2000 con la construcción de nuevos edificios para responder al crecimiento de estudiantes y titulaciones.

 

El cambio no se queda en las aulas. La propia vida universitaria se ha ido trasladando a otros espacios y las residencias de estudiantes son un buen ejemplo. Ya no se trata solo de tener un lugar donde dormir cerca del campus, sino de contar con espacios en los que estudiar, relacionarse y, en definitiva, hacer vida.

“Pocas tipologías inmobiliarias han evolucionado tanto en la última década como las residencias de estudiantes, donde el valor ya no está solo en el edificio, sino en la experiencia que se vive dentro. Por eso las tendencias de los próximos años giran en torno a los servicios de valor añadido y las amenities, desde zonas de coworking y gimnasios hasta espacios de ocio y terrazas comunes, junto a una programación activa de eventos y actividades que fomenta la convivencia y el bienestar físico y emocional del residente. Son factores tan decisivos como la propia ubicación a la hora de elegir alojamiento”, indica Mónica Rodríguez Ramón, directora de Inmobiliaria de ACCIONA, compañía que ha vivido esa transformación de primera mano, tanto en el desarrollo como en la gestión de más de 1.600 camas. De hecho, a través de su división Inmobiliaria, la compañía desarrolló y gestionó cinco residencias universitarias en Albacete, Cádiz, Castellón, Lleida y Murcia.

La arquitectura debe propiciar el encuentro entre las personas. Para ello, resultan fundamentales en los campus universitarios unos recorridos claros, espacios intermedios, áreas de descanso y espacios exteriores

La experta añade que el futuro del sector pasa por profundizar en esta lógica de experiencia: digitalización, personalización de la oferta, diseño flexible capaz de adaptarse a nuevas formas de estudiar y convivir, así como una apuesta firme por la sostenibilidad.

Lo cierto es que los campus universitarios no son solo un conjunto de edificios con aulas: se han convertido en espacios que transforman ciudades y barrios, evolucionan con las nuevas formas de aprender y responden a desafíos como la sostenibilidad, la eficiencia energética o la flexibilidad de sus instalaciones.

ACCIONA también ha participado en algunos de los proyectos más emblemáticos del patrimonio español. La antigua Entrecanales y Távora (actual ACCIONA), dejó su sello en dos espacios muy distintos, pero unidos por su valor histórico.

En Gijón participó en la construcción de la Universidad Laboral, un coloso de 270.000 metros cuadrados levantado entre finales de los años 40 y mediados de los 50 que pasó de acoger a huérfanos de la minería a convertirse en un gran complejo cultural y educativo.

Entrecanales y Távora ejecutó gran parte de las obras entre 1948 y 1957, diseñadas por el arquitecto Luis Moya Blanco.

En la Universidad de Alcalá de Henares, fundada en 1499 por el Cardenal Cisneros, su intervención llegó décadas después, durante la recuperación de un campus con siglos de historia. La empresa colaboró en la rehabilitación de edificios emblemáticos y en la creación de nuevos espacios académicos, ayudando a que el legado arquitectónico conviviera con las necesidades de una universidad plenamente actual.

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